Grandes extensiones de territorio nacional pasarán a ser reservas de energéticos de EU, pasando por alto derechos sociales y ambientales de las comunidades. Rex Tillerson, ex CEO de ExxonMobil, una de las petroleras más monstruosas, fue designado por Trump para conseguirlo.

Por Andrés Sierra

No perdamos de vista los peligros que representa, no sólo Trump, sino su equipo,  por eso, me gustaría dedicar ahora unas líneas a la importancia de Rex Tillerson, el nuevo Secretario de Estado de EU, hagamos igual énfasis en ellos que en el presidente estadounidense.

Justo antes de convertirse en el Secretario de Estado, Tillerson fue CEO de ExxonMobil, la corporación petrolera gigante que se encuentra entre las diez compañías más grandes del mundo, pasando por lo tanto de ser un pilar de la industria petrolera a un funcionario de altísimo rango dentro del gobierno norteamericano.

Nacido en Texas en 1952, Rex Tillerson sirvió a la compañía ExxonMobil desde 1975, hace más de 40 años; fue en el 2006 que se convirtió en su CEO. Impulsó inversiones de la compañía en todo el mundo, generando particularmente buenas relaciones con el gobierno ruso de Vladimir Putin con quien mantiene fuertes vínculos. También impulsó la exploración de hidrocarburos no convencionales, como el gas de lutitas o el petróleo en yacimientos antes no explorados. Firme promotor del libre comercio, apoyó la generación de tratados como el Acuerdo TransPacífico a favor de las corporaciones capitalistas y en contra de la regulación de sus actividades por los gobiernos locales. Se ha opuesto a todas las regulaciones contra el cambio climático argumentando que el mundo necesitará hidrocarburos por mucho tiempo, le guste a las personas o no.

Aunque escandaloso, ciertamente  no es del todo extraño que un alto ejecutivo de una compañía petrolera pase a ocupar un puesto de gobierno. El movimiento de empresarios, banqueros,  financieros y demás ejecutivos de los negocios a ocupar puestos públicos de gobierno o pasar después de puestos públicos a grandes cargos en el sector privado, es conocido como la puerta giratoria (‘revolving door’); el fenómeno de la puerta giratoria es cada vez más común y no solamente en EUA sino también en México, teniendo fuertes consecuencias tanto para la toma de decisiones como para el ejercicio de la política en nuestros países.

En efecto, ExxonMobil es una de las compañías más importantes del mundo; genera ganancias por encima de los 400 mil millones de dólares anuales,  ingresos mayores incluso que los de países enteros.  A pesar de que la compañía está acusada de violar los derechos humanos en diversos países en los que tienen inversiones, petroleros como Tillerson defienden gobiernos autoritarios, impulsan la destrucción del medio ambiente y hacen todo lo que está en su poder para lucrar, explotar petróleo y gas en todo el mundo.

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Para EU, el hecho de que sea un petrolero de profesión quien se encargue de llevar a cabo las relaciones diplomáticas con otros países implica, claramente, un interés en mantener el control sobre tantas reservas de petróleo y gas en el mundo como sea posible, al costo que haya que pagar.

Los intereses de las grandes petroleras norteamericanas que habrán de lucrar extrayendo y explotando hidrocarburos en el planeta serán defendidos claramente por Tillerson, mientras que se vuelve altamente improbable que EU vaya a impulsar el desarrollo de energías alternativas o el abandono de los combustibles fósiles.

En una situación en la que las temperaturas de todo el mundo han incrementado por las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, Tillerson significa más de lo mismo y un probable abandono de intentos por cambiar el modelo de consumo energético en el gobierno de Norteamérica.

Probablemente una de sus fortalezas será que sabrá negociar con otros países a la manera en la que se imponen los intereses de las compañías privadas en otras instancias  de negociación. El problema será que no está ahora como líder de ExxonMobil, sino como representante de toda una nación, lo cual implica otra serie de responsabilidades que habrá que ver cómo atenderá.

En este punto, es importante recordar que este funcionario no fue elegido por el voto popular, sino designado directamente por Trump para ser ratificado posteriormente en el Senado de EU. Quiere decir que no es a los votantes a quienes el nuevo Secretario de Estado le interesa responder, sino a  las grandes petroleras y demás corporaciones capitalistas como la compañía a la que dedicó toda una vida. La cara que ofrecerán desde EU al resto del mundo será una en la que los intereses del gran capital se pondrán primero a los de los pueblos afectados por el cambio climático o la violación de sus derechos humanos, como ha aprendido a hacer Tillerson en sus años de petrolero, todo acompañado del slogan ‘America First’.

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¿Qué implica Tillerson para México?

Los intereses del petróleo gobernando Norteamérica implican que todos los territorios del continente estarán dedicados a la extracción masiva de tantos combustibles fósiles como sea posible.

Canadá y México se convierten en las reservas naturales y estratégicas de los estadounidenses. Los ritmos de consumo de hidrocarburos que requieren la industria, el ejército y el estilo de vida norteamericano afectarán la manera en la que los territorios mexicanos se administran. Grandes extensiones del territorio nacional pasarán a ser reservas de energéticos, útiles solamente para extraer gas o petróleo, pasando por alto los derechos sociales y ambientales de las comunidades que viven en ellos.

Esto se refleja en los planes quinquenales de la Secretaría de Energía, así como la firma de contratos y generación de licitaciones de la Comisión Nacional de Hidrocarburos. Se están entregando cada vez más bloques de territorio para exploración y explotación, a inversionistas privados tanto de México como del extranjero.

Pemex se está asociando con empresas privadas para llevar a cabo sus operaciones, y no será extraño que entren cada vez más compañías petroleras norteamericanas al negocio de los hidrocarburos con las reservas mexicanas, que son propiedad de la Nación, y por las que se hubo de librar una dura batalla hace ya muchos años.

Nos encontramos frente a la entrada descarada de las petroleras norteamericanas, y de los intereses no solamente de ExxonMobil, sino Chevron, BP, Shell, etc. A casi un año de las elecciones presidenciales en nuestro país, habrá que ver cómo reaccionan los candidatos a la presidencia de México ya que es muy probable la colaboración directa con la alianza corporativa que ocupa la presidencia de EU y sus representantes. Ciertamente esto es lo que desean los norteamericanos.

Tengamos por seguro que buscarán influir la elección de nuestro país, por lo que nos corresponde poner el asunto energético en la agenda. Habrá que ser cautelosos pues no se trata tampoco de tener un discurso nacionalista sumamente ideologizado para impulsar la explotación petrolera solamente por la industria mexicana.

La crisis actual demanda respuestas firmes y profundas. La oposición al grupo representado por Trump, Tillerson y compañía debe ser radical, organizada, comprometida y tenaz: el asunto energético debe ser atendido no desde las élites político-empresariales, sino desde abajo. Necesitamos ir más allá del paradigma energético actual, incluso más allá de los partidos políticos, hacia la organización de bases excluidas por clase social o color de piel, trabajar para reconstruir desde abajo la forma de tomar decisiones en México.

Foto de portada: Vanguardia