Por Alejandro Esquivel

Una compilación de poentos C´est l´amourgue

Sobremuriendo I: Sin diamantes

“And anytime you feel the pain

Hey, Jude, refrain  Don’t carry the world upon your shoulders”  

The beatles.  

¿Qué es esta tibia humedad,

la que siento aquí,

en mi costado izquierdo?

Yo sólo me colgué del trole,

desde mi cantón,

en la Guerrero,

como un ídem,

y le caí acá, a Tlatelolco.

Primero, el jale con la banda.

Luego el rollo de los oradores.

Más tarde,

una luz en el cielo sin diamantes.

Sonido como de matracas.

A correr, todos a correr.

¿Alguien me puede explicar?

Yo sólo me colgué del trole,

desde mi cantón,

en la Guerrero,

y le caí acá, a Tlatelolco.

Les escucho: soy todo oídos.

Soy todo ojos.

Soy todo piernas.

Soy todo brazos.

De hecho…

Soy  todo sangre.

Y sigue siendo un instante

                                                                       “Newspaper taxis appear on the shore

                                                                        Waiting to take you away

                                                             Climb in the back with your head in the clouds

                                                                    And you’re gone.”  The Beatles.

Sobremuriendo II: Veinte calles

Son los sucesos a través del tiempo

los que nos vencen.

Es esa bendita maldición

más antigua que los dioses

la que nos desgasta.

Y henos aquí,

en este bar del tedio.

Veo tu rostro

[vencido]

Tú ves el mío

[vencido]

¡Qué soberbio telón de fondo!

Ese estribillo monótono,

vacío, decadente, en ruinas;

amalgamado con esa luz de neón intermitente,

monótona, vacía, decadente, en ruinas.

Quién hubiera dicho, hace veinte años,

[Gardel se equivocó, veinte años es todo.]

que tus ojos de mar Caribe,

hoy surcados de dejá vous,

habrían algún día de secarse.

Hoy convertidos en témpanos.

Hoy convertidos en un paisaje inhóspito y lejano.

¡Si éramos dioses, éramos montañas, éramos grito!

Llevamos cuarenta minutos sentados,

tres cervezas y cuatro palabras,

o posiblemente algunas más,

entre éstas, tu pregunta:

¿Hay alguien que te espera?

Mi sonrisa amarga, y mi respuesta

con olor a cebada: No.

Descubro tu arrebato pasional hacia el mesero.

Lo estás deseando, lo sé.

Pero sé también que hace veinte años,

me deseabas más que a tu juventud lejana,

más que a tus sueños perdidos,

más que a tu seguridad en el mañana.

Tu amante de cinco segundos nos trae la cuenta.

Salimos.  La noche es fría.

Nuestro auto no está, nuestro chofer no está.

Se quedaron en el techo del hotel barato

donde los inventábamos.

Tomas un taxi. Te sigo con la mirada.

[mi última mirada]

Camino, camino, camino.

No fumo, pero en este instante me gustaría hacerlo.

Han sido doce calles o quizás veinte, no lo sé.

[son oscuras y hermosas]

A lo lejos, bajo una tenue luz,

alcanzo a distinguir una figura,

saca un objeto de entre sus ropas,

despide un destello,

una luz en el cielo sin diamantes,

es el filo de mi encuentro.

Mentí, ahora lo sé…

Alguien me espera.

Foto de portada: Pixalas