Por Daniela Sánchez Muciño

Se tocaban, se lamían, tenían sexo unos con otros frente a mí, sin ningún pudor. La diamantina de sus cuerpos, los colores sicodélicos proyectados en la pared, la música en extremo densa saturaba mis sentidos, un escalofrío se apoderó de mí.

Esa noche varios cuerpos fueron marcados con hierros ardientes, como lo hacen con las reses. Una chica que caminaba entre los invitados los marcó con un fierro que guardaba en un cubo con carbón incandescente, dejando un número indeleble en la mejilla, el brazo o la pierna.

Al poco tiempo, una reina al estilo playboy hizo su aparición; mandaba besos al público mientras entraba al lugar cargada por hombres.

Al voltear a mi alrededor, miré los gestos atónitos de los demás asistentes. No era la única que no sabía cómo reaccionar. Todo me parecía brutal, incluso grotesco. Esta fiesta no es como ninguna otra, pensé y, no obstante, estaba equivocada.

Un hombre con un megáfono irrumpió en la escena: ¿qué no es esto lo que ven todos los días?, ¿no es esto lo que consumen?, ¿entonces de qué se sorprenden? Esta es su sociedad, gritaba. La cordura del humano actual, quizá sea un abismo contra el que debemos alzar la voz.

Toda esta fiesta era parte del happening presentado por el grupo internacional de performance Non Grata, bajo la curaduría y coordinación en México de la artista visual Niña Yhared, donde participaron artistas como Wild Torus, Alex Chêllet, Eric Piper, Michael Wilson, Danny Gonzalez, Hannes Paldrock, Ott Piibeman, Hulkur Bar, Kaspar Rabby, Peter Rosvik, Vlady Voz Tokk, Mág Ne Tá Z’air, César Cárdenas y Aka Zoonosis, y presentado en la pulquería Los Insurgentes, en la colonia Roma, lugar que se distingue por ser un espacio no sólo para ir a tomar un trago con los amigos, sino uno para el acontecer contracultural.

Wild Torus, colectivo originario de Brooklyn, Nueva York, alterna lo chamánico con la estética de la fiesta más cruda y genera un quiebre en la experiencia del espectador para ver lo cotidiano con otros ojos. Cuando estos artistas toman un espacio, parece que todo y nada es posible: todo es posible en la crudeza de esa fiesta, ¿pero podría ser de otro modo?

Sacudir las mentes, al menos por un momento, de su alienación y conectarse con ellas es el motivo final de sus presentaciones, platica Mike, integrante de Wild Torus. Lograr que la gente vea con los ojos de otro la misma realidad es, quizá, una de las características más impactantes del arte, porque amplía nuestros horizontes de interpretación. No se puede ser el mismo después de haber mirado a través de una conciencia que no es la propia.

“Es una realidad alternativa de alguna manera, debido a que este tipo de nuevas experiencias y sentimientos y formas de expresarse no existen en la vida cotidiana, sólo en estas experiencias de arte”, dijo Mike a un blog estadounidense.

Wild Torus, junto con otros importantes perfomanceros como Niña Yhared y Alex Chêllet, musicalizado por Zoonosis, se presentarán este 12 de enero en la Pulquería Los Insurgentes. La entrada es libre.