Ante un porvenir teñido de rojo, los guerrerenses han tomado la mano que ha extendido la policía y el ejército.

Teolinca Velázquez

Durante mi último viaje a Acapulco pude percatarme de que por doquier se erigían templos dedicados no solamente a una deidad católica o judeocristiana, sino también a otros tipos como la astrología. Al subir al taxi me encontré con diferentes volantes que ofrecían una salvación espiritual. Fue inevitable preguntarse ¿es esto producto del incremento de la violencia que ha azotado a Guerrero en los últimos años?

Desde el año 2006 que comenzó la guerra contra el narcotráfico, Guerrero se ha convertido en sinónimo de muerte: la tasa de homicidios ronda los 67 por cada 100 mil habitantes según INEGI; estas “agresiones” se han convertido en la tercera causa de muerte sólo después de la diabetes y los ataques al corazón. Los más de 200 mil muertos en los últimos once años han provocado en Guerrero cifras que en otros países sólo se verían en casos de guerra y epidemias. La desesperación se huele en Guerrero: militares y policías por todos lados, noticias de varios crímenes y muchos otros que no son noticia pero suceden cada día.

A la par con el aumento  de la criminalidad también está el aumento de la pobreza que siempre ha caracterizado a Guerrero. Por un lado la bella bahía y las grandes cadenas de hoteles y por el otro, el ejemplo de miseria mexicana. Al índice nacional de 3.3 millones de hogares con extrema pobreza, Guerrero le aporta 244 mil, esto es un 25 por ciento que equivale a que una de cada cuatro familias guerrerenses se encuentra en pobreza extrema. ¿cómo se puede escapar del olor a muerte e inanición que se respira cada día? Buscar un dios parece ser que ha sido la respuesta.

Mañas

Es un hecho, la esperanza de vida en Guerrero ha disminuido en hombres y mujeres jóvenes. El ambiente que percibí por las calles me recordó aquel viejo proverbio: “Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, Y vuestra calamidad llegare como un torbellino; Cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia. Entonces me llamarán, y no responderé; Me buscarán de mañana, y no me hallarán.”  ¿Hallarán respuesta los guerrerenses?

Si hay algo que se equipara con la presencia de diferentes capillas o centros de reunión espiritual, es la propaganda política. Ambas buscan resolver el mismo conflicto, ambas prometen las mismas cosas: seguridad y protección, una del alma y la otra del cuerpo. No se necesita pensar mucho para saber que están respondiendo a una misma necesidad y que la población necesita de algo que le haga sentir segura ante un porvenir que viene teñido de rojo.

Y es aquí cuando las aves de rapiña comienzan a sobrevolar el cuerpo tendido. Jeeps y camionetas repletas de militares y policías federales pululan entre las calles, ¿Qué puede ser más efectivo que una promesa divina o política? Un fusil. Entre que si dios existe o no existe; entre que si el político cumple o no cumple, aquí está el militar, aquí está el policía, caminan entre nosotros, están presentes, visibles, tangibles.

Pero en  la historia de México ni el ejército ni el cuerpo de policía ha estado relacionado precisamente con la salvación, sino con la muerte de muchos mexicanos que han luchado por su pueblo, con la violación de los derechos, con la erradicación de comunidades enteras; al ejército no se le asocia con la vida sino con la muerte. En Guerrero están buscando un dios, y extiende la mano el policía.

¿Y qué representan el policía o el militar? El recrudecimiento de quienes ejercen el poder, el control del Estado sobre los mexicanos, la violencia para erradicar la violencia, el lamento de los padres de 43 desaparecidos. En Guerrero están buscando un dios y atiende al llamado la muerte.

Foto de portada: Animal Político