Por Andrés Sierra

¿Estamos asistiendo a la desaparición de un ecosistema milenario?

Es conocido que las áreas naturales de Xochimilco se han ido degradando en los últimos años. La extinción casi segura del Axolotl en las generaciones inmediatas, las grietas en los canales, la contaminación de sus aguas, el desgaste de su suelo y la tremenda situación de desigualdad que padecen algunos sectores de su población. Por más intentos que se han realizado desde diversos grupos gubernamentales y consejos de ciudadanos, la degradación ambiental de estos espacios parece alcanzar puntos cada vez más profundos e irreversibles.

Esto puede ser entendido como una mala administración de los recursos existentes, como un problema de crecimiento poblacional o urbanización descontrolada. Éstos, por supuesto, son elementos importantes para entender lo que está ocurriendo y contribuyen a dar explicaciones que permitan atender los problemas más inmediatos que se enfrentan. Pero quisiera proponer que una de las razones más relevantes para que se presente y que la raíz misma de esta situación es el hecho de que Xochimilco se ha convertido en una mercancía.

La mercantilización o conversión en mercancía de los espacios naturales, tradiciones, flora, fauna y gente de Xochimilco es el punto de partida de las problemáticas de agotamiento del agua en los canales, extinción de especies e inclusive desigualdad social.

Los canales se convierten en mercancía que puede ser vendida: se vende la experiencia, se vende el poder pasar un tiempo en esos lugares o se vende literalmente el terreno, flores, animales y demás elementos que componen esta delegación. Todo esto sienta las bases para que, como cualquier otra mercancía, Xochimilco sea consumido, explotado y sobre-explotado al punto de no poder sostenerse más sin la intervención directa e intencionada de las autoridades políticas.

El convertir los canales en mercancía, por ejemplo, permite que puedan ser vendidos en la experiencia turística de las trajineras. Esto implica además que el disfrute de ellos dependerá del dinero que alguien tenga para acceder a la experiencia de estar en ellos.

La mercancía es además vendida buscando la máxima ganancia, por lo que se utilizarán las trajineras todo el tiempo que sea posible, los días que se necesite, con la gente que quepa y dándole al cliente lo que pague. Poca preocupación hay sobre la forma en la que el golpeo constante de la tierra pueda generar grietas, la contaminación del agua desgaste los suelos o se pierda la fauna local. Todo esto pasa a segundo plano siempre y cuando la mercancía pueda seguir siendo vendida.

Crecí viendo morir un río

Pero el problema no es que se busque vender para que se sostenga la población del lugar. Ciertamente es entendible que los pobladores de Xochimilco encuentren una manera de utilizar los recursos que tienen a la mano para generar ingresos. También que la administración misma de los territorios de Xochimilco entienda el potencial para generar ingresos económicos que tiene esta Delegación. Sin embargo, la utilización mercantilista del agua y los canales generará tarde o temprano nuevas crisis, nuevas situaciones de riesgo, y de peligro para el sostenimiento del estilo de vida de las poblaciones existentes.

Las comunidades dependen y seguirán dependiendo de los recursos que tienen a la mano, pero esto es muy diferente a la sobre explotación de los mismos en un sentido mercantilista que tiene como único objetivo la generación permanente de ganancias económicas. El problema llega entonces cuando la defensa de los canales se realiza únicamente para seguir vendiéndolos, no para respetar las formas de vida comunitarias que se han construido en torno a ellos. Esto implica incluso que la población local no disfrute de la plenitud de riquezas generadas con la venta de la mercancía o pague el precio de que se destruya su propio hábitat. Se pone en primer lugar al dinero y se consolida una forma particular de relación entre naturaleza y sociedad.

Este sistema se agrieta y no solamente por las fracturas en el suelo que permiten el paso del agua. Las grietas se vuelven visibles en la extinción de la fauna local, en la contaminación del agua, en la desaparición de las variantes locales del idioma náhuatl o la pérdida de las costumbres y formas de vida locales. Por todos lados aparecen grietas, porque no puede convertirse ni a la sociedad xochimilca ni a sus áreas naturales en mercancía sin generar consecuencias por su abuso como bien de consumo.

Podrán ser reparadas las grietas en los canales, pero la problemática subsiste y se reproduce de diversas maneras. Estamos llegando al punto en el cual todo el edificio colapsa, porque las fracturas aparecen en todos lugares. La solución es ir más allá de la forma-mercancía como la manera dominante de vivir y experimentar Xochimilco; está en pensar formas nuevas y distintas de relacionarnos entre los seres humanos y con nuestro entorno, que no tengan como principal motivante la generación de ganancias.

Foto de portada: La Capital.mx