La cría de animales para la comida genera más gases de efecto invernadero que todos los coches del mundo. Disminuir el consumo de carne se traduciría en menos contaminación

Por Fátima Cardiel

Me llamo Fátima, soy estudiante de ingeniería ambiental, soy vegetariana y este pequeño artículo es parte de mi historia.

Desde mi perspectiva, una de las pregunta cliché a los vegetarianos es: ¿Por qué lo eres? En mi caso diría que es algo sencillo, pero sería mera falacia. En mi universo de creencias y conocimiento, una de las ideas que más tengo presente es el hecho de que somos energía, estamos compuestos por elementos que han conformado a la Tierra y al universo desde el inicio de los tiempos, no somos ajenos a lo que nos rodea, ergo, estamos conectados con el todo. En esta misma conexión, estamos dotados con la capacidad de expresar nuestra dimensión emocional a través de nuestro cuerpo. El comer la carne de un animal que ha sido sometido a un proceso de estrés, sufrimiento y agonía tan fuerte, significa que toda esa energía negativa se queda impregnada en el ser de, por ejemplo, una res, que posteriormente es consumida por otro animal, el humano. Esa es parte de la razón por la que no consumo carne, por otra parte, y como buena ambientalista, está la parte de la gran repercusión que tiene la industria de la carne sobre el ambiente.

De acuerdo a investigaciones de la iniciativa de la FAO Livestock, Environment and Development Initiative (LEAD), la producción ganadera representa el 18 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, el 37 por ciento de las emisiones de gas metano y el 9 por ciento de dióxido de carbono. En el reporte del año 2006, la ONU dijo que la cría de animales para la comida genera más gases de efecto invernadero que todos los coches y camiones en el mundo combinado.(1)

También, investigadores del LEAD encontraron que la industria ganadera consume los suministros de agua dulce, destruye los bosques y praderas, y provoca la erosión del suelo; mientras que la contaminación y el uso de fertilizantes y desechos animales crean partes muertas en las zonas costeras y sofocan los arrecifes de coral. Además, el ganado representa el 50 por ciento del uso de antibióticos a nivel mundial, y al consumir su carne, puede degenerar en la resistencia a los antibióticos.

Por otra parte, el Environmental Working Group, quien realizó un análisis del ciclo completo de cada tipo de carne, clasificó a la carne de cordero como la peor en términos de emisiones de gases de efecto invernadero. La carne de res quedó en segundo lugar, el queso (el cual no es técnicamente carne) en tercer lugar, seguido de la carne de cerdo. El pollo y el pescado tienen bajos efectos de emisión de gases invernadero, sin embargo, el problema con el pollo es que para satisfacer la demanda de la sociedad, se ha incrementado el uso de hormonas en su crianza; lo cual puede terminar en una intoxicación. Además, volviendo al uso el excesivo de antibióticos en granjas, esto está creando una generación de superbacterias resistentes al tratamiento de casi todo el arsenal de fármacos que se tienen hasta ahora y que están presentes en un 80% del pollo crudo a la venta, con riesgo de ser transferidas a los humanos y provocar enfermedades severas.

Además, la industria ganadera genera el 64 por ciento del amoniaco, que contribuye de manera significativa a la lluvia ácida, y el 65 por ciento de óxido nitroso, que tiene 300 veces el Potencial de Calentamiento Global (GWP) de CO2.

Un cambio en la dieta puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La tasa de rotación de la mayoría de los animales de granja rumiantes es uno o dos años, lo que significa que la disminución en el consumo de carne se traduciría en una caída casi inmediata en las emisiones de metano. La tasa de rotación de los automóviles y plantas de energía, por el contrario, pueden ser décadas.

Del mismo modo, a diferencia de dióxido de carbono –que puede permanecer en el aire durante más de un siglo–, los ciclos de metano de la atmósfera desaparecen en sólo ocho años. Por lo tanto, las emisiones de metano más bajas se traducen en el  enfriamiento de la tierra. Por otra parte, un vegetariano consume indirectamente cerca de 2,271 litros de agua menos por día, que una persona que tiene una ingesta promedio de carne. Al elegir una dieta vegetariana en lugar de uno cargado con productos de origen animal, las personas pueden reducir drásticamente la cantidad de tierra, agua y recursos de petróleo que consumen y la cantidad de contaminación que de otro modo causan.

