Por Fernanda Magallanes

“La diferencia sexual representa una de las cuestiones

o la cuestión que debe pensarse en nuestra época.”

Luce Irigaray

Freud dijo entre otras cosas que en las mujeres hay tres formas de asimilar su posición sexuada: un complejo de masculinidad, una suerte de renuncia a la vida sexual genital o el deseo de un hijo que simbólicamente es un regalo a su padre. Al mismo tiempo, Freud siempre se mantuvo con la pregunta sin responder con respecto a  qué quiere una mujer. Si bien, el psicoanálisis replicó de la cultura patriarcal un modo de entender a la mujer, el psicoanálisis también hizo una maravillosa teoría de desarrollo con respecto a cómo un hombre deviene hombre y una mujer mujer en la cultura patriarcal que es hoy dominante. Es decir, lo que ha dejado a un lado a las mujeres, es nuestra cultura androcéntrica y patriarcal. Cultura con dictámenes crueles con respecto a la diferencia de los sexos en donde el hombre adquiere un papel relevante y las mujeres quedan abyectas.

Sería ingenuo pensar que el psicoanálisis no consideró a las mujeres. Es gracias a la escucha del significado de los síntomas que miles de mujeres presentaban, que el psicoanálisis comenzó. A sus 29 años el neurólogo austríaco, y posteriormente padre del psicoanálisis, pasó un periodo de prácticas en París con Charcot, el fundador de la escuela de neurología, en el Hospital de La Salpêtrière. Charcot llevaba más de veinte años trabajando en ésta institución y para el momento en que Freud llegó, dicho hospital en París era ya considerado un sanatorio orientado a la enseñanza teórica y clínica, e incluso se promovía el uso de la fotografía para la investigación de patología.

Las mujeres histéricas eran el motivo más grande de investigación y los modelos favoritos para ser fotografiados por Charcot y su equipo. Cuerpos paralizados, desparramados, objetivizados, inestables, en estado de ensoñación, fantasiosos y difíciles de explicar, y que aparecían constantemente expuestos a la mirada del médico. Es así la histérica portadora de saber. Pero de un saber del que no se podía apropiar, sino que su cuerpo expresaba con síntomas. Algo maravilloso acerca de Freud es que él leía esos síntomas como expresiones simbólicas de una tragedia. Esa tragedia para él sería una trama cultural por la que el cuerpo en la neurosis histérica estaría atravesado: El Edipo.

En psicoanálisis, la histeria aparece como un cuadro primordial desde el cual el modelo psicoanalítico se despunta pues llevó a Freud al descubrimiento del inconsciente. Freud así, como en su fascinación por Edipo Rey, quedaría totalmente deslumbrado por la idea de un cuerpo que sufre de aquello que desconoce. Para Freud, el sujeto moderno así como Edipo, sufriría de deseos incestuosos y parricidas que se reprimen y por lo tanto uno desconoce. Ese mecanismo de represión aparece en su obra como fundante del sujeto en la cultura. Cultura que por supuesto ha sido patriarcal.

Así, el Edipo como una teoría especulativa nos enseña cómo un cuerpo deviene sujeto al patriarcado. Me parece fundamental hoy pensar que Edipo se trata de eso y no de una condición normalizante por la que el sujeto haya de pasar para ser menos loco. Esto especialmente es importante para pensar en maneras de deconstruir el patriarcado que nos daña. Recordemos que es por la cultura machista y patriarcal que aparecen personajes sintomáticos como los porkys, el acoso, los transtornos de alimentación predominantemente en las mujeres o los feminicidios.  Es importante no sólo pensar cómo deconstruir ciertos modos de devenir que se montan en la violencia y la expulsión de cuerpos que resultan diferentes, sino que también pensar en formas de convivir y  modos de construirnos como sujetos sexuados.

