Por Luis Roncayolo

El puño de la Tierra impactó tu quijada,

un puño devastador a esta mi ciudad amada,

que ha vivido tumultos, conquistas,

y revoluciones.

Mi ciudad de México, aguanta,

como Job que aguanta apuestas

entre Dios y Satanás,

porque tus tragedias

no debidas a los hombres,

las desata nuestra Tierra,

y sus volcanes feroces…

 

Mi ciudad de México, aguanta,

aguanta el silencio de tus voces sepultadas,

como aguantaste los cañones de Villa,

el ultraje de gringos y franchutes,

y la pisada del caballo acorazado,

pues aquí sigues parada.

Y aunque fuiste el águila caída

del último Tlatoani,

Fénix en medio de tus pies quemados,

renaces, renaces convencida.

 

Mi ciudad de México, aguanta el movimiento

de esta madre grande y severa,

nuestra Tierra,

que aunque violenta y despiadada,

te levantas sobre ella,

te levantas nuevamente,

en tu larga historia de tragedias,

movimientos

y grandeza desatada.

 

Foto de portada: Rpp