Después de una pizca de caos, viene lo suculento de la buena nueva. ¡Sigo viva y sin comer carne! Porque después de todo, tus papilas gustativas pueden encontrar un nirvana en todo ese tipo de comida. Pero antes de pasar a los tips y al antojo, quisiera dejar clara la importancia de la ingesta diaria de proteínas.

Las proteínas son macromoléculas complejas que desempeñan múltiples funciones de importancia crucial, como formar el citoesqueleto y mantener la forma e integridad física de las células. (Levitov etl al., 2013). Al igual que una estructura, nuestras proteínas son parte de los bloques que nos conforman. Las proteínas están sujetas a cambios físicos y funcionales que reflejan el ciclo de vida de los organismos en los cuales residen, por lo que estar consumiendo constantemente sustancias ajenas al organismo puede llegar a repercutir en la misma estructura de las proteínas, alterando así a todo un cuerpo.

A su vez, las proteínas están compuestas por los señores aminoácidos, y aquellos que se consideran esenciales son: valina, leucina, isoleucina, treonina, metionina, arginina, lisina, histidina, fenilalanina y triptófano. Nuestro cuerpo necesita cada día una cantidad de proteínas para cubrir las numerosas funciones que estos nutrientes llevan a cabo.

A pesar de que algunos de los principales aportadores de éstos son las carnes, también existen semillas que pueden  cubrir esa necesidad. La combinación de las proteínas vegetales pueden brindarnos una variedad de platos con una calidad proteica alta, y esta variedad puede ser tan amplia como la imaginación dé abasto.

Algunos ejemplo de las combinaciones que se pueden hacer son legumbres y cereales integrales, como lentejas con arroz, alubias con pasta, cuscús con garbanzos y verduras, garbanzos con trigo, espagueti con frijoles, soya con verduras y arroz, entre otras cosas.

También se pueden combinar las legumbres, los frutos secos y las semillas, como por ejemplo garbanzos con piñones, o bien, una ensalada de lentejas con nueces. Por otro lado, tenemos a los frutos secos y a las semillas con lácteos vegetales, como por ejemplo, avena o arroz con leche y frutos secos, ¿o por qué no una ensalada de arroz con frutos secos y pasta con nueces?

Seguramente como buen lector, estará hipersalivando en este momento, por lo que le invito a intentar un mes sin carne y experimentar en aquel laboratorio llamado cocina, a dejar que su imaginación cree una obra maestra gastronómica, aunando el hecho de que disminuirá su huella de carbono y estará en armonía con el todo en el que estamos inmersos. Me despido con lo que Ed Vulliamy, quien lleva 50 años de ser vegetariano, dijo: “Si nuestra pretensión de ser la forma más elevada de la vida se ve socavado seriamente, ¿sobre qué autoridad podemos poner a los otros en nuestra boca, masticar y tragar las otras especies?”.

(1) “Livestock a major threat to environment,” United Nations FAO Newsroom, Nov. 29, 2006


Referencias

  • Food and Agriculture Organisation of the United Nations. 2006. Livestock’s Long Shadow–Environmental Issues and Options. Rome.
  • National Research Council, The Use of Drugs in Food Animals: Benefits and Risks (Washington, DC: National Academy Press, 1999); John S. Spika et al., “Chloramphenicol-Resistant Salmonella Newport Traced through Hamburgers to Dairy Farms,” New England Journal of Medicine 316 (1987): 565-570; Richard S. Schwalbe et al., “Isolation of Vancomycin-Resistant Enterococci from Animal Feed in USA,” The Lancet 353 (1999): 722.
  • Penning de Vries, F.W.T., Van Keulen, H. and Rabbinge, R. 1995. Natural resources and limits of food production in 2040. Eco-Regional Approaches for Sustainable Land Use and Food Production. Kluwer Academic Publishing. Dordrecht. 65-87:
  • http://ageconsearch.umn.edu/bitstream/123456789/19695/1/br18.pdf
  • Pimental, D., Houser, J., Preiss, E., White, O., Fang, O., Mesnick, L., Barsky, T., Tariche, J.S. and Alpert, S. 1997. Water Resources: Agriculture, the Environment, and Society. Bioscience. 47 (2), 97-106.
  • Smil, V. 2002. Worldwide transformation of diets, burdens of meat production and opportunities for novel food proteins. Enzyme and Microbial Technology. 30, 305-311.