Freud escuchaba a las pacientes en su mayoría mujeres, y se dió cuenta de que contaban sus síntomas a través de ensoñaciones, rememoraciones y fantasías. A la escucha, Freud fue transformando su manera de proceder. Del método hipnótico que había aprendido de Charcot, cambió a la cura a través del habla (método catártico), el uso de la asociación libre, y más adelante, a la escucha de la transferencia como herramienta fundamental y condición necesaria para conducir el tratamiento psicoanalítico. Cada uno de estos planteamientos que se hizo acerca de su método, apareció en el esfuerzo constante de escuchar a las mujeres histéricas.

Es enorme entonces lo que tiene que ofrecer la teoría psicoanalítica. Por un lado como una episteme única, con una metapsicología que surgió de la escucha de los cuerpos sufrientes (predominantemente de mujeres). Por el otro, como un síntoma del patriarcado en tanto que piensa al cuerpo sujeto a un sistema androcéntrico. Por eso hoy, no podemos dejar de leer cuestionando la genealogía histórica que conformó el pensamiento en torno al cuerpo y en torno a lo femenino en el psicoanálisis.

Beatriz Preciado (2014) hace un viaje epistémico-político a través de la historia del útero y, a través de una genealogía crítica, deconstruye la idea del cuerpo femenino como propiedad de la mujer. El útero apareció  en un momento histórico dado de relaciones saber-poder hasta convertirse en un órgano encarnado, produciendo la ficción de la madre como cuerpo reproductivo: una madre biopolítica. Con la matriz, el útero se convierte como un espacio de gestión crucial para producir el cuerpo del estado, de la nación. Preciado dirá que estamos en un momento de crisis epistémica del cuerpo. Se pregunta entonces en qué momento histórico entra la ficción del cuerpo femenino y el cuerpo materno para, a través de su investigación, concluir que el cuerpo de la mujer como espacio reproductivo y como propiedad es una ficción política específicamente moderna. Antes, en el siglo XVIII, el útero era representado como un vaso que flota en un espacio vacío. Para Preciado esto es signo de cómo ese espacio no le pertenecía a su propio cuerpo sino al Pater Familias. La reproducción entonces se daba en la gota de esperma y no en el cuerpo femenino. La vagina era pensada como un pene invertido, ontológicamente fallido que como ya se mencionó, no podría en sí llevar a cabo el proceso de gestación. El útero sería un espacio flotante, sostenido por la palabra de Dios. Pero si cae la palabra de Dios,  el concepto de útero caería a la inminencia, a la idea de un útero que es de la mujer. Esa caída a la inminencia es una restricción a la soberanía patriarcal. La alternativa que las mujeres de esa época tendrían para construir su idea de cuerpo femenino sería pensarse como un útero reproductivo y en este esfuerzo intentar apropiarse de un estatuto de gestadora que antes no le habría pertenecido.

Revisemos esto que nos aporta Preciado y su diálogo pendiente con la teoría psicoanalítica. Freud era un hombre moderno, la noción de propiedad ya le era común. Esto queda claro en dos enunciaciones clave. La primera será cuando antes del inicio de la teoría psicoanalítica, Janet y Freud afirmaron que lo que está en juego en la histeria, es el concepto trivial del cuerpo. Era esa misma duda lo que llevaba a los alumnos de Charcot a hacer esquemas de metapsicología para pensar el cuerpo psíquico. El segundo momento será en Introducción al Narcisismo (1914), donde Freud enuncia que el ideal está puesto en la creación de una familia:

“Desde el ideal del yo parte una importante vía para la comprensión de la psicología de las masas. Además de su componente individual, este ideal tiene un componente social; es también el ideal común de una familia, de un estamento, de una nación.” (Freud, 1914)

