Por Enrique Cedillo

En 1917, durante la primera Primera Guerra Mundial, estalló en Rusia la Revolución de Octubre, que bajo la guía de los Bolcheviques dio origen al primer gran estado socialista moderno. Cien años después, recordamos las acciones heroicas así como la enorme aportación teórica de Lenin y los miles de revolucionarios que construyeron, conforme a las enseñanzas de Marx y Engels, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

I –De Petrogrado a Finlandia: Antesala revolucionaria

Cuando el tren en que Lenin regresaba del exilio llegó a la estación de Petrogrado esa fría noche del 3 de abril de 1917, ya le esperaba una multitud de obreros entre vítores y banderas rojas. Cantaban La Marsellesa y reinaba el júbilo. La reciente Revolución de Febrero había derrocado a la autocracia zarista, uno de los regímenes más brutales y arcaicos de Europa, en medio de una serie de humillaciones militares en la Primera Guerra Mundial. Abdicado Nicolás II, el conflicto había dado origen a un gobierno provisional dirigido por la Duma (parlamento imperial).

Pero para Vladimir Illich Ullianov aquél no era momento de festejos. Pronunció ante los presentes un feroz discurso que sentaría las bases de sus Tesis de Abril, en que resume años de teoría revolucionaria en un sucinto plan de acción política. “¡Ningún apoyo al gobierno provisional!” El gobierno de la Duma, argumentaba Lenin, es solamente el triunfo de la revolución burguesa ante la falta de consciencia y desorganización del proletariado. El gobierno provisional sólo era apoyado por el marxismo legal, por aquellos oportunistas, revisionistas y economicistas emanados de la Segunda Internacional con los que Lenin había polemizado en agudas confrontaciones teóricas durante años. La tarea, según sus tesis, era “desenmascarar a este gobierno, que es un gobierno de capitalistas, en vez de propugnar la inadmisible e ilusoria ‘exigencia’ de que deje de ser imperialista.”[1]

La revolución proletaria apenas estaba comenzando. Desde meses atrás, el gobierno ruso se encontraba dividido entre dos poderes, el del gobierno provisional de la Duma por un lado, que representaba un parlamentarismo burgués reaccionario, y el de los Soviets (concejos, asambleas) de diputados obreros y campesinos, emanados de la Revolución de 1905, por el otro. Lenin consideraba que volver a una república parlamentaria “desde los Soviets de diputados obreros sería dar un paso atrás (…) Una república de los Soviets de diputados obreros, braceros y campesinos en todo el país, de abajo arriba.”[2] Solamente así, argumentaba, podrían los proletarios tomar el poder con contundencia y retirar a Rusia por completo de la conflagración imperialista.

Sin embargo, la vanguardia de la revolución, el grupo de los Bolcheviques, no gozaba aún de mayoría representativa en los Soviets. Ganar tal mayoría se convertía por tanto en la primer acción inmediata necesaria hacia la toma del poder como resultado inevitable de años de construcción revolucionaria teórica y práctica.

Once días después del arribo de Lenin a Petrogrado dio inicio la Conferencia Bolchevique a que convocara en sus Tesis. En su discurso, expuso la situación como sigue: “El error principal de los revolucionarios es mirar atrás, a las revoluciones de antaño. No tienen en cuenta a la vida que marcha siempre hacia delante, que crea situaciones siempre nuevas. La situación que se ha creado es completamente nueva: todavía no se ha visto una revolución en la que los representantes armados del proletariado y de los campesinos hayan concertado una alianza con la burguesía, o que, disponiendo del poder, lo hayan cedido a la burguesía. Los viejos bolcheviques afirman que no tenemos una dictadura del proletariado, pero sí: esa dictadura es el soviet de diputados obreros. Sólo que esta ha pactado con la burguesía. Y  mientras el gobierno provisional tenga el apoyo del Soviet no se le puede derrocar. Hay que derribarlo conquistando la mayoría en los Soviets.”

Las condiciones no eran las mismas en Petrogrado, uno de los soviets más poderosos, que en el resto de Rusia. Lenin entendía que uno de los mayores obstáculos para la toma inmediata del poder era el ejército, que no se encontraba aún bolchevizado. Muchos seguían combatiendo en los frentes de una guerra mundial que el gobierno provisional, condenado a la derrota inminente, se empeñaba en ganar. Otros se amotinaban de manera espontánea, sin guía. Los bolcheviques enfocarían por tanto su acción de agitación y propaganda a las fuerzas armadas. Cientos de militantes partieron hacia los frentes para convencer a soldados y marinos de poner sus armas al servicio de los soviets. Nacería así la Guardia Roja, que se convertiría a la postre en el Ejército Rojo.

