Entrevista a Michael K. Schuessler*

Por Fernando Alonso

El crítico Michael Schuessler en entrevista con We’re Magazine, nos habla de la amistad que sostuvo con Pita Amor y Elena Poniatowska Amor, su sobrina, ambas reconocidas escritoras. Por una parte, nos expresa su gran admiración por la espiritualidad de la poetisa mexicana Guadalupe Amor, quién en una ocasión lo acusó de robo, aunque se arrepintió al poco tiempo, e incluso le pidió que pagara su bebida. Por otra parte, nos habla de la amistad que ha llevado con Elena Poniatowska Amor, de quien es amigo cercano desde hace veinte años.

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¿Cómo conociste a Pita y a Elena?

Conocí a Pita en el Hotel General Prim una noche de julio de 1990. A Elena la conocería unos años más tarde y fue porque ella escuchó una ponencia que di sobre su tía. Ella se acercó a mí y me dijo: ¿Por qué no vienes a México? Yo tengo muchos materiales para ti.

Yo tenía una idea preconcebida de Pita que me brindó Ángel de la Cruz; me hablaba de ella, me contaba cómo él iba al cabaret LEDA y ella subía al escenario, se quitaba su abrigo de mink sin nada abajo y decía: “Escaleras sin peldaños, mis penas son para mí.” Pero aquella noche, cuarenta años después, apareció una figura menuda, con un vestido brilloso, encorvada sobre sí misma con decenas de anillos en cada mano y collares que le colgaban y parecían jalarla hacia abajo, con unas gafas de fondo de botella de coca-cola. Ella entró y yo sabía que era ella, ¿quién más iba a ser? Pero me parecía un poco tétrica.

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Pita nunca decía declamar, ella creía que se decía la poesía, ella decía sus poemas. Fueron sus imágenes, su arrojo, su actitud frente a todo, y particularmente, llamaba mucho mi atención cómo era posible que esa mujer que en la noche salía de farra escribiera: “Casa redonda de redonda soledad.” Eran pensamientos tan fuertes, podía ser tan mundana y tan metafísica a la vez. Su trato era brusco, horrible, no daba la mano pero sí exigía que le rascaras la espalda: “¿Me rascas la espalda Mike?”. Tenía una obsesión con el agua, se lavaba compulsivamente las manos. Parece que eso fue parte del trauma de la muerte de su hijo que se ahogó en una cisterna en el jardín de la casa de su hermana.

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¿Cómo describirías la obra de Pita?

Es absolutamente auto-interrogante. Siempre tiene que ver con su persona, ¿cuándo no? Cuando habla con Dios es desde su perspectiva y ese decir que, no poético, es una interrogación también. Podría decir lo mismo de Frida Kahlo, en el sentido de que Frida también estaba obsesionada consigo misma. Pita por sus penas filosóficas y Frida por sus dolores psicológicos, sus dolores físicos pero cada cuadro de Frida es casi un estudio de sí misma. Pita declama: “Yo soy cóncava y convexa”, “de mi barroco cerebro parten mis inquietudes y mis males”, todo es en primera persona. Y también habría que decir que Pita escribía de una manera que en ese momento era considerada retrógrada, pues sus versos eran sonetos, décimas, liras en una época de lo que ella llamaba “prosa cortada”, es decir, verso libre.

En primer lugar, Pita es una de las “siete cabritas” de Elena Poniatowska: es una mujer de alta cuna y de baja cama. Es una mujer mundana y a la vez profundamente espiritual. Pita era una feminista avant la letre, ella no reconocía esa jerarquía de aquél mundo literario mexicano, se reía de Octavio Paz en televisión, le decía casi cantando: “Para bailar bulerías, tienes los pies muy chiquitos”, decía que era un gran ensayista, un hombre de letras y nada más.

Y por favor, no teja al pie de su ventana, no se haga la Penélope, que no hay moros en la costa azul del cielo. Podría quedarse así ochenta años desmadejando sueños […] Archive usted sus engaños. Una tacita de tila, de manzanilla o té de limón, con una pizca de valeriana y dos terroncitos de azúcar, para olvidar, dan muy buenos resultados.” – De noche vienes, Elena Poniatowska.

Me parece que el estatus de Elena Poniatowska hoy día, es un lugar muy bien ganado por medio de la disciplina, de su tenacidad. ¿Cómo te explicas que hace entrevistas desde hace más de 50 años? Y antes las hacía como cuatro o cinco veces a la semana, ahora sólo publica un artículo semanal en el periódico La Jornada. El que haya alcanzado el premio Cervantes no es cualquier cosa, porque siempre ha sido criticado por sus detractores, quienes la consideran, cuando mucho, una periodista. El premio de Elena fue muy criticado, menos que el premio de Bob Dylan; y en ese tenor, yo también creo que la canción es producto de la poesía y viceversa.

Regresando a Elena, creo que ella ha develado varios aspectos de la realidad mexicana que muchos han ignorado. Algunos decían de Carlos Fuentes que después de Terra Nostra, él ya no escribía, publicaba. Yo te puedo decir que no es el caso de Elena Poniatowska, a veces su trabajo literario puede parecer una lista de nombres y lugares, pero eso obedece mucho a su oficio periodístico y a una gran investigación de fondo. Claro, Elena es contundente en sus obras que ya son clásicas de la literatura mexicana: Hasta no verte Jesús mío; Tinísima; Querido Diego, te abraza Quiela; etcétera.

Elena ha tenido una lista de proyectos que ha querido comenzar, por ejemplo, ahora está haciendo una novela sobre sus antepasados: Los Poniatowski, y desde luego ya la había empezado; pero es muy difícil porque tienes que entender varios movimientos de dinastías y de regiones en ese lugar que ahora es Polonia, ese lugar que también fue el escenario donde un Poniatowski se enamoró de Catalina La Grande y ella, en agradecimiento, lo nombró Rey de Polonia.


*Michael K. Schuessler es doctor en Lenguas y Literaturas Hispánicas por la Universidad de California, Los Ángeles y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Autor de La Undécima musa: Guadalupe Amor, Elenísima: ingenio y figura de Elena Poniatowska, México se escribe con J, Artes de fundación: teatro evangelizador y pintura mural en la Nueva España, editor de Peregrina: mi idilio socialista con Felipe Carrillo Puerto, la Autobiografía perdida de Alma Reed y su último libro Perdidos en la traducción: cinco viajeros ilustres en el México del siglo XX. Actualmente es maestro profesor adscrito al departamento de humanidades en la UAM Cuajimalpa y tiene muchos proyectos tocando a su puerta.