La la land, la película musical más reconocida en los Globos de Oro 2017 ya llegó a nuestros cines

Por Mariana Alhelí Saucedo García

Mia era barista en una cafetería de Hollywood, Sebastian un músico endeudado cuya pasión era el jazz. Tras encuentros fallidos él la sorprendió en su trabajo, caminaron por Hollywood y ella le contó que dejó todo para seguir su sueño: ser actriz. Pero la realidad era difícil, acudía a muchas audiciones sin éxito alguno. Cuando Sebastian hablaba sobre su música ella hizo una confesión que movió todo: “odio el jazz”. En seguida se encontraban en la mesa de un bar escuchando jazz en vivo, así es como ella debía sentirlo.

Sebastian (Ryan Gosling) y Mia (Emma Stone) conociéndose mediante la música.

 

Muchas de nuestras aspiraciones nacen de grandes figuras del pasado; este musical nos invita a recordarlas, por lo que nos presenta diferentes atmósferas construidas mediante trozos de canciones, escenas de películas y espacios de la ciudad. La la land rememora  la edad dorada de Hollywood con filmes como Casa Blanca,  músicos de jazz como Bill Evans y  lugares donde se grabaron musicales como La Calle 42. Es un modo particular de ver al cine; en una imagen nos muestra un mural con estrellas de Hollywood mirando una película: es el cine dentro del cine; el cine contándose a sí mismo de una manera arriesgada y novedosa al recurrir al género musical y representando lo vivo del pasado. Nos da historia, contextos y modos de ver el ahora.

Los protagonistas al terminar una cita saliendo de The Lighthouse Cafe ubicado en Hermosa Beach, Los Ángeles.

Echar una mirada hacia atrás nunca está de más; con preguntarnos, ¿cómo es que llegamos aquí?, ya comenzamos a jalar un hilo que podría darnos algunas sorpresas.

El cine, el jazz y la ciudad cambiaron, pero esta película resalta filmes que no debemos olvidar, un género musical que acelera nuestro ritmo cardáaco y lugares emblemáticos cargados de historia.

La la land juega  con el tiempo y nos provoca emociones que más de uno ha vivido. La trama nos recuerda aquellos momentos en los que hacemos un paréntesis en el tiempo y nos imaginamos otra historia, cuando nos contamos posibles acontecimientos y experimentamos ciertos sentimientos que, aunque imaginarios, no nos parecen tan ficticios.

La pareja contando una historia en París.

Si quieres conocer más sobre el director Damien Chazelle y la parte musical que estuvo a cargo de Justin Hurwitz, te recomendamos ver también Whiplash.