Alertado de la situación, el recién estrenado ministro Alexander Kerensky se propone frenar la acción bolchevique. A Lenin le inventan ser un espía alemán cuyas verdaderas finalidades son minar a las milicias rusas. El líder proletario se ve forzado a un nuevo exilio de 100 días en Finlandia donde compone uno de sus textos seminales, El Estado y la Revolución, arraigado firmemente en los materialismos históricos y dialécticos de Marx y Engels, donde plantea teóricamente el estado socialista como fase intermedia entre el capitalismo y el comunismo con base en las experiencias de la Comuna de París, la revolución de 1905 y la reciente revolución de febrero, y que se convertiría en uno de los ejes centrales para la construcción del estado socialista.

El plan estaba trazado, las bases sentadas y la agitación comunista de Lenin se esparcía por toda Rusia. En septiembre, el comandante en jefe del ejército ruso, L. Kornilov, aprovechando la situación caótica, intentaría dar un golpe al gobierno de Kerenskypara deshacerse de los elementos revolucionarios e instaurar una dictadura militar. Para contrarrestarlo, el gobierno provisional recurrió a la ayuda de los soviets, ya dominados por la ideología bolchevique, armándolos. Estos se negaron, pero Kornilov fue finalmente detenido, su intentona golpista aplastada, y el gobierno provisional quedó tan debilitado como fortalecida la influencia de los concejos obreros.

La situación llevó a la realización de elecciones en los Soviets de Petrogrado y otras ciudades donde, finalmente, los bolcheviques, socialistas revolucionarios, arrancaron la mayoría a los mencheviques, de posiciones pequeñoburguesas y de pacto interclasista (pues no comprendían la naturaleza del estado como un mecanismo de opresión de una clase sobre otra[3]). En su crónica Diez Días que Estremecieron al Mundo, el periodista estadounidense John Reed escribiría, “Son los Soviets los que, del modo más perfecto, representan al pueblo, por su experiencia revolucionaria, sus ideas y sus fines. Apoyándose directamente en las tropas del frente, en los obreros de las fábricas y en el campo, los Soviets constituyen realmente la espina dorsal de la revolución. Se ha tratado de constituir el poder sin los Soviets: el resultado ha sido la impotencia”.

Desde el exilio, Lenin escribirá algunas cartas al Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (bolchevique) (que se convertiría después en el Partido Comunista de la Unión Soviética), explicando que las condiciones materiales hacen inminente la toma del poder, pues no sólo el gobierno burgués se encuentra en su punto más débil sino que la amenaza externa del ejército alemán puede poner en jaque todo el proyecto bolchevique si no se actúa con prontitud y contundencia. Así, dadas las circunstancias objetivas necesarias, la Revolución Socialista estaba lista para comenzar.

II. Octubre Rojo: Todo el poder a los Soviets

Las indicaciones que Lenin plasmaba en sus cartas al C.C. del POSDR(b) no dejaban lugar a dudas: “Hoy, tenemos con nosotros a la mayoría de la clase que es la vanguardia de la revolución, la vanguardia del pueblo, la clase capaz de arrastrar detrás de sí a las masas. Tenemos con nosotros a la mayoría del pueblo(…). Estamos en la situación ventajosa de un partido que sabe firmemente cuál es su camino en medio de las más inauditas vacilaciones, tanto de todo el imperialismo como de todo el bloque de los mencheviques (…). Contamos con todas las premisas objetivas para una insurrección triunfante. Contamos con las excepcionales ventajas de una situación en que sólo nuestro triunfo en la insurrección pondrá fin a unas vacilaciones que agotan al pueblo y que son la cosa más penosa del mundo; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección dará inmediatamente la tierra a los campesinos; en que sólo nuestro triunfo en la insurrección hará fracasar todas esas maniobras de paz por separado, dirigidas contra la revolución, y las hará fracasar mediante la oferta franca de una paz más completa, más justa y más próxima, una paz en beneficio de la revolución.”

