Después de mirar sus fotos cabe preguntarse si la Humanidad ha aprendido algo de sus propios errores…

Por Enrique Cedillo

Estuvo ahí cuando la brutal represión del gobierno genocida de Ríos Montt fue desatada contra las guerrillas al norte de Guatemala, que durante décadas habían luchado por la dignidad de los indígenas desplazados y asesinados. Fue testigo, cara a cara, de las viudas, los huérfanos y  los refugiados del conflicto. También presenció cuando estalló la Revolución Sandinista, exigiendo justicia social y económica para todos los nicaragüenses. Asimismo, con su cámara retrató la guerra en El Salvador, experiencia que le resultó traumática y lo llevó a cuestionarse si la humanidad había aprendido algo. Estuvo al pie del cañón durante las protestas de la APPO en Oaxaca, en 2006, y logró capturar una imagen estremecedora del cadáver de su colega estadounidense Brad Will, víctima de las fuerzas represoras.

Brad Will, fotorreportero víctima de las fuerzas represoras de Oaxaca en 2006.

Todo lo anterior, es sólo un fragmento de la trayectoria de Antonio Turok (CDMX, 1955) quien, sobre todo, ha estado en Chiapas: se enamoró muy joven de San Cristóbal de las Casas y de Los Altos, donde su obsesión por capturar la efímera belleza del mundo que le rodeaba, le llevaría a formar una de las más ilustres carreras de la fotografía mexicana. Esa es la razón por la que Turok lucha y por la que ha estado ahí siempre; por eso estuvo ahí cuando cayó la cabeza del conquistador Don Diego de Mazariegos durante una movilización indígena en protesta por los 500 años del descubrimiento de América en 1992; por eso estuvo listo fuera de su casa, esperando en la banqueta indicada cuando estalló la lucha Zapatista del EZLN el  1 de enero de 1994 y se encontró de cara al fusil de un miliciano, que es hoy una de las fotos más icónicas de la época. Nadie ha retratado al Subcomandante Marcos como él, porque él entiende que detrás de la lucha está el amor por la alegría, por las fiestas y la tradición, la añoranza del amor cotidiano de las comunidades que nos conforman.

Y es que la exposición “Reflexiones: Entre la Alegría y la Desesperación” da cuenta de un hombre profundamente sensible y arraigado que vive entre la batalla y la verbena, pues ha hecho suyos los históricos reclamos de los oprimidos; que ha sabido encontrar lo sublime en las culturas originarias, en el olor de sus tierras y de sus costumbres. Por eso, Antonio Turok no es propiamente un fotógrafo de guerra, pues vive los conflictos desde y con los de abajo, a quienes ha dotado de contundente dignidad, dentro y fuera del campo de batalla. Así, la muestra también incluye sus retratos de vida cotidiana, de personajes nocturnos, de aves, de eclipses y jolgorios. El del fotógrafo mexicano es un trabajo limpio, poderoso y evocativo, fantasmal a veces, realizado con un dominio pleno y virtuoso del blanco y negro.


Antonio Turok escribió en una de sus memorias lo siguiente:  Recorrí Centroamérica tratando de comprender por qué los pueblos se levantaban en armas. Años de amargas luchas no necesariamente han acarreado una mejoría en sus vidas… Una cosa es clara, a la larga, la gente se levantará y buscará soluciones dramáticas a sus necesidades básicas, no sólo por su propio bien, sino por el de sus familias y sus seres queridos. Sin embargo, el movimiento armado en Chiapas tenía una dimensión distinta de las guerras que conocí en Centroamérica. Los Zapatistas siguen la senda de una cultura milenaria.

La muestra, que consta de 208 fotografías y de materiales bibliográficos, hemerográficos y vídeos, así como algunos objetos del autor tales como cámaras y equipo de revelado, es una gran buena oportunidad para revisitar algunos de los momentos más importantes de las luchas de Izquierda de las últimas décadas en México y Centroamérica a través de la obra de uno de los lentes más destacados del quehacer cultural nacional.

ANTONIO TUROK: REFLEXIONES – ENTRE  LA ALEGRÍA Y LA DESESPERACIÓN

Museo Archivo de la Fotografía – Guatemala 34, Centro Histórico, CDMX

Entrada Libre – Hasta el 20 de febrero de 2017


Enrique Cedillo es pintor figurativo, ilustrador, diseñador. Arquitecto por la Universidad La Salle. Ha participado en numerosas exposiciones colectivas así como dos individuales: “Esperpenta” (2013) y “Lux in Tenebris” (2015), y es coleccionado nacionalmente y en el extranjero.