Por Teolinca Velázquez

La gestión integral del riesgo, por sus siglas GIRD, se vincula con  la independencia del ciudadano al educarlo a reducir, tanto la ocurrencia de un desastre, como las pérdidas humanas y económicas en caso de que éste suceda, le enseña a decirle a papá gobierno “ya sé lo que tengo que hacer”. Todo esto porque la visión paternalista del gobierno mexicano concibe al ciudadano como inútil para responder a un desastre, en cambio la GIRD concibe al ciudadano como un individuo pensante y capaz de reaccionar asertivamente sin entrar en el caos, que no necesita a un papá gobierno, sino a un gobierno que trabaje en conjunto con su población por un mismo objetivo. Este nuevo pensamiento es en México el heredero del sismo del 85 en la Ciudad de México, cuando su población demostró ser capaz de responder ante un desastre sin el apoyo de las confundidas autoridades.

homenaje-30-an%cc%83os-del-sismo

Foto: 1985, Secretaría de Cultura

La preocupación por los desastres se dio desde inicios de 1990, no solamente en la Ciudad de México con el sismo de 1985, sino que a nivel mundial aumentó la ocurrencia de desastres. La  Ley General de Protección Civil define así la gestión integral del riesgo de desastres: “El conjunto de acciones encaminadas a la identificación, análisis, evaluación, control y reducción de los riesgos, considerándolos por su origen multifactorial y en un proceso permanente de construcción, que involucra a los tres niveles de gobierno, así como a los sectores de la sociedad”.

La GIRD, tiene como primer objetivo el  preparar a la sociedad para reducir el riesgo, lo cual implica adoptar nuevos comportamientos en la vida diaria, de tal manera que se reduzcan las consecuencias de un desastre.  Obligatoriamente, esto implica un cambio de pensamiento pues al hacernos conscientes de cómo nuestra actividad diaria aumenta o reduce las consecuencias de un desastre, nos ponemos a pensar también en sus características.

Hasta hace poco –y todavía en algunas regiones del mundo– el desastre se concebía como un acto de la naturaleza, un castigo de dios ante el cual el hombre no puede hacer gran cosa sino esperar a que el gobierno le diga qué hacer. Por ejemplo, Malala Yousafzai relata cómo el terremoto de Cachemira en 2005 permitió la introducción del Talibán en Pakistán, debido a que la población estaba tan consternada por las consecuencias del desastre que lo concebían como un castigo de dios por no haber seguido correctamente los mandamientos del Corán;  sin embargo la GIRD propone que los ciudadanos no tienen un papel pasivo, sino activo antes, durante y después del desastre, es decir que conozcan aquellas actitudes que provocan el aumento del riesgo del desastre: desde tirar basura en la calle, hasta la adquisición de propiedades en laderas; durante el desastre, que sepan cómo resguardarse o a dónde acudir a tiempo; y después del desastre, que conozcan la resiliencia, un término muy de moda, que tiene que ver con la capacidad de los individuos y las sociedades para reconstruirse.

terremoto_19_septiembre_1985_ciudad_de_mexico_omar_torres_160

Foto: Omar Torres

Como segundo objetivo está el mejorar la participación del gobierno, tanto en la difusión de la cultura de protección civil, como en la creación de políticas de gestión del desastre. El gobierno tiene tres tareas: la primera es promover el conocimiento necesario para que toda su población conozca la GIRD; la segunda es la creación de leyes para que la gestión del riesgo se convierta en un deber para todo aquél que se encuentre en suelo mexicano, y la tercera es vigilar el cumplimiento de estas leyes.

Sin embargo, el gobierno mexicano es un gobierno paternalista y entre sus primeros legitimadores están los desastres, que por cierto ocurren con mucha frecuencia en la diversidad del territorio mexicano, pues papá gobierno es tan bueno que nos dice qué hacer en momentos de caos y nos regala despensas, ¿qué haríamos sin él? Esta interacción gobierno-gobernados funcionó hasta que en 1985 el desastre superó la capacidad de las autoridades. Pero este gobierno paternalista ha pactado internacionalmente otorgar una de las llaves de la independencia a su población, mediante la firma de los Marcos de Hyogo en 2005 y Sendai en 2015 el gobierno mexicano se ha comprometido a introducir la GIRD en la población de mexicana.

1332381585_412476_1332384522_noticia_normal

Foto: Edificio Nuevo León, Tlatelolco, 19 de septiembre © Marco Antonio Cruz

Evidentemente la construcción de la cultura de prevención ha mejorado en los últimos años, una muestra de ello es el Técnico Básico en Gestión Integral del Riesgo, el primer programa educativo a distancia que ya cuenta con casi 17,000 alumnos; sin embargo, a dos años de su arranque –19 de Septiembre del 2014– no se ha emprendido otro proyecto de la misma magnitud, dejando el conocimiento introductorio del Técnico Básico sin continuidad. Existen otros cursos impartidos por instituciones pertenecientes al Sistema Nacional de Protección Civil, los cuales, aunque son indispensables, también me parecen meramente introductorios; solamente se nos da una probadita sobre la gestión del riesgo sin llegar a expandir el conocimiento del tema y la práctica del mismo. No estoy diciendo que no exista difusión de la GIRD, más bien digo que no es suficiente porque en este país la gestión del riesgo es tan importante como la alfabetización, ambas son herramientas que liberan a los individuos en las cuales debemos ahondar.

El primer paso para enriquecer nuestra cultura de protección civil y prevención de desastres es comenzar por mostrar interés como ciudadanos de tal manera que cuando los cursos introductorios ya no satisfagan nuestra necesidad de conocimiento, las autoridades correspondientes se vean obligadas a expandir su oferta educativa. Por otro lado y lo más importante es, que así como cuando enseñamos a leer y a escribir a nuestros pequeños, sea de igual manera con lo relativo a la gestión del riesgo y la prevención, difundir entre nosotros todo lo que vayamos adquiriendo y así se magnifique la consciencia respecto al papel que tenemos frente a los desastres.