El metro, la más fiel estampa de la sociedad chilanga, es colorido, digno y solidario; lugar de libros y poesía, de música y arte, de besos y suicidios

Por Enrique Cedillo

Mucho tiempo ha pasado desde aquel vertiginoso año de 1967, cuando un 19 de junio, en el cruce de la Avenida Chapultepec y la Calle de Bucareli dieron formalmente inicio las obras de construcción de la Línea 1 del anticipado Metro, como dimos, en cariño, a llamar al imponente tren metropolitano que sería gestionado por el Sistema de Transporte Colectivo (STC), organismo público descentralizado creado por decreto oficial tan solo un par de meses antes. En ese entonces, las necesidades de transporte de una ciudad cada vez más grande, moderna y cosmopolita rebasaban al incipiente sistema de camiones públicos que apenas podían cubrir la movilidad de una sociedad que empezaba a desplazarse de las periferias al centro diariamente, alineándose a la frenética dinámica económica de las demás grandes urbes del mundo.

El proyecto del metro era extraordinariamente ambicioso en todos los sentidos. En lo técnico, conectar toda la ciudad de norte a sur y oriente a poniente. Una ex-ciudad lacustre constituida en su mayor parte por terrenos fangosos difíciles para la construcción, máxime de obras subterráneas, presentaba un reto magnífico. En lo social, crear una red de transporte que de alguna manera se convirtiera en un lugar de encuentro, de identidad y confluencia de clases, horizontal por excelencia, era prioridad de quienes concibieron el proyecto. Importantes desafíos, pero las 12 líneas y 195 estaciones que hoy conforman el entramado dan cuenta de la capacidad capitalina de transformación y solución de problemas.

Muchos años han pasado, pero el Metro sigue siendo, acaso es hoy más que nunca, la columna vertebral de la gran mancha urbana. El metro articula vidas e historias y para los millones de nosotros que lo usamos a diario, vivir la ciudad sin él sería simplemente impensable.  En el metro se puede encontrar la más fiel estampa de la sociedad chilanga, que contrario a muchos estereotipos clasistas, es colorida, digna y solidaria. El metro es una parte esencial de la identidad arquitectónica y visual de la ciudad. El diseño modernista de sus estaciones es hoy una parte fundamental de nuestro imaginario, y además de inspirar artistas de toda clase; ha servido de escenario para películas que van desde El Mil Usos (Roberto Rivera, 1981) hasta la futurista Total Recall (Paul Verhoeven, 1990). El andén es lugar de libros y poesía, de música y arte; de historias lindas e historias trágicas; de besos y suicidios. El metro, digámoslo, es a veces sucio meadero y a veces adoratorio a Ehécatl. El metro es fascinante porque somos nosotros.

En este contexto, la inauguración del Museo del Metro, recinto vanguardista y  único en su clase, de alguna manera oficializa la vocación cultural del sistema y tiene todo el sentido en una ciudad que tiene una de las ofertas museísticas más amplias y variadas del mundo, sólo superada por Londres. Sus siete salas son un recorrido visual a través de su historia y sus fenómenos; nos permiten entender el metro desde todas sus perspectivas. El usuario encontrará planos originales que dan cuenta de los sistemas de cajón de túnel y muros Milano con que los ingenieros mexicanos resolvieron el problema de las excavaciones masivas, así como de la influencia de arquitectos como Enrique del Moral, Félix Candela y Luis Barragán en sus instalaciones, acompañados de fotografías históricas de las obras y eventos inaugurales. También está cubierta la historia de la identidad gráfica del metro, de su emblemático logo e iconos de estaciones diseñados por el estadounidense Lance Wyman (cuyo trabajo está muy presente en México, desde el logo de las Olimpiadas del ‘68 hasta el de la compañía de pastas La Moderna).

Así mismo, el museo alberga una colección de todos los boletos que el metro ha expedido desde su inauguración, lo cual es una verdadera experiencia, un viaje a través del tiempo y es la primera vez que se reconstruye parte de la mítica Imagen México (1969), la primer exposición multimedia que se hizo en suelo azteca y que se presentó en las 16 estaciones de la Línea 1, con la glorieta de Insurgentes como punto central, buscando ser un gran retrato del país, de su gente, de su territorio, su cultura y sus costumbres, su flora y su fauna. También vamos a encontrar en sus pasillos una amplia colección de figuras y objetos hallados durante las excavaciones y trabajos de los trenes, que van desde lo prehispánico hasta lo novohispano y que muestran que el Valle de México es un verdadero crisol cultural, uno de los lugares más ricos en pasado histórico del mundo.

Finalmente, el museo cuenta con una sustantiva colección de obras de artistas destacados en el panorama nacional, nombres como Raúl Anguiano, Alfredo Zalce, Leonora Carrington, José Luis Cuevas, Manuel Felguérez, Vicente Rojo, Vlady, Moreno Capdevila, Rufino Tamayo y Francisco Toledo, entre otros; piezas que forman parte del acervo de la Fundación Cultural Pascual y que buscan evocar la exposición Obras Maestras del Arte Mexicano (1962), que se presentó en el Petit Palais francés y fue uno de los puntos de inicio para las negociaciones que permitirían el intercambio tecnológico entre ambos países que dio pie a la construcción del metro.  El recorrido termina con ese espacio que se espera de cualquier museo que se respete: la tienda de regalos.

En conclusión, el Museo del Metro, que se encuentra dentro de las instalaciones de la Línea 12 de la estación Mixcoac, es una nueva oferta museística muy pertinente que rinde homenaje a uno de los grandes articuladores de la vida urbana, fuente de identidad y de intercambio cultural, espacio de tolerancia y motor económico de la megalópolis.  Hoy, que el alza en los precios de la gasolina y el cuestionamiento generalizado del uso particular del automóvil ha llevado a más personas a adoptar el metro como principal medio de transporte, este espacio refrescante se plantea como un nodo de dignificación, proyección y memoria.

____________________________

Museo del Metro

Dentro de las Instalaciones de la estación Mixcoac

Línea 12, STC Metro, CDMX

Entrada libre por tiempo limitado