Protestas reprimidas, el aislamiento internacional de Estados Unidos por su salida del Acuerdo de París y el fracaso de Videgaray como canciller por no lograr que Peña dejará de figurar como sombra de Trump

Por Carlos Delgadillo

Alemania fue anfitrión de la reunión anual del G20, el grupo que reúne a las economías más desarrolladas junto con las principales “emergentes”, entre las que se encuentra México. La sede fue la ciudad de Hamburgo, a orillas del Elba, en el norte del país.

El evento despertó interés por varios motivos. Uno de los principales es que fue la primera reunión en la que participaría Donald Trump. La reunión del presidente norteamericano con Vladimir Putin, en medio de las acusaciones de intervención rusa en las elecciones norteamericanas, acaparó la atención. Pero también era necesario conocer la postura de Trump sobre el Acuerdo de París, después del anuncio de que Estados Unidos se retiraría, debilitando los esfuerzos contra el cambio climático.

Reunión Peña-Trump

En México, la entrevista de Peña Nieto con Trump era lo más interesante, a unas semanas de que inicie oficialmente la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Sería la primera vez que se encontrarían, ya ambos como mandatarios, después de una visita cancelada por Peña Nieto a principios de enero, que marcó el punto más bajo en la relación bilateral en muchos años.

Como se sabe, el gobierno mexicano invitó a Trump a visitar Ciudad de México cuando el multimillonario todavía era candidato, lo que a Peña Nieto le provocó una ola de críticas y además un serio distanciamiento con Hillary Clinton y con el entonces todavía presidente Barack Obama. Luis Videgaray, el artífice de la visita, tuvo que dejar su cargo en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Pero cuando se consumó la victoria, para muchos sorpresiva, de Donald Trump, Videgaray fue colocado en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), relevando a Claudia Ruiz Massieu, con quien, se dice, había tenido fuertes diferencias, justo por el trato que se le dio al magnate en su camino a la Casa Blanca.

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Todavía unas semanas antes de la cumbre en Hamburgo, Videgaray, recientemente derrotado en sus esfuerzos por sacar adelante una declaración de la Organización de los Estados Americanos (OEA) contra el gobierno de Venezuela, tuvo que refutar un nuevo tuitazo de Trump, quien calificó a México del “segundo país más peligroso del mundo”.

Ése era el contexto de la reunión de Peña Nieto con el problemático presidente estadounidense. Lo que se quería era evitar el tema del muro y enfocarse en temas de cooperación bilateral, sobre todo en materia económica, de seguridad y migración, en una especie de adelanto exploratorio de lo que se trabajará en el nuevo TLCAN.

Los dos presidentes dieron una rueda de prensa antes de dialogar. Todo fue muy cordial. Pero ya finalizada la serie de declaraciones, una voz anónima entre los periodistas le preguntó a Trump en inglés si todavía pensaba que México debía pagar por el muro. La respuesta, que bien pudo eludirse o evitarse por motivos diplomáticos, llegó. “Absolutamente”, dijo Trump. Eso fue suficiente para la prensa internacional y la mexicana. Poco o nada de todo lo que los dos jefes de Estado pudieron haber dialogado tras bambalinas o de lo que declararon fue tan destacado como esa nueva provocación, ahora de frente y con Peña Nieto a medio metro.  

Cuestionado por los medios, Videgaray afirmó que no escuchó nada, que por ello no tenía nada que desmentir. Se esforzó por dejar claro que el tema del muro no fue tocado en la reunión y que había otros asuntos más importantes que sí se platicaron. Fue vano su esfuerzo. Las notas en la prensa se enfocaron justo en lo que él quiso evitar. Fue un nuevo fracaso para él como canciller.

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El cambio climático

Para la anfitriona Angela Merkel quizá uno de los puntos más importantes de la cumbre era definir si Estados Unidos rectificaría o no su postura en relación con el cambio climático y el instrumento que ella impulsa y defiende, el Acuerdo de París, firmado en 2015 y en vigor desde noviembre de 2016.

