Corresponsal de guerra en su propia patria, un vistazo a la obra de Antonio Turok

Había estado en el mismo lugar donde murió el camarógrafo estadounidense Brad Will aquel fatídico 27 de octubre del 2006 en la capital de Oaxaca. En ese entonces, recuerda, el peligro se cernía sobre él de la misma manera que se cernía sobre toda aquella persona que estuviera en la mira de los escuadrones de la muerte de Ulises Ruiz Ortiz, gobernador de aquel entonces responsable de un conflicto que dejó 27 homicidios y casi un centenar de denuncias de tortura de acuerdo con la Comisión de la Verdad de Oaxaca.

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Terminado su anécdota, Antonio Turok se lleva un trago de mezcal a la boca y hace ir a todos los que lo oyen doce años más atrás. Ahora habla del cómo los y las indígenas chiapanecos integrantes del EZLN tomaron San Cristóbal de las Casas un primero de enero de 1994.

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“Año Nuevo en San Cristobal”, Antonio Turok, 1994.

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Foto: Antonio Turok, 1994

Me imagino inmediatamente a este hombre de pelo gris mirando a través de su cámara al joven que lo encañona con un rifle o esperando pacientemente el mejor gesto que describa el drama de este emergente movimiento. Un Subcomandante Marcos pensativo en medio de sus hombres en el corazón de la selva. Hombres y mujeres saliendo a la defensa de su mundo vejado por un sistema empecinado en desaparecerlos.

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“El Obispo”, Antonio Turok, 1990.

Él, un fotógrafo con más de treinta y cinco años de experiencia ha documentado desde la caída de las Torres Gemelas en Estados Unidos hasta los estragos de la guerra en América Central revelando a través de su lente, sin embargo, que la realidad en nuestro país no ha sido ni es menos violenta.

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Foto: Antonio Turok, Guatemala, 1988.

Oriundo de la Ciudad de México y actualmente residente en Oaxaca, Antonio Turok ha documentado la condición humana en diferentes partes del mundo logrando mostrarnos en sus fotografías su belleza más elemental e inagotable. Una belleza, que aunque dolorosa, no deja de provocar a quien la mira una empatía por ese otro u otra que fue retratado para encender nuestra memoria colectiva.

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A lo largo de su carrera ha publicado dos libros “Chiapas: El final del silencio” (1998), “Imágenes de Nicaragua” (1988); ha recibido becas del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) la Fundación John Simon Guggenheim y ha ganado los premios del Fondo Internacional Mother Jones de fotografía documental (1994) y el “Premio del taller del libro fotográfico Maine”.

Fotos: Fundación Pedro Meyer

Por Enrique Mendoza