Lenin continúa, “Y para enfocar la insurrección al estilo marxista, es decir, como un arte, debemos al mismo tiempo, sin perder ni un minuto, organizar un Estado Mayor de los destacamentos de la insurrección, distribuir las fuerzas, enviar los regimientos de confianza contra los puntos más importantes, (y en Petrogrado) cercar el Teatro de Alejandro y ocupar la fortaleza de Pedro y Pablo, arrestar el Estado Mayor y al gobierno, enviar contra los cadetes militares y contra la ‘división salvaje’ aquellas tropas dispuestas a morir antes que dejar que el enemigo se abra paso hacia los centros de la ciudad; debemos movilizar a los obreros armados, haciéndoles un llamamiento para que se lancen a una desesperada lucha final; ocupar inmediatamente el telégrafo y la telefónica, instalar nuestro Estado Mayor de la insurrección en la central telefónica y conectarlo por teléfono con todas las fábricas, todos los regimientos y todos los puntos de la lucha armada.”[4]

Unas semanas después, habiendo regresado Lenin de su exilio en Finlandia, la insurrección se sometió a votación en el Comité Central ganando 10 a 2. Así, el golpe revolucionario comenzó a planearse estratégicamente en la clandestinidad a lo largo y ancho de Rusia. Sin embargo, los dos bolcheviques que votaron en contra del alzamiento (Kámenev y Zínoviev) publicaron un articulo en donde denunciaban la insurrección bolchevique, enterando así a las fuerzas del gobierno provisional de los planes del POSDR(b).  El alzamiento se veía en jaque.

No obstante, Lenin decidió seguir adelante con la insurrección, llamando a la acción inmediata como resultado de los acontecimientos recientes. Desde sus cuarteles en el Instituto Smolny, un otrora colegio de señoritas de la alta sociedad, los bolcheviques se prepararon para asestar el golpe final al viejo gobierno burgués. Así, el 25 de octubre (7 de noviembre en el nuevo calendario) de 1917 miles de milicianos bolcheviques, obreros, campesinos, soldados y marinos, bajo el lema de “Todo el poder a los Soviets” tomaron todos los puntos estratégicos marcados en su plan para la toma del poder, haciéndose del control de las principales ciudades en unas cuantas horas.

A la mañana siguiente, se haría la declaración: “El gobierno provisional ha sido depuesto. El Poder del Estado ha pasado a manos del Comité Militar Revolucionario, que es un órgano del Soviet de diputados obreros y soldados de Petrogrado y se encuentra al frente del proletariado y de la guarnición de la capital. Los objetivos por los que ha luchado el pueblo – la propuesta inmediata de una paz democrática, la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes, el control obrero de la producción y la constitución de un gobierno Soviético – están asegurados.”[5]

La toma de poder concluyó esa misma tarde cuando un destacamento de soldados soviéticos, precedido por los cañonazos del acorazado Aurora, rompió la resistencia de un último grupo de ministros atrincherado en el Palacio de Invierno. Así triunfaba la Revolución Bolchevique, acaso la revolución más pacífica y contundente en la historia, dando origen a la construcción del primer estado marxista: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La Revolución de Octubre demostró que los planteamientos de Marx y Engels no son utópicos y que la clase obrera puede tomar viablemente el poder, que la producción puede organizarse acorde a las necesidades de la sociedad y no de acuerdo a las necesidades de ganancia y acumulación del capital, que el socialismo nace de las entrañas del capitalismo, pues la clase proletaria, revolucionaria, es producto de éste. La construcción socialista en la URSS demostró que solamente la economía central planificada puede garantizar la satisfacción de todas las necesidades, del estómago o de la imaginación, de todos los miembros de la sociedad, demostrando así su superioridad a la economía imperialista de la dictadura burguesa, el libre mercado internacional, caracterizada por el dominio de los monopolios y el capital financiero, donde la lucha por la ganancia a toda costa, jamás por la vida y dignidad humana. La Revolución demostró que las fuerzas productivas se desarrollan incalculablemente más rápido que las relaciones de producción, lo cual hace inevitable el cambio violento de una infraestructura social a otra.

