Un poema de Luis Roncayolo

 

Aleteó a mi alrededor una pluma del quetzal,

verde tornasol la pluma aleteó,

y como todo lo que brilla, mi atención capturó.

Fue mi sueño, mi añoranza, la culminación

de mis ingenuos juramentos de juventud.

Me hallaba solo, por un camino desolado,

poblado de tanta gente, y me hallaba desolado

en la ciudad de los solitarios entre la gente.

 

Aleteó a mi alrededor la pluma del quetzal,

serpiente asombrosa e insospechada,

repentina solución a mi encrucijada sin caminos,

manifestación de aquella profecía

que también de mi vida sería vaticinio.

 

Y cuando del ensueño me tocó despertar,

no desperté siendo el rey de la corona de plumas eternas,

no desperté siendo el águila caída entre las lágrimas en sus pies quemados.

Desperté siendo el que prendió la pira,

desperté en el que destruyó los templos,

desperté en mi contra a mi propia ira.

 

Y me vi en el espejo al despertar,

pero vi al gran halcón criminal,

y me preguntaba qué había pasado con el aleteo,

ese aleteo de pluma de quetzal que por tanto tiempo

mi vida embelleció a tal extremo

que cuando llegó la separación comprendí

la entera falsedad de mis motivos,

la culpa de mis actos,

mi divorcio repentino de la luz de Dios,

por haber sido seducido fulminante

por plumas azules y aleteantes,

por el canto del ruiseñor.

Foto de portada: Ndsnoticias