El día que murió el silencio; ¿Qué sí es una radio comunitaria?

“Pero, don Oscar, estamos tan alejados del mundo (…) tan aislados que no sabemos qué pasa en la capital (…) cada vez que hay elecciones nos prometen cielo y tierra y luego se olvidan. Cuando uno quiere algo tiene que luchar para conseguirlo y no importa cómo.”. Tales palabras serían pronunciadas desde el ronco pecho de José, un joven campesino, trabajador y soñador, a Oscar, un serio escritor al respecto a la estación radiofónica Radio Nobleza recién instalada en Villaserena, un ficticio pero común poblado rural boliviano.

En palabras –aunque de dientes hacia afuera– de Abelardo, el bigotudo locutor de la nueva “radio comunitaria”, Radio Nobleza traería a Villaserena información que “le daría el progreso” gracias a la intercomunicación de sus habitantes quienes serían partícipes y le darían forma. Esto, en el filme El día que murió el silencio, de Paolo Agazzi.

En palabras de López Vigil: “Cuando una radio promueve la participación de los ciudadanos y defiende sus intereses; cuando responde a los gustos de la mayoría y hace del buen humor y la esperanza su primera propuesta; cuando informa verazmente; cuando ayuda a resolver los mil y un problemas de la vida cotidiana; cuando en sus programas se debaten todas las ideas y se respetan todas las opiniones; cuando se estimula la diversidad cultural y no la homogenización mercantil; cuando la mujer protagoniza la comunicación y no es una simple voz decorativa o un reclamo publicitario; cuando no se tolera ninguna dictadura, ni siquiera la musical impuesta por las disqueras; cuando la palabra de todos vuela sin discriminaciones ni censuras, ésa es una radio comunitaria”.

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¿Qué sí es una radio comunitaria?

En todo México existen estas radios que, como afirma López Vigil, se han dedicado a promover la participación e información ciudadana, denunciar el despojo y las ilegalidades, difundir asesoría legal, fomentar la igualdad de género y la identidad de la comunidad de la que son parte y producto. Once radiodifusoras pertenecientes al Tercer Sector de la Comunicación –medios libres y comunitarios– están registradas en Asociación Mundial de Radios Comunitarias (AMARC), México, sin embargo, se especula que podrían ser miles, entre ellas, La Voladora Radio en Amecameca, Radio Diversidad en Veracruz, Radio Totopo en Oaxaca, Radio Insurgente en Chiapas y Radio Zapote en la Ciudad de México. Cada una transmitiendo en la medida de sus posibilidades –a veces sin contar con la infraestructura básica– y tratando de cubrir las necesidades de sus poblados de origen.

Lamentablemente, estas radios son susceptibles de ser violentadas debido a su naturaleza independiente y contra-hegemónica. Por mencionar un ejemplo, en 2008 fueron asesinadas en una emboscada Teresa Bautista y Felicitas Martínez, locutoras de Radio Triqui La Voz que rompe el silencio, cuando se dirigían a Oaxaca de Juárez a participar en una mesa sobre medios comunitarios en el Encuentro Estatal por la Defensa de los Pueblos de Oaxaca (CIMAC, 2008) en pleno conflicto por el desplazamiento triqui.

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Por si fuera poco, estos medios no sólo son vulnerables ante grupos armados, sino también ante el aparato legal: aunque el artículo 28 de la Ley Telecom sostiene que el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL) tiene que darle concesiones a estas radiodifusoras la ley secundaria aprobada en 2014 instauró requisitos que, dadas las condiciones en que éstas nacen, difícilmente se pueden acreditar. Entre ellas, la comprobación de solvencia económica mediante cuentas bancarias, tener un corto alcance de difusión (4 km), obtener una Carta Programática de la Secretaría de Gobernación, entre otros.

Aún así, haciendo más fuerte y evidente su naturaleza de resistencias, las radios comunitarias se esfuerzan por no desaparecer, enfrentándose a ambientes hostiles en su propia tierra y leyes que deberían de respetar la libre expresión plasmada en el artículo 7 de la Constitución Mexicana.

Volviendo a El día en que murió el silencio, si el bigotudo locutor hubiera tenido claras intenciones de impulsar a Villaserena mediante la libre información y no únicamente generar dinero para sí; hubiera tenido el apoyo de la misma comunidad, su radio no hubiera sido desmantelada, ni él habría perdido la voz. Esto, por supuesto, en el ambiente tragicómico que el filme mantiene todo el tiempo. Ahora bien, sólo él sabe con qué intenciones instalaría la nueva radio al final del filme, cuando recupera la voz después de haber sido silenciada. Tal vez si estuviera en México, otra cosa hubiera sido. Todo queda a juicio del espectador.

Por: Laura Arreola

Fotos: Revolución 3.0 y Culturex