Por Natalia Durand

Un videojuego que exige una conexión corporal para entrar a él. Un viaje donde la indistinción entre el ámbito virtual y el real se hacen presentes. Acceder a otro mundo, que es también éste

Cuando el mundo digital atraviesa la esfera humana ya no sólo como herramienta, sino como generador de nuevos sentidos, conectarse a un videojuego a través de un hueco en la columna vertebral, no habría de parecer extraño.

En este filme una serie de usuarios, al lado de Allegra Geller, la diseñadora de un nuevo juego de video, prueban simultáneamente su última creación: eXistenZ, la cual apunta a ser el futuro del entretenimiento. Durante el encuentro, Allegra sufre un ataque violento del cual logra escapar. Iniciará así una persecución en forma de viaje fatídico, dentro una sociedad donde el mundo tecnológico no sólo ha avanzado en demasía, sino que incluso despliega experiencias más vívidas incluso que las reales.

Los aparatos que conectan a sus usuarios a eXistenZ, parecen extensiones corporales: cables como cordones umbilicales, consolas como órganos vivos. La separación entre aparato y ser humano se hace cada vez más delgada.

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Cuando el cuerpo se convierte también en máquina, nuevas formas de la sensibilidad y la percepción se abren camino. A propósito de ello, Sonia Rangel, filósofa mexicana, comenta: “Estas series [de flujos mutantes que atraviesan el cuerpo] operan liberando flujos maquínicos, devenires a través de los cuales se rompe la organización de los cuerpos.”[1] Pensar el cuerpo ya no sólo desde la carne ni el orden corriente: reinventar la sensación, la piel, la sangre. Otorgar la posibilidad de que surja aquello que no puede ser comprendido desde la lógica; pensar el cuerpo desde el cuerpo en su resonancia con dispositivos.

El cine de David Cronenberg recorre la intervención corporal y, en particular, la relación hombre-máquina a propósito de la tecnología. Acompañando a eXistenZ en su relación con los videojuegos, se encuentran Videodrome (1983) con la televisión, The Fly (1986) con la modificación molecular y Crash (1996) con el automóvil. El director canadiense está consciente de que los trastrocamientos tecnológicos abren vertientes y flujos insospechados: la época de los aparatos exige nuevas formas de pensar y plantear el mundo.

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Este filme indaga la introducción de las formas maquínicas, de los nacientes individuos que se gestan a través de ellas. Resta cuestionar entonces, cuando la tecnología no hace más que avanzar, ¿aún seremos capaces de discernir entre el mundo de las apariencias y el real, de conservar eso que nos hace “humanos”?


eXistenZ, David Cronenberg, Canadá-Reino Unido, 1999.

[1] Rangel, Sonia. Aproximaciones estéticas al cine de David Lynch, David Cronenberg, Béla Tarr y Nicolás Pereda. México: Ítaca, 2015, p. 39.