“No me agrada cómo piensas, no me gusta cómo hablas y no me gustan tus aspiraciones, pero tu perfume y tu cabello están muy bien”

Por Teolinca Velázquez

Hace poco acudí a una reunión, en ella, una chica llamó mi atención:tenía su cabello largo, planchado, teñido de rojo; su maquillaje: delineado oscuro y seductor, sus labios rojos, su cuerpo curvilíneo vestido con una elección de ropas exactas para definir cada curva, zapatos altos que en cada paso provocaban un ligero contoneo de caderas. Su voz tenía un tono muy particular; me recordaba a eso que leí alguna vez sobre Marilyn Monroe: que durante el proceso de creación del personaje erótico que ahora conocemos (recordemos que su nombre real era Norma Jean, una chica sencilla y dulce en contraste con la actriz inmortalizada como un símbolo sexual) se le dio especial atención al tono voz pues tenía que ser dulce, sensual, que invitara a los hombres a querer tener sexo con ella. Sí, esta chica tenía un tono de voz similar.

Pero a mí no me interesaba tener sexo con ella, yo quería socializar. Así que le hablé y para sorpresa mía me encontré con un abanico de temas de conversación bastante corto: problemas de chicos, accesorios, ropa, bebidas alcohólicas, música y series. Dudo que ella pudiera darme una opinión sobre la situación nacional y tal vez ni recuerde la última vez que hojeó algún libro. La conversación entre dos personas es muy importante pues pone en evidencia la profundidad de ambos; demuestra cuánto tiempo se le dedica a embellecer el interior, tanto del alma como de la mente, algo así como esa frase guevariana: “Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no el corazón?”.

Luego pasamos a una sesión de karaoke y la chica en cuestión eligió una interesante canción que respondió indirectamente a mi reflexión anterior, la canción se llamaba My Humps de los Black Eyed Peas. Yo estaba horrorizada con la letra que salía en el monitor:

They say I’m really sexy

The boys they wanna sex me

They always standin’ next to me

Always dancin’ next to me

Tryin’ a feel my hump hump

Lookin’ at my lump lump

You can look but you can’t touch it

If you touch it

I’m a start some drama…

No es mi intención juzgar a la chica sino juzgar al sistema que nos enseña que las mujeres debemos ser sexy para poder llamar la atención en esta sociedad machista que sólo quiere un trozo de carne. Se nos enseña que no importa si no tenemos idea de cómo se llama el Secretario de Gobernación, que no importa si no hemos abierto un libro en años mientras tengamos nuestro cabello, nuestro cuerpo y nuestra cara listos para ser observados por el sexo opuesto y, sobre todo, para ser deseados. Disney no se equivocó al poner en labios de Úrsula, la villana de La Sirenita, las palabras:

Los hombres no te buscan si les hablas

No creo que los quieras aburrir

Allá arriba es preferido

Que las damas no conversen

A no ser que no te quieras divertir

Por algo son palabras cantadas por una villana, no es gratuito. Disney podrá haber dañado mucho la imagen de las mujeres y sus aspiraciones, pero algunas cosas son tan drásticas que sólo pueden ser puestas en los labios del malo o la mala de la película.

Porque esta sociedad machista, capitalista y consumista no desea mujeres pensantes, quiere mujeres deseables, atractivas por fuera, capaces de transmitir sexo en un respiro. Quiere mujeres florero que no estorben con sus opiniones, que sólo estén para consumir, ya sea productos de belleza, ropa de marca y bebidas alcohólicas; todo ello para sometimiento, adormecimiento, del poder y la fortaleza femeninas.
Pero no sólo se engaña a las mujeres, los hombres también son engañados pues se les hace creer que eso es lo que deben buscar en una mujer. Alguna vez conocí a un chico que decía adorarme pero él no respetaba mi pensamiento político, no respetaba mis aspiraciones por considerarlas utópicas, no respetaba mi trabajo y tampoco la gente con la que yo me reunía, todos iguales a mí; eso sí: mi cuerpo, mi cara, mi cabello y mi perfume, todo eso le encantaba, es decir que todo estaría bien mientras yo me mantuviera callada. Salí corriendo, yo no soy una muñeca.

No somos muñecas, no somos mujeres florero. No nos dejemos engañar pensando que sólo valemos si somos capaces de atraer la atención de un hombre, o de varios, pensando que es más importante comprar un tubo de maquillaje que comprar un libro, creyendo que es más importante la sensualidad de nuestro cuerpo que la profundidad de nuestra mente y la calidad de nuestra alma. Comenzaremos a ser respetadas en el momento en que nosotras mismas empecemos por respetarnos, entendiendo que no somos muñecas, somos mujeres pensantes con mucho que aportar.

Foto de portada: Wikipedia