Por décadas acompañó las causas de la ciudad a la que le cantaba. Sin haber aparecido en la televisión o los grandes conciertos como cientos de artistas, León Chávez Teixeiro creó un legado que necesita conocerse

Por Enrique Mendoza

En el último piso de un edificio cerca de la estación General Anaya un hombre de tez blanca con lentes de sol charla tranquilamente cambiando con prolijidad su tema de conversación. Lo mismo habla sobre su juventud en los barrios obreros del norte de la Ciudad de México que sobre cómo la policía podía ir a golpearte por tu manera de vestir en los años sesenta. Pintor y escritor además de músico, así es León Chávez Teixiero.

Sin haber planeado nunca ser cantante con guitarra en mano, ha acompañado tanto a electricistas como a maestros en sus luchas sindicales a través de los años. Esta solidaridad, nos cuenta, era casi inevitable debido al mundo en donde creció. La gente en ese entonces era mucho más “hermana” y gracias a su padre pudo ser testigo privilegiado de cómo se organizaban los movimientos obreros en medio de la represión que vivía México en muchos ámbitos de la vida.

En entrevista para We’re Magazine, León habla sobre su vida entre las calles de una Ciudad de México hoy desconocida para muchos de sus habitantes; cómo empezó a ser considerado un cantante y por qué su trayectoria no puede ser entendida sin las luchas sociales.

De niño, la colonia Plutarco Elías Calles, donde vivió, era un barrio cercano al Campo Militar Número Uno, un lugar pensado para que lo habitaran tanto trabajadores de PEMEX como soldados. En esa “orilla de ciudad” cercana al campo y los ferrocarriles de Lindavista, nos cuenta León, que la vida era difícil y las peleas entre militares y obreros eran frecuentes, y sin embargo, en ese lugar tenía más libertad que los niños que hoy viven en el ya congestionado hasta el exceso, centro capitalino. Ahí aprendió a no dividir su tiempo vital entre el trabajo, la diversión y el arte sino a unirlos. ¿Quién nos dijo que el tiempo debe dividirse?

León Chávez Teixeiro.- Viví en una orilla de ciudad entre Popotla, Tacuba y Santa Julia. Mi jefe era mecánico diésel. Plutarco Elías Calles se planeó como una zona obrera con todas las casas igualitas cerca del antiguo Colegio Militar, el famoso cuartel de los asesinatos y desapariciones. En cada esquina había militares. A mí papá le dijeron que en ese lugar había oficiales que rifaban las casas a diez pesos mensuales, qué, en ese entonces, era una feria para el tipo de vida que llevábamos. Sacó un número, ganó y fue así como llegamos ahí. Fue una infancia muy feliz porque fui muy libre aunque no faltaban los madrazos. Conocí el mundo obrero-ferrocarilero y el campo. Antes había más parques y tenía para jugar el patio de ferrocarriles de Lindavista. Tenía primos en la Guerrero y ellos no tenían esa libertad. Cuando salían, salían a un barrio.

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León Chávez Teixeiro, músico, escritor y pintor.

We’re.- ¿Crees que se ha perdido esa libertad?

León.- Creo que en general ya se perdió todo. Yo no tuve taller de baile y de no sé qué mamada. Yo aprendí en la calle. Mi deporte era cotidiano. Normal. Yo no dividí tiempo de deporte y tiempo de escuela y de no sé qué. Mis tiempos eran unidos como en la antigüedad; como, pero también juego, pero también me divierto, salgo a correr, etc. Lo único que a mí me chocó personalmente era la obligación de la escuela. El encierro y  el trato de mayoría de las maestras era feo y el director era una autoridad absoluta, tipo militar. Además yo era un “güero culero” que no le caía bien a mucha gente porque “no era mexicano”. Había bronca. Yo odié ese pedo.

We’re .- ¿Esa división cómo crees que nos haya afectado para apreciar la música?

