Len Howard descubrió que las aves vuelan y cantan no sólo por una necesidad biológica sino también para expresarse.

Por Ana Sofía Ibarra

¿Vivirías entre pájaros durante más de 35 años para aprender de su comportamiento, de sus cantos y de sus vuelos? Len Howard, musicóloga inglesa y amante de las aves, estaba convencida de que estos seres vuelan y cantan no sólo por instinto, sino también para expresarse, así que decidió emprender la aventura de habitar entre plumas, trinos y gorjeos por más de tres décadas para observarlas de cerca.

Cada vez que nuestra autora se sentaba a escribir las anécdotas de su particular modo de vida, los pajaritos jugaban a derramar la tinta sobre las hojas o a posarse sobre las teclas de la máquina de escribir. A pesar de todas las complicaciones que esto implica, fue reuniendo sus experiencias y las publicó en un libro titulado Las aves y su individualidad. El libro de Len Howard ha quedado prácticamente en el olvido, redescubrirlo nos ayuda a pensar nuevamente nuestra relación con la naturaleza.

Inmediatamente después de haberse mudado a la casa de campo que eligió para pasar el resto de sus días, mejor conocida como The Bird Cottage, instaló un baño y un comedero para aves. Sus alados amigos no se hicieron esperar. Pronto se volvieron sus fieles compañeros de vida, era común mirarla pasear por el bosque de Sussex, al sur de Inglaterra, con los hombros poblados de aves o revoloteando a su alrededor. Len sabía muy bien que si las aves le temían no podría estudiarlas, así que ganó tanto su confianza que algunas de ellas tomaban baños de sol colgadas de sus hombros. La relación que la mujer inglesa comenzó con estas pequeñas criaturas fue única: no las miraba con ojos de un científico que investiga su objeto de estudio, sino que aprendió a cohabitar con ellas, sólo así alcanzó un conocimiento íntimo de su naturaleza.

La mirada de Len Howard supo reconocer, venerar y resguardar la individualidad de cada ave. Así como toda hoja de árbol varía infinitamente respecto a las demás, cada ave es única. Ella era capaz de distinguir a cada una por su temperamento, su plumaje y la tonalidad de su canto. Tal como sucedía con Oakleaf, un ruiseñor macho que elegía una hoja seca de roble para utilizarla como escudo en sus peleas territoriales. Nuestra autora afirma que nunca había visto una característica igual en otro ruiseñor. Ella pudo penetrar en el mundo de las aves como quizá nadie lo ha hecho nunca.

Entre sus observaciones descubrió que las aves disfrutan de jugar entre ellas y de tomar baños de sol. Muchas de ellas persiguen la luz del ocaso cuando ésta comienza a escasear: a medida en que el sol se oculta van amontonándose en las ramas más altas de los árboles que aún son iluminadas por algún rayo de luz. Las aves son seres afines a la luz y cantan más durante el día, aunque algunas prefieren cantar melodías más melancólicas por las noches.

Su fascinación por el canto de las aves comenzó desde muy niña cuando una mañana la despertó un pajarillo que cantaba un ‘tip-tap’ y a ella le pareció como un “herrero encantado que martillaba sobre un yunque miniatura” en el bosque. Ella estudió con profundidad la sorprendente habilidad musical de las aves, la complejidad de sus cantos y su capacidad de invención o de imitación.

El vuelo de las aves es tan armonioso y musical como sus cantos. En palabras de la autora:

“El vuelo es un arte afín a la música, que tiene como base el ritmo y la sensación de movimiento, un espléndido medio de expresión que los pájaros, tan sensitivos por naturaleza, saben muy bien usar… [Cuando vuelan en bandadas] todos los lleva el mismo impulso o inspiración, y cada uno siente una conciencia supersensitiva de la interpretación de los otros… Puede decirse también que se trata de una intercomunicación entre diversas psiques bajo un impulso extraño.

Lo mismo que seres humanos de sensibilidad especial pueden unirse bajo el impulso de una misma emoción, es muy posible que así lo hagan los pájaros… Cuando los pájaros vuelan cerca de nosotros, volando rítmicamente en esos vuelos simultáneos, el efecto que producen sobre las personas sensibles a estas cosas es muy fuerte; hay una excitación y un estremecimiento que emanan de la bandada; el vuelo de los pájaros se siente a la par que se ve”.