Acerca del primer enunciado, pensemos: ¿Es el cuerpo de las mujeres portador de una denuncia como cuerpo inapropiable? ¿Inapropiable por quién? ¿Sin propiedad de qué? Ya Beatriz Preciado nos ilumina con la idea de propiedad en la modernidad. Los cuerpos de las histéricas serían cuerpos que buscan apropiarse de algo –en psicoanálisis por supuesto, algo que se ha perdido-, Tomemos como ejemplo a Bertha Pappenheim (Anna O). En Estudios sobre la histeria (1894), vemos cómo Anna O. facilitó el descubrimiento del método catártico: “the talking cure” o “la limpieza de chimenea”. Habiendo entrado a tratamiento alucinando, con varios intentos de suicidio, con dificultades para hablar y casi mutismo completo, Anna O. dejó de tener síntomas. En esta resolución ella se transformó en una ferviente feminista, siendo la primer asistente social en Alemania, fundando la Liga de las mujeres judías y dirigiendo un orfanato. ¡Qué apropiación! ¿También denuncia de aquella noción de propiedad de su época? No olvidemos que durante su tratamiento con Breuer, Anna O. decía que estaba embarazada de Breuer. Esto es, Anna O. se estaría apropiando de ese útero que en la premodernidad volaba para hacerse de un usufructo. Podríamos pensar que las histéricas serían cuerpos receptivos de un cambio en lo social que no eran capaces de apalabrar por su cualidad avasallante. Esa cualidad derrumbante del espacio del Pater Familias, incubaría la perpetuación de un discurso de poder en psicoanálisis: pensar lo femenino a partir de la histeria. Por un lado, atentos de lo que sus cuerpos manifestarían de la cultura; por otro, un discurso que ha perpetuado cierta rigidez en la teoría psicoanalítica acerca del binomio masculino-femenino que ha generado toda una serie de confusiones. Desmenuzaré esto más adelante hablando de la historia de la feminidad en el psicoanálisis. Acerca del ideal como representante de la perpetuación de la especie, podemos decir varias cosas. Freud pensaba, por un lado, en un cuerpo erógeno que denotaría lo infantil de la sexualidad en cualquier tiempo. Por otro, que el ideal fuese la perpetuación de la especie y la creación de la familia, le impedía pensar que estuviese cruzado por ese ideal y que el ideal fuera cultural. Hoy otros cuerpos aparecen en escena para denunciar performativamente algo de este ideal. Ejemplos de cuerpos y métodos que ponen en jaque los ideales modernos del cuerpo son los cuerpos que portan lo queer, la reasignación de sexo, reproducción asistida. Estas prácticas vislumbran un cuerpo con una sexualidad cuyo fin último no es la reproducción.

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Si una mujer puede estar con otra, un hombre con otro y un cuerpo puede cambiar su estatuto de hombre a mujer o viceversa: ¿Qué sentido tiene ligar el fin último de la sexualidad con la procreación? Y es que Freud en esto, también era un hombre adelantado a su época porque su manera de pensar el cuerpo erógeno y el polimorfismo nos da luz para pensar mejor estas preguntas. Vivimos una crisis epistémica en este momento. Las histéricas estarían denunciando un problema a través de sus síntomas – síntomas que eran resultado quizás de una ficción política-: ¿Cómo apropiarse de un órgano en el momento en que está siendo inventado? Hoy otras denuncias irrumpen en los cuerpos: ¿Cómo pensar el cuerpo femenino como subjetividad más allá de la noción de propiedad moderna? Y es que pensándolo así, las historias de las personas transgénero son heroicas en el sentido de que son roba órganos, asaltadores de cuerpos. ¿Cómo apropiarse de ese órgano cuando está apenas siendo inventado y deja de ser apropiable?