León.- Muchísimo. Una, porque en ese ambiente respiras oxígeno para cantar. Eres más libre y por lo tanto escuchas más sonidos. Casi escuchas el sonido de las arañas. En ese tiempo casi todo mundo cantaba. Las señoras, los cuates, mi mamá cantaba cuando estaba lavando la ropa. Eso es real. La gente cantaba de patio a patio. Siempre había gente que tocaba la guitarra. Algunos jugaban al ajedrez y la chingaba, pero había quienes, leían, sacaban la guitarra y la tocaban y yo canté desde niño. Me aprendí miles de canciones. Ya más grande mis amigos me decían vente a echar una rola. Canta. Y que la negra noche y que la chingada… Entonces alcanzabas a cantar. Oías canciones por todos lados. Miles de canciones mexicanas, brasileñas, de todo mundo. Y música chingona…

We’re.- ¿Qué te motivaba a seguir cantando mientras todo mundo parecía que se callaba?

León.- No lo sé pero para mí siempre fue muy bonito cantar. Yo no fui a la escuela. Tuve un accidente que me madreo a los doce años y eso me evitó ir a la escuela. Nunca me gustó la disciplina obligada. Entonces empecé a trabajar en una fábrica o vendía refrescos o paletas heladas en los gimnasios de box y lucha. Prefería ese desmadre. Me sentía más libre pero el cantar para mí fue natural,  hasta me pedían dar serenatas, pero las prohibieron que porque éramos unos borrachos. Se fue perdiendo eso y las calles se fueron llenando de automóviles. La música que llegaba a las estaciones de radio era música auténtica. Era música que sacaban de los pueblos. Eran cantores chingones de Veracruz, etc. Luego sacaron a los “Tres gansitos” de cantantes y nada que ver porque ya habían sido construidos…

“Levántate hermano…”

Era inevitable que a León le pidieran que tocara la guitarra en los lugares donde creció. De las serenatas y reuniones más tarde llegó a tocar a los bares llenos de jóvenes ansiosos por liberarse de las imposiciones del mundo que heredaron. Como ellos, las canciones que León componía para reflejar la manera de vivir de los hombres, mujeres y niños que lo rodeaban no tardaron en adoptar un tono de protesta. La miseria no le era ajena a su mundo. Piezas como La mujer (se va la vida) ó 15 mts. 3″ 8/8 16 retratan con mucha sinceridad la carencias que poco les importó denunciar a los cantantes de las grandes disqueras. Sin embargo, fue su padre el principal catalizador de esta empatía.

We’re.- ¿Y esto cómo lo relacionas con tu conciencia social? Uno revisa tu pasado y hay una gran solidaridad hacia los movimientos sindicales, los maestros, los electricistas…

León.- Mi papá fue un obrero. Estuvo en la Revolución desde chavito y fue uno de los que trabajaron el ferrocarril de Sonora. No veía a mi papá en un chingo de meses. Era un mundo todavía de obreros. El obrero mecánico, el obrero que se organizó. La nostalgia del SME es ese obrero. Mi papá leía un chingo. Cuanta madre. Ese wey, digo, mi querido padre, se levantaba todos los días y se ponía a leer y después se ponía trabajar.

We’re.- Era casi inevitable que te pidieran que cantaras…

León.- Sí. Porque además la vida entre todos era muy “hermana” con todo y sus broncas. Escuchábamos muchísimas canciones. Para mí el canto era parte de mi vida cotidiana como comer.

Recientemente León Chávez fue homenajeado el pasado 15 de julio en el Museo de Historia del centro de Tlalpan. Acudieron al evento artistas como Lorenza Moctezuma, Valentina Barrios, su amigo, Paco Barrios “El Mastuerzo”, Mauricio Díaz “El Hueso” y Gustavo Franco. El homenaje celebró tanto la trayectoria del músico capitalino como también su carrera como escritor y pintor, una obra pictórica de más de veinte cuadros.