Recuerdo cuando mi papá me dijo un día: “Cómo crees que te vas a dedicar a la música, hijo. Luego veo que andan los pobres señores ahí en el metro tocando, tratando de ganarse unas monedas, o en busca de tocadas para poder aguantar la semana…” No sé si algunos de los que están leyendo esto se hayan sentido identificados con  este famoso cliché del músico

Por Jairo Manzanares

¿Se acuerdan de la película El Pianista, de Roman Polanski? Wladyslaw Szpilman (interpretado por el magnánimo Adrien Brody) es un músico polaco de origen judío que trabaja en la radio de Varsovia en tiempos de la Segunda Guerra Mundial. Maestro del piano, podía vivir de lo que amaba más: la música. Si nos movemos unas tantas décadas adelante, el glam rock nos deja un sabor de boca a botellas de champagne y caras limusinas. Toda una fantasía materialista.

Antes de que existieran las grabaciones y formatos de audio de cualquier tipo, los músicos interpretaban únicamente en vivo y esa era la única manera en que los podías escuchar, como el cuarteto del Titanic que se hundió en el Atlántico, tocando. Y gracias a las invenciones tecnológicas, ahora podemos recrear nuestra propia versión de Bear Grylls, perdernos en cualquier punto de la tierra y mientras tengas un reproductor mp3 escucharemos música donde quiera que estemos. ¡Un hurra por los ingenieros!

Ser músico nace de querer expresar y hacer sentir algo a tu audiencia, pero de cualquier manera, y aunque queramos ser lo más humanistas posibles, no podemos olvidar que actualmente la música es negocio global y una de las industrias más poderosas que genera millones de dólares. Eso significa que la gente ha adoptado este modus vivendi de interpretar melodías no sólo por gusto, sino para llevarse “el pan a la mesa”.

Afortunadamente, para ti que te tocó vivir en esta era, existen muchas maneras en que puedes explotar tu potencial creativo y darte a conocer, llegar a más y más oídos. Cada vez hay estudios de grabación más accesibles y plataformas en que puedes poner tu música: YouTube, Soundcloud, Mixcloud, Spotify, Deezer, incluso Facebook se presta para ello.

Con todo este negocio de música digital, obviamente no se puede prescindir de un punto importante, que es la descarga ilegal de música y la piratería. Es casi como robarle la cartera a tus artistas; y sí, no es nada ético y además es ilegal. Pero… piensa esto, si no fuera por la piratería y esas miles de canciones que descarga la gente, muchas bandas y muchos músicos no serían conocidos.

Los Románticos de Zacatecas, por ejemplo, admiten que las redes sociales y las páginas de descarga gratuita de música, como Taringa o The Pirate Bay, ayudan a las bandas emergentes a darse a conocer porque es una nueva manera de mover su trabajo. Incluso Tom Delonge, guitarrista de Blink 182, en una entrevista que dio cuando vinieron a México en el 2004, admite: “Eso apesta, ¿sabes? Que la gente no compre tus discos… digo, entiendo porqué los chicos lo hacen; es muy fácil y ellos no tienen dinero, pero apesta para las bandas porque ellos intentan llegar a algún lado… pero al mismo tiempo, creo que mucha gente te conoce de este modo y siempre que vayan a tus conciertos es un buen negocio.”

Creo que el modo más humilde para un músico de ganarse la vida es ofreciendo un gran espectáculo. No se trata de vender tantas miles de copias de tu álbum y ganarte los discos de oro y platino de tu disquera, sino ofrecer al público un gran show con el que se sientan satisfechos, y así, ellos seguirán asistiendo y consumiendo tu evento.