No hay mejor retrato de Estados Unidos que el realizado por el cine de horror, cuya base es la psicología de sus asesinos

Por Mayra Rojo

Siempre estamos hambrientos y deseosos de devorar lo que nos satisfaga el apetito, ya sea para el alma o para la barriga, ya por gula o por necesidad estamos listos para comer lo que el anfitrión ha preparado para nosotros. En este banquete, el ingrediente en disputa es, en la obviedad, la carne.

La arquitectura y práctica del rastro no puede ser omitida cuando nuestro plato contiene un apetitoso filete. La ciencia de la carne nos lleva a situar su origen y su procesamiento: aturdimiento, sangría, desuello y depilación, evisceración y preparación, división de los canales, rigidez cadavérica, maceración, invasión microbiana en piel, carne u órganos.

Theodor de Bry, “Y se lo reparten entre ellos, pero las mujeres se quedan con las tripas…”, en América, Libro III, 1593

Theodor de Bry, “Tras haber lamentado la muerte del marido, la esposa es la primera en comer de su carne…” en América, Libro III, 1593

Para hablar de hambre y carne, The Texas Chainsaw Massacre de Tobe Hopper (1974) es la película. El sonido adusto y la luz de la cámara fotográfica revelan despojos de carne humana sobre la pantalla. El pretexto de la historia es el saqueo de cadáveres del cementerio del pueblo y su teatral exposición putrefacta en una estatua. Desde la primera imagen, el vínculo central con la carne es el eje que nos conduce: del cementerio y la profanación, a la producción de mataderos o slaughterhouses. Los personajes también narran lo caro de la luz eléctrica y la escasez de combustible como uno de los tantos rasgos que caracterizan una situación de miseria, locura y aislamiento.

Mayra Rojo, Mercado San Juan de Letrán: Carnicerías, 2016

Las vacas y bueyes de los rastros son sustituidos por mujeres y hombres. Inversión que ya nos planteaba Bertolt Brecht en Santa Juana de los Mataderos. De esta manera, la gracia de hacer sentir miedo es transformar un lugar familiar en un campo minado de escalofriantes sorpresas que parten de historias entrecruzadas entre el fenómeno del terror basado en el sufrimiento y en la matanza masiva. ¿Quién tiene derecho a matar? Y ¿cuál es el origen del deseo de matar?

Cada versión de Masacre en Texas desencadena una serie de asociaciones que definen el origen de la matanza a partir de las relaciones anómalas entre animal y hombre, miseria y locura, canibalismo y patología. Pensemos un poco en los caníbales remotos de lo “sagrado” que tienen que mutar en nuevos caníbales sofisticados, capaces de operar en las sociedades de la información, cuya memoria se configura con los genocidios y guerras mundiales, lo que les da una experiencia histórica brutal.

¿Por qué Texas? fue la primera pregunta que me hice cuando vi la película nuevamente, ¿cuál es la historia de Texas que permitió crear, no sólo la atmósfera sino la condición de verosimilitud para una matanza de esa naturaleza? Todo este mundo es la recreación de la historia del canibalismo fuera del elemento sagrado y ritual. Texas es uno de los estados norteamericanos más conservadores, donde algunas de sus ciudades, hasta hoy día mantienen la pena de muerte; asimismo, tanto en 1974-76 como en la actualidad, es la principal región productora de carne de res y el mayor consumidor de hamburguesas. Su extensión territorial y particularidad la convierten en un estado donde se localizan los más extensos campos para entrenamiento militar desde la Segunda Guerra Mundial.

En una vuelta de tuercas, los monstruos y el mundo fantástico que los protegen se convierten en la pesadilla de nuestra realidad inmediata: el mundo de los asesinos seriales y con ello el peligro de la muerte acechando a la vuelta de la esquina. No hay mejor retrato de Estados Unidos que el realizado por el cine de horror, cuya base es la patología de sus asesinos. La masacre en Texas es la exacerbación de la descomposición de una sociedad consumista, es el desbordamiento de una patología cultural de la violencia.

Mayra Rojo, Mercado San Juan de Letrán: Carnicerías, 2016

 


Secuelas y precuelas:

The Texas Chainsaw Massacre 2 (1986, Tobe Hooper)

Leatherface: Texas Chainsaw Massacre III (1990, Jeff Burr)

The Texas Chainsaw Massacre: The Next Generation (1994, Kim Henkel)

The Texas Chainsaw Massacre (2003, Marcus Nispel)

The Texas Chainsaw Massacre: The Beginning (2006, Jonathan Liebesman)