Invisibles para las autoridades, la sociedad y los grandes medios, los vecinos de la unidad habitacional Tepozanes en el Estado de México lidian con el miedo de perder sus casas tras el sismo del pasado 19 de septiembre.

Por Enrique Mendoza Ruiz

La tarde del pasado 19 de septiembre Óscar Flores López tuvo que trasladarse rápidamente desde Ciudad Netzahualcóyotl hasta el departamento donde estaban su esposa e hijo en la unidad habitacional Tepozanes, ubicada en el municipio de La Paz, Estado de México. Un sismo de 7.1 grados en escala de Richter había cimbrado el centro del país provocando la muerte de 338 personas en diferentes estados* y que el hogar donde Óscar había vivido con su familia desde hace 21 años se hundiera casi un metro bajo el suelo.

Como una herida abierta en la tierra buena parte de la unidad habitacional Tepozanes fue atravesada por una grieta que dejó varios departamentos inclinados, vidrios rotos, puertas y muebles averiados, y cientos de fisuras en numerosas paredes, techos y pisos que llenaron el ambiente de un intranquilo aire de inestabilidad. De acuerdo con los vecinos, cinco horas después del temblor trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) enderezaron un poste de luz que había caído sobre uno de los departamentos, pero la energía eléctrica no se restablecería en Tepozanes sino hasta después las once de la noche. El agua sigue sin volver a sus casas, mientras que las autoridades se pusieron en contacto con ellos hasta dos días después del desastre.

De acuerdo con el medio local Oriente Capital, fue tal la desesperación de algunos vecinos ante el silencio de las autoridades que un día después del temblor decidieron bloquear la calzada Ignacio Zaragoza a la altura del distribuidor vial de La Concordia y la carretera federal México-Puebla para exigir una revisión en su unidad que pudiera descartar el riesgo de que sus viviendas pudieran caerse. La respuesta de las autoridades estatales y municipales fue prometerles a los vecinos indignados la llegada de elementos de Protección Civil a cambio de liberar las vialidades. Los vecinos aceptaron el trato, pero las autoridades no cumplirían su promesa sino hasta otro día después, el pasado jueves.

La noche de ese día, tal y como lo acreditan videos transmitidos en vivo por los vecinos, elementos de Protección Civil municipal hicieron un recorrido por la unidad y el interior de las viviendas en los que puede mostrarse cómo a través de una revisión ocular los elementos dijeron que las viviendas de algunos vecinos eran “funcionables” a pesar de los “asentamientos”. Inconformes, los vecinos señalaron las fallas que presentaban sus departamentos tras el sismo: puertas descuadradas, pisos lo suficientemente inclinados como para que rodaran canicas sobre él, y grietas y fisuras sobre las paredes y techos. Su suspicacia no era para menos: temían que con otro sismo sus casas terminaran por caerse completamente. “Realmente nos salimos porque yo entro y me quedo con el miedo. Ya las puertas se me vienen. Entonces, realmente algo pasó que antes no lo había. Hay un antes y un después tras el temblor”, explicó una vecina a los elementos de Protección Civil que respondieron: “Hay un asentamiento como tal, pero si ves realmente tu edificio no tiene fallas”, comprometiéndose a hacer un censo más detallado el día de mañana y hacer una “escala para determinar cuál es la falla totalmente”. No sin presiones, apenas este lunes el municipio abrió una carpa para que Protección Civil finalmente pueda dictaminar los daños que sufrió la unidad habitacional Tepozanes, aseguró el medio local Canal 6 Tv.

“No tenemos donde bañarnos”

Desde el pasado 19 de septiembre los vecinos que no han podido regresar a sus hogares por las afectaciones que su unidad sufrió tras el sismo han tenido que padecer la falta de agua para aseo personal aún en el albergue que se abrió en la escuela Frida Kahlo Calderón, ubicada dentro de la misma unidad Tepozanes. El trato que han recibido en él, destaca Juana Camacho García, vecina de la sección Roble, ha sido bueno aunque no haya funcionado completamente bien desde que el temblor sacudió sus casas. Les proporcionaron colchonetas, cobijas y alimentos calientes, pero también señala que no hay dónde bañarse, por lo que han tenido que acudir con vecinos y familiares para solventar esta carencia de agua; como también ninguno de los vecinos sabe dónde más podrían quedarse en caso de que la escuela tenga que volver a clases nuevamente.

Al ser cuestionada sobre qué es lo que podría hacerle falta a su unidad tras el sismo, Juana Camacho respondió que lo que les necesitan es que instituciones como Infonavit, el Gobierno del Estado de México y Protección Civil dictaminen sin rodeos si su unidad es habitable o no. Y en caso de que no, que los ayuden a superar esta crisis. “Mi edificio está ladeado, y Protección Civil municipal dice que está para habitar, pero yo ha vivido ahí 26 años y yo entro a la casa y no se siente habitable. Entonces, yo pienso que lo primero que necesitamos es que las autoridades pertinentes: Infonavit, Protección Civil Estatal y el gobernador del Estado de México se den cuenta de cómo estamos porque nos hemos dado cuenta a través de los medios que no existimos para ellos. Que aquí no pasó nada en la Unidad Tepozanes de Los Reyes La Paz”, expresó Juana Camacho.

*La cifra de muertos corresponde al pasado 27 de septiembre. Fuente: Telesur

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