Han aparecido también órganos subrogados a nuestro cuerpo. En los 50´s por ejemplo, la incubadora. Un neonato deja de estar en contacto con el cuerpo como ficción individual. Más adelante los teléfonos portátiles, la reproducción asistida, Second Life, han generado la idea de que existe la posibilidad de un cuerpo fuera del cuerpo propio y de una vida corporal más allá de éste. Lo vemos incluso en la manera en que se escribe de la transferencia en el psicoanálisis. Unos dirán que se trata de dos cuerpos al encuentro en donde existe la transferencia y contratransferencia, otros dirán que existe solo transferencia de cada uno individualmente, otros hablarán de la idea de un cuerpo nuevo en la relación entre ambos. Otros de la transferencia como un golpe que irrumpe en el cuerpo del analista. Éstas maneras cambiantes de concebir la transferencia hablan de la flexibilidad de pensar el cuerpo en sus diferentes formas. La escucha analítica, la apertura al otro, ha movilizado a nociones nuevas de pensar la transferencia. Lo que es curioso es que poco se ha movilizado en psicoanálisis la noción binómica de la que se desprende la idea de feminidad. Freud hizo  un esbozo de lo que piensa como sexualidad femenina.

Para él la sexualidad de las niñas pequeñas tiene un carácter masculino y tiempo después se realiza una transferencia de la excitabilidad del clítoris a la vagina. En sus textos, Freud escribió más acerca del Edipo masculino que del femenino. Para él , la vida erótica de la mujer está velada por una oscuridad impenetrable. Y es que para él, cuando los niños dan cuenta de la diferencia sexual es sólo a través de la presencia de pene o la ausencia de éste. Para Freud los niños tienen teorías sexuales donde le atribuyen un pene a todos los seres humanos así que la diferencia sexual en psicoanálisis borra cualquier categoría de diferencia que no es explicada por el pene como representante. Freud comprendió los cuerpos femeninos como cuerpos que desean algo que el hombre tiene (el falo) y que en una ecuación se transpone en tener un bebé como un regalo simbólico para el padre. Esto posiciona a la feminidad en unas leyes de parentesco algo extrañas en tanto fantasmáticamente porque el incesto no se prohíbe pues las mujeres quedan como ofreciendo su cuerpo para crear vida como un regalo para su padre. De tal modo que el padre y el hijo cobran una relevancia mayor que la pareja. Que Freud apuntara al pene como lo que determina la diferencia sexual y que tuviera problemas para pensar lo femenino, es consecuencia de que el cuerpo de las mujeres , como sustancia, en la era moderna cayó a la inminencia.

El falo como estatuto de fase fue retomado por la Escuela Inglesa, por Enst Jones, Melanie Klein , Joan Riviere y Karen Horney . Un colectivo de mujeres, entre las que también estaba Helene Deutsch, Lampl-de Groot y Ruth Mack Brunswick que releyeron a Freud para refutar aquello que consideraban misógino. También la idea de lo que se tiene y lo que no fue retomado por todo el feminismo francés, pero la noción de propiedad fue replicada constantemente sin cuestionarse como algo gestado en el momento histórico. A pesar de estas críticas, el falo ha sido construido como un elemento diferenciador de lo que se considera masculino y lo que se considera femenino.

Jacques Lacan retomaría la histeria para pensar lo femenino pero dirá que la histérica se encuentra en posición masculina o posición histérica en tanto que está del lado hombre, sin embargo, una histérica puede amar e ir más allá del goce fálico, ir hacia un goce Otro y así poder amar, en posición femenina. Lacan también señaló el forcejeo de Freud al trasladar a la mujer a la talla masculina. Propuso que La Mujer no existe como una manera de retomar la tesis freudiana por la cual la mujer no es un ser sino un devenir (Andre, 2002). Esto quiere decir que al no haber más sexo que determine a la mujer que el del hombre, la mujer es un lugar de falta que no existe del todo, se crea a través de máscaras que le dan forma para así ser tomada como objeto. Es interesante pues la perspectiva de Lacan pone el sentido de propiedad en el hombre y a la mujer como un ser de falta donde al no haber propiedad no existe y entonces se recubre engañando para ser apropiada por otro. En ésta perspectiva las mujeres se ofrecen, dan a ver (lo que no hay), ponen en juego la mirada y devienen lo que crean haciendo de su vacío un objeto conveniente y así accediendo a un goce más allá del fálico: el suplementario. (Stepak, 1998) En este sentido, para Lacan, las mujeres son quienes van más allá de la noción de propiedad pero a través de la no apropiación.

