Este biopic (si es que lo queremos llamar así) hay que verlo. Y voy a ser sincero. No tenía ni “papa” de la existencia de este documental hasta que el pasado jueves oí hablar muy bien de él en un programa radiofónico de esos de madrugada y que -válgame Dios- no es el “Hablar por hablar”. Y eso que ha ganado el primer premio en los BAFTA, en el In-Edit y hace nada, el Óscar. Uno no puede estar en todo, sorry.

“Searching for Sugar Man” es una historia conmovedora llena de humanidad y de misterio, decía el entendido en cine… ¡Y de una música deliciosa, maravillosa y conmovedora -apunto yo-! Las canciones del cantautor norteamericano Sixto Rodríguez no sonaban nada bobaliconas o a cochifritos ñoños. Una voz cálida salida de una boca llena del vaho que provoca el frío acojonante de Michigan. Un hombre que no es otra cosa que la sombra de un inmigrante mexicano en plena vorágine de Detroit. Un escritor de letras inteligentes y ácidas a las que arma tan sólo con su garganta y una guitarra acústica. Tras unas gafas oscuras y una espalda encorvada, se esconde la sombra socio-crítica de una especie de Bob Dylan que se dedicaba a los apaños y a la construcción. Un tipo místico, melenudo y delgaducho que normalmente deambulaba sin blanca intentando convencer a las profesionales de la calle para al menos un ratito de charla. Drogas, putas, … No precisamente las puertas del cielo.

Rodríguez, músico al fin y al cabo, en el que un par de productores en absoluto mojigatos (uno de ellos trabajaba haciendo descubrimientos para la Motown, el otro lidió por ejemplo con The Cure) vieron un filón en él para vender discos, sin embargo la gallina de los huevos de oro les salió rana. Dos largos se plantearon en este intento de despegue: “Cold Fact” (1970) y “Coming From Reality” (1971). LP’s que apenas vendieron copias en Norteamérica pero -mira tú por dónde- se hartó de sonar por el país sudafricano hasta convertirse en un ídolo mayor que el mismísimo Elvis Presley. El joven director sueco Malik Bendjelloul retrocede en el tiempo para recordarnos, mejor dicho, darnos a conocer a miles de espectadores, como la música de Rodríguez, desde que cuentan llegó en la maleta de una turista, no paró de grabarse de pletina en pletina. De venderse. Se convirtió hasta en himno reivindicativo en la lucha anti-Apartheid.

¿Y dónde leñes se había metido este ídolo de las masas sudafricanas? Se preguntaban… En especial el tendero de la tienda de discos “Magu Vinyl” Stephen Segerman que hacía su agosto vendiendo miles de copias del “Abbey Road” de The Beatles, “Bridge Over Troubled Water” de Simon & Garfunkel y (¡tachán!) “Cold Fact” de Sixto Rodríguez. Entonces no rulaba internet y encima el déspota presidente Botha tijereteaba todo que no le interesaba. Pasan los años y se hace justicia, pero una interrogante sigue en la mente de todos, especialmente la del tendero de Cabo Verde: ¿cómo murió verdaderamente? Poco más sabemos de Rodríguez que sus surcos, sus canciones, sus dos portadas y sus letras. Corre el bulo de que en un concierto se roció de gasolina y se prendió fuego, otro que se voló los sesos… Si estuviese vivo rondaría los 70 años. ¿Y si está vivo?

Se pone en marcha el plan Sugar en cartones de leche –eso tan típico en los yankees- se abren foros de internet, sí, por fin ésta llegó… Y voilà, una pista seria de puño y letra de una de sus hijas, Eva. Hasta aquí podéis leer chicos, ahora toca ir a verla. Y escucharla.

Foto de portada: Fotogramas

Por DensoMag