La falta de oportunidades hace a muchos tener que dejar sus hogares

Por Teolinca Velázquez

Una migrante estudiantil proveniente de Oaxaca nos cuenta su historia, similar a la de muchos otros jóvenes que en algún momento de sus vidas tomaron la decisión de dejar su casa para ir en busca de un mejor futuro. Ella se llama Zandra y  comenzará sus estudios universitarios el mes de agosto en la Universidad de la Ciudad de México en la carrera de Creación Literaria.

La migración estudiantil es un fenómeno al debemos prestarle atención. Es interesante saber por ejemplo que por lo menos la mitad de los estudiantes que emigran son de un mismo estado pero de otra localidad, apenas un 1% decide dejar el país. También, como en el caso de Zandra, 5 de cada 10 migrantes son mujeres.

Antes de continuar, conozcamos un poquito más sobre Oaxaca, el estado de Zandra: Si en Oaxaca formaramos a 10 ciudadanos nos encontraríamos con que siete de ellos no tiene acceso a seguridad social, seis de ellos se encuentran en pobreza, cinco no tienen los servicios básicos en sus casas y tres de ellos se ven afectados por el rezago educativo.  Condiciones como éstas aluden a la población a migrar a otros estados en busca de mejorar la calidad de vida: aproximadamente de cada 100 oaxaqueños que migran, 30 se van a la metrópoli conformada por el Estado de México y la Ciudad de México, esto es la zona central del país.

Crecí viendo morir un río

El rezago educativo puede manifestarse de varias maneras: en el caso de la Educación Superior, la inversión es más notoria en las grandes Universidades, lo cual provoca que las escuelas a nivel regional padezcan de varios males tales como corrupción, inactividad, poca actualización, pocos lugares y sobre todo la poca o nula calidad del aprendizaje que ahí se enseña.  Nos cuenta Zandra que “En la facultad de medicina de la UABJO más de la mitad de estudiantes entran por mordida, la otra parte son recomendados y la que resta son los que pasan en el examen.”, por lo cual muchos jóvenes se ven obligados a migrar o abandonar los estudios pues no tienen los recursos para conseguir un lugar, al igual que Zandra, quien después de presentar el examen de ingreso a medicina, no pudo quedarse porque  no juntó los 80 mil pesos que le pedían para obtener un lugar.  Fue entonces cuando sus padres decidieron apoyarla para estudiar en la capital.

“Hay diferencias notables, (entre la Universidad en la Ciudad de México y las Universidades de Oaxaca)  una de ellas sería la impresión que me di al ver que mi universidad contaba con un comedor con el costo de $10 la comida, lo que en Oaxaca nadie se hubiera preocupado a proponer”, dice Zandra, los centros estudiantiles de mejor prestigio y preparación se encuentran ubicados en las grandes metrópolis, por lo que, miles de jóvenes alrededor del mundo se ven obligados a plantearse una decisión trascendental: mejorar sus oportunidades y abandonar el lugar de origen o permanecer en donde han estado toda su vida.

Yo no soy una muñeca

La forma en cómo se han ido construyendo las ciudades, no solamente en México sino a nivel mundial, ha permitido que tanto los que habitan en la periferia deban trasladarse diariamente a la zona centro, como el hecho de que los que viven en las regiones más apartadas se encuentren frente la disyuntiva sobre si es necesario migrar hacia el centro del país pues la distancia que existe entre la gran urbe y las demás regiones es proporcional a la calidad de vida que tengan sus habitantes.

El pensamiento capitalista globalizado que nos rodea nos ha enseñado a considerar la migración como un progreso, como una medida positiva que promueve el cambio, el desarrollo y la superación personal. El sueño americano nos enseñó a pensar que todo aquel capaz de abandonar su tierra y su parentela en busca del éxito, lo puede encontrar. El problema se encuentra cuando este pensamiento induce a olvidar las regiones de origen pues una vez que los estudiantes egresan, pocos son los que se preocupan por su estado natal. Zandra considera que estudiar en la CDMX es un progreso personal para ella, “porque aprendo nuevas cosas en otro entorno, esto me ha llamado más la atención”. Esto, por su lado, ha sido influenciado por la desilusión de las muchas carencias educativas que sufre su estado, “los recursos para la educación son desviados constantemente, todo se ve ocultado entre magisterio y gobierno y no llega a su finalidad principal, la educación”, nos cuenta.

Esta es una polarización progreso/fracaso que va más allá de las decisiones personales. La migración estudiantil no se trata solamente de una decisión personal que vaya a cambiar mágicamente la vida del estudiante, se trata del desequilibrio regional entre la oferta educativa y la calidad y el prestigio de las instituciones educativas. (UNESCO).

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Sin embargo, no todo está perdido pues aún hay jóvenes dispuestos a invertir sus conocimientos y su trabajo en sus lugares de orígen; Zandra nos cuenta: “Me gustaría aportar o hacer proyectos culturales, ya que pese a los conflictos del estado, no deja de ser un lugar lleno de cultura”.

Existen muchos caso como el de Zandra.  No se trata solamente de una decisión tomada de forma personal sino también de alguna manera forzada por la corrupción, la inseguridad y en general las malas condiciones que genera el rezago educativo, el abandono a la educación. Inicialmente se ha concebido a la migración como una situación de progreso y desarrollo personal, ahora la migración no está cumpliendo esa función, está fungiendo como la prueba más evidente del desequilibrio económico y la injusticia social.

Foto de portada: La Jornada