Así, el psicoanalisis no se ha olvidado de pensar lo femenino. Lo ha problematizado de maneras importantes y ha estado en diálogo con muchas autoras feministas que han dado estatuto de esencia a lo femenino. Esto es un error del que Lacan no se escapó al darle a lo femenino una esencia “no toda”.

El psicoanálisis ha sido una teoría profunda que entre otras cosas da a entender cómo un sujeto deviene sujeto en una cultura patriarcal. Sin embargo, esto también es un problema a deconstruir pues el concepto aparece en una relación binómica en donde lo femenino y cualquier otra diferencia que no porte el atributo de lo masculino, queda abyecto de cierta representabilidad. Habrá que pensar en nuevas formas de representar más allá del binomio apropiado-apropiable hacia una renovada teoría psicoanalítica.

Bibliografía:

Andre, S. (2002) ¿Qué quiere una mujer?. México: Siglo XXI.

Anzieu, A. (1993) La mujer sin cualidad. Madrid: Biblioteca Nueva.

Freud, S. (1894/1985). Estudio sobre la histeria, en Obras Completas, tomo II. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1905 b/1985). Tres ensayos de teoría sexual, Obras Completas, tomo VII. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1914/1985). Introducción al narcisismo, Obras Completas, tomo XIV. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1923/1985). La organización genital infantil, Obras Completas, tomo XIX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1924/1985). El sepultamiento del complejo de Edipo, Obras Completas, tomo XIX. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1925/1985). Algunas Consecuencia Psíquicas de la Diferencia Anatómica de los Sexos, Obras Completas, tomo XIX. Argentina: Amorrortu (1978).

Freud, S. (1931 /1985). Sobre la sexualidad femenina, Obras Completas, tomo XVIII. Argentina: Amorrortu.

Freud, S. (1933 c [1932] /1985). 33° Conferencia. La feminidad, en Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, Obras Completas, tomo XXII. Argentina: Amorrortu.

Hannon, M.C. (2000) Why Do Women Love Men and Not Their Mothers? Londres: Other Press.

Lacan, J. (1958/1992) La significación del falo. Escritos 1. Barcelona: Paidós.

Lacan, J. (1967-1970/1992) El seminario, libro 17 El reverso del psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

Lacan, J. (1968) El seminario, libro 16: De un Otro al otro, inédito.

Lacan, J. (1969/1992) El seminario, libro 17 El reverso del psicoanálisis. Barcelona: Paidós.

Lacan, J. (1972/1992) El seminario, libro 20: Aun. Barcelona: Paidós.

Stepak, A. (1998) La feminidad. Trabajo presentado en el Taller de la EFBA Escuela Freudiana de Buenos Aires, Argentina Buenos Aires, octubre 1998. Publicado en EFBA.

Preciado, B. (2014). Cuerpos Inapropiables. Conferencia en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona. 10 de julio de 2014. Podcast.

[1] Hay quienes en psicoanálisis han escrito acerca de lo disfrutable de ser mujer como un paso que se da. Me reservo a ese tipo de planteamientos. La importancia dentro de mi congruencia teórica recae en lo disfrutable del cuerpo erógeno, pero del “ser mujer” será problemático pues no hay cosa tal como “un ser mujer” si deconstruimos el constructo psicoanalítico de lo femenino. Sin embargo pensar lo femenino es doloroso porque implica perder ese cuerpo teórico que nos fue dado, renunciar a el para pensar.

[2] La iconografía fotográfica a la que me refiero, son imágenes de mujeres en dicho hospital que eran fotografiadas por los alumnos de Charcot. [ Véase: Didi- Huberman, G. (2007) La invención de la histeria: Charcot y la iconografía fotográfica de la Salpêtrière. Ediciones Cátedra.]

Foto de portada: Libertaddigital