Así mismo, en sus Tesis acerca del Centenario de la Gran Revolución Socialista de Octubre, el Comité Central del Partido Comunista de México escribe:“El poder obrero y la construcción socialista demostraron que son lacras inherentes al capitalismo la opresión racial, la opresión de la mujer, el crimen, la guerra, y que la sociedad socialista con nuevas relaciones sociales, libera, emancipa y combate cualquier forma de opresión..”[6]

Huelga decir que sobre el ejemplo de la Revolución de Octubre se construirán muchos proyectos revolucionarios del siglo XX, desde la Revolución China a la Cubana, pasando por el VietCong. Después de aquél octubre rojo, ya nada volvería a ser lo mismo.

III. Cien Años Después

Mucho tiempo ha pasado desde la toma del Palacio de Invierno, y la Revolución de Octubre sigue siendo fuente de inspiración para millones de oprimidos de todas las naciones de la tierra (hoy unidas por el capitalismo en un gran sistema global imperialista). A pesar del temporal triunfo de la contrarrevolución en la URSS, el análisis materialista dialéctico de la historia nos permite concluir que la infraestructura social, es decir el modo de producción capitalista, no se ha modificado en lo esencial desde su génesis embrionaria en el Renacimiento y su forma moderna a partir de la Revolución Francesa y la revolución industrial, por el contrario, éste ha alcanzado su grado máximo de desarrollo y por lo tanto su fase parasitaria de descomposición[7], por lo que todos los planteamientos del marxismo-leninismo siguen siendo vigentes. Los niveles de desigualdad económica, que dan lugar al hambre de millones y todas las formas de violencia que son subsecuentes a esta, y la dominación económica de unos cuantos individuos y corporaciones demuestran objetivamente la realidad de la lucha de clases y la necesidad de la revolución proletaria para dar origen al nuevo sistema de producción, que acorde al desarrollo científico de la historia, es el socialismo. Estas realidades objetivas, estas contradicciones, demuestran que el capitalismo ha alcanzado su límite histórico, y sólo mediante la revolución proletaria podrá ser superado.

Para este efecto, la gran lección de la Revolución de Octubre es que sin teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario[8], ya que el socialismo, desde que es ciencia, exige que se la trate como tal: que se le estudie[9]. Hoy es necesario que aquellos que estamos comprometidos con la transformación material del mundo a favor de la enorme mayoría retomemos nuevamente los fundamentos del marxismo-leninismo para poder entender la realidad del mundo contemporáneo y así poder transformarlo. Las tesis centrales de Lenin, como la necesidad de la revolución proletaria vs el pacto interclasista, el análisis del imperialismo como fase superior del capitalismo, la teoría del estado socialista (dictadura del proletariado) como estadio intermedio entre el capitalismo y el comunismo, la refutación de las posturas conciliadoras y pequeñoburguesas de la socialdemocracia contemporánea, la teoría del partido como vanguardia revolucionariay elemento consciente, la teoría de la organización de lo espontáneo y la refutación al oportunismo-economicismo siguen teniendo plena vigencia. [10]

Es necesario estudiar la primer gran insurrección proletaria exitosa de la historia no sólo con una visión academicista o de salón, sino como base directa para entender el conflicto internacional actual, que nos coloca en un momento de profundos cambios sociales, y organizar de manera eficaz, eficiente y contundente las fuerzas que han de realizar la inevitable Revolución Socialista Internacional del S. XXI. Todo el poder debe, nuevamente, pasar a mano de los Soviets.

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[1] V.I. Lenin, “Las tareas del proletariado en la presente revolución (Tesis de abril)”,publicado en Pravda no. 26, 7 de abril de 1917.

[2] Ibíd.

[3] V. I. Lenin, “El Estado y la Revolución”, agosto de 1917.

[4] V. I. Lenin, “El Marxismo y la Insurrección” (Carta al Comité Central del POSDR(b), publicada por primera vez en Proletárskaya, num. 2, 1921.

[5] V. I. Lenin, “¡A los Ciudadanos de Rusia!”, 25 de octubre de 1917, publicada en Rabochi y Soldatno.

[6] “¡Viva la Gran Revolución Socialista de Octubre!” C.C. del Partido Comunista de México.

[7]V.I. Lenin, “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, 1916.

[8] V. I. Lenin, “¿Quéhacer? Preguntascandentes de nuestromovimiento”, 1902. 

[9] Ibid.

[10]Invito al lector a revisar mi texto: “1917-2017: Vigencia de Lenin”,publicado en El Machete.

11 Ángel Chávez Mancilla, “El Imperialismo: Una época de Revolución Social”, en El Machete.