Por Rebeca Fortul

Hace poco tiempo me invitaron a escribir sobre Literatura en este proyecto cultural llamado We’re Magazine, fue una oferta que no podía rechazar. Cuando te dan la libertad de escribir acerca de lo que quieres y de compartirlo con más personas de las que usualmente escuchan tus diatribas literarias, no queda de otra más que rendirse a la tentación para ver qué pasa.

Uno de los primeros conflictos para empezar a escribir es elegir el tema y en esas anduve hasta que, como siempre, un suceso afortunado me hizo decidirme. ¿Qué mejor elección para abrir una columna que con uno de los autores que más influyeron en que la Literatura se convirtiera en un arte comprensible no solo para mí, sino para muchos escritores y lectores en México? El pasado 21 de agosto, en el Palacio de Bellas Artes, se rindió un homenaje a los 50 años de la novela De perfil, dicha celebración festejó también el 72 cumpleaños de su autor. José Agustín es un escritor que se ha asociado a la contracultura, el rock&roll y la literatura de la onda, se le ha llamado maestro, maese, más que por la cátedra en el aula, por la forma en que a muchos enseñó a leer desde su propia narrativa.

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Vía yaconic

No sorprende realmente lo que los conferencistas (Enrique Serna, Rosa Beltrán y Juan Villoro) compartieron en la mesa acerca del maestro y su obra, es decir, no asombran los elogios por demás merecidos, no extraña que la escritura de José Agustín haya sido un referente en la obra literaria de más de una generación. Rosa Beltrán relató cómo se inició en la lectura de Se está haciendo tarde y por consejo del Maestro Huberto Bátiz la leyó “de perfil”; jugarretas del lenguaje es que ella no entendiera que, para comprender mejor el viaje dantesco por Acapulco que se narra en la novela, Bátiz le estaba recomendando que leyera otra obra de José Agustín llamada De perfil y no que se acomodara en un ángulo incómodo para desentrañar el intrincado camino de Se está haciendo tarde. No imagino qué hubiera pasado de Bátiz haber sugerido en lugar de esa lectura esa otra llamada La tumba. Enrique Serna explicó cómo el lenguaje de José Agustín abrió un camino diferente en la narrativa mexicana, cómo sus obras se desprendían de “la bella letra” y el engalanamiento de las palabras para mostrar un panorama más real, más coloquial y más cercano al lector en general. Este aspecto al que hoy se le hace justicia como una marca de estilo y personalidad narrativa, en su momento fue un rasgo que incitó a la crítica por considerarlo una moda que caducaría a la brevedad. Irónico es entonces que tal moda siga vistiendo a las letras contemporáneas tras 50 años de haber surgido. José Agustín agradece que uno de sus maestros, Juan José Arreola, haya comprendido el sentido de su escritura y que lejos de censurarlo o someterlo a un estilo diferente, lo haya impulsado a pulir su propia creatividad para escribir.

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Vía Periódicocorreo

Juan Villoro por su parte contó lo que creo que muchos lectores de su generación y de generaciones posteriores podrían afirmar también, la lectura de José Agustín lo ganó más que como escritor, como lector. Esa es una de las tantas cualidades de la obra del maese, ganar adeptos para las letras, abrir la puerta para aquellos que aún no saben que la literatura es un disfrute. La originalidad del lenguaje y los temas cotidianos no son muestras de una literatura hecha al vapor o irrelevante, por el contrario, lograr la naturalidad en la narrativa es un trabajo complicado que José Agustín ha logrado en la mayoría sus obras.

Si de catalogar a la generación a la que pertenece José Agustín al lado de Parménides García Saldaña y Gustavo Sainz se trata, no sobrará quién los acomode en el cajón de “literatura de la onda”, que marque referencias con los beatniks, que crea que todo se trata solo de sexo, drogas y rock&roll, pero creo que esa cerrazón deja muy por debajo el contenido de la obra de José Agustín, que también mucho tiene de crítica social, de reflexión que se acerca a la mística, de amor y desencanto, de existencialista, de vanguardia, de diversión garantizada. No sería solo injusto, sino un desatino, por tanto, creer que José Agustín es el escritor de la chaviza de los años 60. El maestro sigue juntando lectores de todas las edades, los que se sienten atraídos por la música, por el cine, por la cultura que antes fue “contracultura”, por lo que estaba mal visto, pero era de lo más emocionante, los conquista a través de la identificación con sus personajes, que sí fueron chavos, pero también han madurado. José Agustín es pues un escritor muy suave, muy buena onda.

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