Trump, sin embargo, en contra de todos los demás miembros del G20 (y de 97 partes firmantes), ratificó que Estados Unidos dejaría el acuerdo. Merkel expresó su desacuerdo y su decepción públicamente.

El presidente norteamericano actuó solo, en contra de la totalidad de los firmantes, como cuando anunció la retirada de su país del Acuerdo Transpacífico (TPP). La diferencia es que el TPP prácticamente quedó sepultado tras la retirada de Estados Unidos. En cambio, el Acuerdo de París seguirá adelante. Con nuevos liderazgos europeos como el de Emmanuel Macron, presidente de Francia, Merkel tiene nuevos aliados frente a los políticos aislacionistas anglosajones: Theresa May en Reino Unido y Trump en Estados Unidos.

Merkel debe considerar como una victoria el hecho de que tanto Rusia como China no abandonarán su compromiso de reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Trump podrá presumir ante sus votantes más recalcitrantes su postura retadora, que lo lleva a reiterar también lo del muro con México. Los líderes mundiales de Hamburgo le han hecho ver, sin embargo, que si quiere aislamiento, eso tendrá.

Moscú y Pekín, con sus intentos de expandir sus áreas de influencia, no podrían estar más contentos: un recogimiento de Estados Unidos puertas adentro les permitirá actuar con mayor libertad, todo lo contrario de lo que tuvieron con Obama y de lo que hubieran tenido con Hillary Clinton.

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Las protestas

Las habituales protestas en este tipo de cumbres fueron particularmente fuertes en Hamburgo, con una intensidad no vista desde hace años. De varios países europeos contingentes de activistas de todas las denominaciones se trasladaron a la ciudad alemana. Hubo jornadas violentas, destrucción de patrimonio público y privado, enfrentamientos con la policía, que se vio obligada a utilizar tanquetas, chorros de agua, gas pimienta. Afortunadamente no se registraron víctimas fatales.

Como ya es habitual, los grupos de izquierda radical, anarquistas y comunistas, fueron los más activos. Sus consignas se dirigieron contra el capital financiero, las transnacionales, la globalización, que consideran excluyentes y dirigidas por élites políticas y económicas, conservadoras y represivas. La presencia de Trump sin duda fue un aliciente para sus manifestaciones. Son los “globalifóbicos”, como los bautizó Ernesto Zedillo allá en los años noventa.

En la prensa alemana se habló de un “turismo de la destrucción”. Nosotros le llamaríamos “turismo del desmadre”. Muchos jóvenes hallan oportunidad de viajar a otro país movidos por su ideología y sabiendo que los destrozos que provoquen no les acarrearán mayores problemas. Simplemente vuelven a sus lugares de origen.

Hay que resaltar la presencia de otro tipo de activistas, los de tendencia más bien ecológica, cuya bandera principal es la lucha contra el calentamiento global. Con una imagen que recuerda a los hippies de los 70, este tipo de luchadores sociales suele realizar protestas pacíficas, tranquilas, más creativas. Su mensaje es contundente, pero optan formas más “blandas” de hacerlo llegar.

Si en su primera cumbre del G20 Trump fue recibido por una líder que no concuerda con él en la mayoría de los temas, en la del año próximo, que se realizará en Buenos Aires Argentina, puede ser que encuentre en su anfitrión a alguien más cercano ideológicamente, el presidente Mauricio Macri, un empresario y multimillonario ubicado en la derecha, como él.

Para cuando se realice esa cumbre, en México probablemente ya tengamos un nuevo presidente electo y el nuevo TLCAN ya tendría que estar casi definido. El Peña que asista a Buenos Aires ya será prácticamente un “pato rengo”, una figura por reemplazar y sin mayor capacidad de decisión. Si en Hamburgo no figuró, en Argentina será casi una sombra.

Foto de portada: UK express