“No me llores, no, no me llores no;

porque si lloras yo peno,

en cambio si tú me cantas, mi vida,

yo siempre vivo, yo nunca muero…” -.Henestrosa, La Martiniana

Si bien es sabido que Oaxaca es un estado con tradición de protesta, no es necesario adentrarse a la serranía para encontrar un pueblo que clama por justicia y paz.

Desde la entrada a Oaxaca de Juárez por la carretera Federal 150 es notorio el papel de perpetuo testigo y protestante que ejercen las paredes y las plazas de la ciudad.

Era 12 de diciembre y mientras a la ciudad de México llegaban miles de peregrinos de todo rincón del país yo me dirigía con la noche a Oaxaca, estado famoso por su gastronomía, sus telas, su bella arquitectura, pero también por el alto índice de pobreza, rezago educativo, deficiente sistema de salud y de migración (Coneval, 2012).

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No obstante, el estado sureño es también reconocido por el ánimo combativo de sus habitantes, quienes han protagonizado más de un notable movimiento social, los cuales han tenido, si no eco, sí la atención del todo el país y de medios internacionales. Ejemplos sobran: Desde la participación de oaxaqueños en el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en 1994, pasando por el Conflicto Magisterial del 2006, el actual conflicto de desplazados triquis de San Juan Copala y la suma de las voces de los habitantes en petición de justicia por la desaparición de los 43 normalistas de la Escuela Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.

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Aunque apenas el sol comenzaba a iluminar los rincones del lugar en la punta del guaje, me fue suficiente para caer en cuenta que Oaxaca no necesita de gritos ni puños levantados para hacer notar su voz de inconformidad con la realidad estatal y nacional.

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“El plomo de la mentira cae, hirviendo sobre el cuerpo del pueblo perseguido”, reza una manta evocando al poema de Efraín Huerta, colocada al frente de la División de Humanidades de la Universidad Autónoma Benito Juárez. No es la única sentencia. Los muros, ya sea con mantas o aerosol, exigen la renuncia del presidente Enrique Peña Nieto, hacen alusión a los peligros a los que desde hace medio siglo se encuentra el estudiante, descalifican a la primera dama y piden la aparición de los normalistas guerrerenses.

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La ciudad también clama mediante el arte, intramuros o en las calles

En el patio posterior del Museo de Arte Contemporáneo el artista Manuel Rocha Iturbide ofrece una exposición visual y sonora, cuyas piezas son comales de barro, pequeños anafres y el viento que pasa por el orificio de estos últimos creando un tenue eco. El comal de barro representa lo originario, pero que por el eco no se olvida, lo que se enfrenta a la realidad: la realidad de Oaxaca frente a sí misma en todo momento. Por otro lado, Francisco Toledo, otro reconocido artista, voló el pasado 15 de diciembre papalotes con los rostros de los 43 normalistas desaparecidos frente al Instituto de Artes Gráficas de la ciudad.

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Aún si el segundo recuerda a las prácticas situacionistas de los años 70´s por el compromiso político del arte que interviene el espacio público, mientras que el primero se apega más a los cánones de exhibición dentro del espacio establecido para dicho fin (museo) ambas muestras de protesta toman sus raíces y están destinadas, a la vez, al espectador oaxaqueño desde lo que prevalece hasta lo que parece irse, con el viento que produce su canto bajo el comal y que vuela los papalotes exigiendo una respuesta ante la realidad.

Ya sea plasmadas con aerosol en los edificios, en mantas colgadas de cualquier punto en el que puedan sostenerse, dentro de las diversas casas de arte y cultura, como rostros que se buscan por los cielos o con uno o multitud de gritos, durante y después de mi estancia me vi superada: los mismos habitantes han logrado que la ciudad sea un manifestante más; un ente que protesta por lo que sus muros y su gente han testificado año con año: corrupción, muerte, humo y llanto, pero también una genuina lucha y esperanza que como viva llama con el viento que pretende apagarla sólo se aviva más.

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Por Laura Arreola

Fotos: Oaxaca 3.0

Fuentes:

-Henesterosa A. La Martiniana (canción popular)