Por Andrés Emiliano Sierra Martínez

En México y en el mundo se atraviesa un momento de suma relevancia histórica, pues nos encontramos frente a los riesgos de una crisis económica, ecológica y humanitaria que se ha fraguado en los últimos años. Las dimensiones de esta crisis y sus implicaciones vuelven urgente la toma de decisiones, y también agudizan la lucha por el control de recursos estratégicos en diferentes territorios del planeta. Sin embargo, más que describir las características generales de la situación mencionada, en estas líneas nos enfocaremos en observar su manifestación en una situación particular, partiendo de la premisa de que las problemáticas sociales de nuestro país sólo pueden ser comprendidas si se toma en cuenta la disputa de diferentes actores por las riquezas y recursos naturales que se encuentran en el territorio nacional.

Diferentes generaciones de nuestro país han visto cómo los recursos materiales se convierten en objeto de lucha, ambición y pillaje. Esto ha generado dinámicas de control, represión y desigualdad que se mantienen a lo largo de los años. En esta ocasión el recurso preciado parece ser el petróleo, que sigue siendo la principal fuente de energía a nivel mundial, por lo que el control de sus yacimientos en México es particularmente importante para la acumulación de ganancias económicas. Esto se presenta incluso en medio de la caída de los precios del hidrocarburo que se ha registrado desde 2014.

En el país el evento reciente más importante con relación a este recurso es la Reforma Energética del 2013. Esta reforma significó cambios fundamentales en la Constitución, permitiendo la entrada del capital privado para la exploración y explotación del petróleo en México. Desde entonces, todo el  proceso de transformación de la  industria petrolera en el país ha tenido como uno de sus protagonistas a la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Esta institución ha organizado ya las rondas de licitaciones, utilizando la forma clásica de la subasta, para la concesión sobre territorios de exploración o explotación de sus recursos en manos de los privados.

Ahora bien, es importante tomar en cuenta dos eventos recientes asociados a las rondas de licitaciones de la CNH. El primero es el interés de grandes corporaciones petroleras (ExxonMobil, Shell, Chevron, British Petroleum) por participar en las licitaciones y ganar acceso a los yacimientos petroleros mexicanos por medio de concesiones y asociaciones con Pemex. El segundo es una solicitud de Pemex a su sindicato, el Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (SNTPRM), que tiene como titular al senador priista Carlos Romero Deschamps. En efecto, en las últimas semanas Pemex solicitó al SNTPRM desalojar a miles de trabajadores sindicalizados de las zonas de extracción y exploración que ya han sido otorgadas al capital privado en las subastas.

En medio de este escenario, a continuación se hace un reconocimiento de quiénes son los actores que entran y salen en la industria petrolera nacional, quiénes son los que se quedan y quiénes los que se van. Todo esto con el propósito de tener mejores elementos para un análisis de la situación que atravesamos actualmente, así como de las posibilidades de acción y opciones alternativas que se pueden vislumbrar actualmente.

¿Quién entra?

El poder, pillaje y corrupción de las corporaciones transnacionales dedicadas a la explotación de hidrocarburos. Las compañías petroleras más poderosas del mundo regresan a México a explotar los yacimientos de un recurso fundamental para el funcionamiento del sistema económico a nivel mundial. Entra con ellas la protección de gobiernos extranjeros para los que extraen recursos sin importar el daño ecológico y social que generen en sus actividades. Entra el imperialismo ecológico, entra la distribución internacional de trabajo que vuelve de México y América Latina el reservorio de recursos naturales de las potencias económicas mundiales.

¿Quién sale? 

Se van de los territorios los derechos de las comunidades locales y los derechos de los trabajadores. Con todo y el charrismo sindical del STPRM, que tanto había mermado los derechos laborales de los trabajadores petroleros, el retiro completo de los trabajadores sindicalizados de los territorios repartidos implica la entrada de nuevas condiciones de trabajo para los que realicen las mismas actividades en el sector privado, muy probablemente sin contrato colectivo de trabajo y en una situación de precarización laboral. También salen los derechos de las comunidades a proteger sus recursos, pues se convierte en prioridad nacional y de interés público la extracción del petróleo, lo saque quien lo saque.

¿Quién se queda?

Se queda la extracción permanente de petróleo como palanca para el desarrollo del país. La misma dinámica de generación de riquezas que impulsaba las actividades de Pemex por encima de la defensa de la tierra y el agua para otras actividades vinculadas al sustento de algunas comunidades locales. La renta petrolera deja de ser enteramente patrimonio de la nación, pues se reparte entre los diferentes inversionistas, pero sigue siendo un botín para los capitalistas nacionales y extranjeros. El impulso extractivista sigue, pero con la lógica de una carrera de relevos. Se queda la explotación capitalista de los recursos naturales para generar ganancias económicas, y quema de combustibles fósiles como elemento fundamental de generación de Gases de Efecto Invernadero, con las serias afectaciones que esto conlleva para el medio ambiente planetario.

¿Quién se va?

Se va el nacionalismo en la utilización de los recursos naturales y la planificación para el crecimiento económico. Por medio de la reforma constitucional y las gestiones de la CNH se ha dejado fuera a la nación en la propiedad real de los recursos naturales (aunque la corrupción que envolvía a Pemex realizó esto paulatinamente desde hace muchos años). Se va el enfrentamiento con las potencias imperialistas que implica defender los intereses nacionales en materia petrolera. Se va la retórica nacional-desarrollista pero se deja la puerta abierta para que otra vez pensemos en relevos, pues a través de la lucha de diferentes actores involucrados en la defensa de sus territorios, se piensan con nuevos términos el desarrollo y la nación misma.