¿Alguna vez se han preguntado, en medio de las fiestas decembrinas, si algo tiene que ver la Navidad con el cambio climático?

Por Andrés Emiliano Sierra Martínez

Nos es incómodo pensar en un invierno caliente, especialmente con las imágenes de la ‘blanca navidad’ que se anuncian en películas y en centros comerciales. Se vuelve sorprendente que, sin razón aparente, este año toca de nuevo que haga calor en épocas navideñas. Y, en efecto, es raro que este año haya sido el año más caliente desde que se tiene un registro de las temperaturas utilizando sistemas meteorológicos. Para algunos en México, el tema se vuelve visible cuando no pueden estrenar los abrigos y bufandas que compraron, anticipándose a la tradicional reunión con los familiares o las posadas de trabajo.

Con todo, pareciera que podemos llegar a preocuparnos por estas cosas sólo si nos afectan directamente. Pero el asunto es mucho más complejo cuanto nos damos cuenta de que el calentamiento global existe, que nos encontramos frente a una situación de crisis climática profunda y que la forma en que llevamos a cabo las fiestas decembrinas tiene mucho que ver con esta situación. No ha sido casualidad o mera coincidencia el aumento de la temperatura todo el año y el aumento gradual de la temperatura del planeta durante los últimos cincuenta años. Esta situación tiene muchos factores involucrados, existe una importante relación entre la situación climática presente y la manera en que celebramos estas fechas. En la forma en la que la sociedad de consumo capitalista ha utilizado la Navidad hay una clave para entender el cambio climático.

Hoy en día la Navidad está completamente definida por la sociedad de consumo y el despilfarro. Todo se puede convertir en mercancía y todo se vende. El aguinaldo se va así como llega en la compra de nuevos artículos y regalos. La Navidad sin mercancías no se concibe hoy en día, baste pensar en muchas películas norteamericanas y cómo enfatizan que no podrá haber un final feliz si en nochebuena los ‘niños del mundo’ no reciben regalos. Pues bien, los altos niveles de consumo que como sociedad actual mantenemos, implican una utilización de recursos naturales que perjudica a todo el planeta.

La cantidad de energía y materiales utilizados hoy en la producción de mercancías es tanta, por el nivel cada vez mayor de ventas que se requieren; la obsolescencia programada que nos obliga a cambiar las cosas que ya no están hechas para durar y la ampliación de los mercados; que los daños ambientales que producen nuestras actividades económicas solamente agravan la situación climática año con año. Está comprobado que las emisiones de gases de Efecto Invernadero de las sociedades industriales contribuyen al calentamiento global, así como la deforestación y cambios de uso de suelo implicado en el crecimiento de las ciudades agigantadas o producción agroindustrial para mantenerlas. El asunto se vuelve crítico, y el despilfarro consumista de los compradores, que se impulsa desde las agencias publicitarias, solamente oscurece el panorama. Nuestro consumismo navideño calienta el planeta, y el despilfarro es en parte responsable de las calientes navidades que seguirán llegando.

Las campañas de ventas de los grandes corporativos monopólicos solamente se preocupan por generar ganancias, la sociedad occidental  no para de comprar el nuevo modelo de lo que se le ponga enfrente. Al mismo tiempo, la lucha por controlar rutas estratégicas y recursos naturales de las grandes potencias genera crisis humanitarias en ciudades de Medio Oriente. Sigamos comprando, sigamos despilfarrando y la Navidad seguirá calentándose año con año. Si nos preocupa hacer algo al respecto del cambio climático, comencemos por superar la mercantilización de la Navidad, y por supuesto de todo nuestro mundo.

Foto MBC Times