Por Enrique Mendoza Ruiz

Ya sabía que su resultado iba a ser positivo. Había tenido una serie de malestares inusuales además de una infección en las vías urinarias y los ganglios inflamados. Su doctor, al ver que siempre llegaba al hospital acompañado por su pareja, le recomendó hacerse la prueba pues sus afecciones coincidían con los síntomas de lo que más tarde sería evidente. Fue hasta después de un mes, en la Clínica Especializada Condesa, cuando confirmó lo que pensaba, el resultado de la prueba para saber si tenía VIH fue “reactivo”.

Lo que siguió a partir de ese día, cuenta Edgar, fue un proceso de duelo atravesado por enojosos trámites y nuevos hábitos. Tuvo que cambiar el seguro que le brindaba su universidad por uno que pudiera cubrir los gastos de su tratamiento. Tuvo que esperar más tiempo para abrir un expediente en la clínica donde sería atendido y empezar a hacerse más pruebas para averiguar el nivel de carga viral que tenía su cuerpo. Además de eso, temía los efectos secundarios de las medicinas que pudieran prescribirle y su pareja semanas antes había terminado con él sin aceptar hacerse su propia prueba. Simplemente se fue con una actitud “muy defensiva”, recuerda Edgar.

Redes de apoyo

Pese a ello, a dos años de su diagnóstico no ha abandonado ni su afición por la música ni el estilo de vida que llevaba anteriormente. A Edgar le encanta la vida nocturna de la Ciudad de México y sale con sus amigos cada vez que su trabajo se los permite. Él presenta un nivel de infección “indetectable”, es decir, una carga viral en su sangre tan pequeña que sólo puede detectarse a través de un análisis masivo, el mejor resultado al que se puede llegar cuando se usan medicamentos retrovirales, medicamentos que Édgar toma puntualmente cada noche.

Lo que sí ha cambiado, reconoce, fue su perspectiva hacia el problema de salud que representa el VIH-SIDA, ya que, en su opinión, mientras que por una parte él ha recibido apoyo inmediato de organizaciones como Aspar Checcos y el panorama para los enfermos de VIH-SIDA a nivel global es cada vez más alentador, aún pesa bastante en México el estigma de ser portador del VIH debido al miedo y a la falta de información que existe en torno al tema, por no hablar del desabasto de medicamentos necesarios para su contención. En este aspecto, él ha contribuido en las campañas de prevención que año con año Checcos organiza en la marcha del Orgullo Gay de la Ciudad de México como también ha tenido que superar sus propios miedos.

“[Poco después de mi diagnóstico] Me costaba un poco de trabajo buscar una pareja porque, al principio, me daba miedo: ¿cómo le puedo decir a alguien de quién me estoy enamorando que soy portador de VIH? Afortunadamente el círculo en el que yo me muevo me permite conocer gente que tiene una manera de pensar diferente. Mi primer pareja después de mi diagnóstico fue un enfermero quirúrgico que estaba totalmente informado sobre lo que es el virus, el tratamiento que necesita y qué es un seropositivo como yo”, relató.

Un largo camino por recorrer

Pensando un poco en su diagnóstico, Edgar se alegra de nunca haber creído que tener VIH es sinónimo de estar muerto en vida. En caso de ser positivo, pensaba antes de hacerse el diagnóstico, tomaría el tratamiento y seguiría haciendo su vida. Había procurado informarse bien antes de dar ese paso. Sobre las personas que tienen una visión negativa de los portadores de VIH, él opina que no hay que perder tiempo lidiando con ellas si no están dispuestas a escuchar. ¿Para qué presentarse a medio mundo diciendo que padeces esta enfermedad? Me pregunta. “Es como decir: qué crees tengo una malformación en el dedo del pie. No tienes por qué decirlo. Trato de evitar personas con pensamientos retrógradas”.

En este sentido, Édgar reconoce que las personas que conocen su condición han sabido tratarlo con la dignidad que merece, aunque por otra parte lamenta que entre esa misma gente aparezcan nuevos portadores de VIH. “Es como si, sabiendo mi caso, aún siguieran creyendo que esta enfermedad es una invención del gobierno o que no la vas a tener. Yo lo que les digo es que traten de seguir con su vida porque a fin de cuentas, llevando el tratamiento adecuado puedes llevar una vida normal. La ventaja, si tengo VIH –por ejemplo- y estoy en tratamiento, es que puedo estar más sano que tú si no te revisas”.