Por Enrique Mendoza Ruiz

Las recientes denuncias en contra del actor Kevin Spacey y el productor de cine Harvey Weinstein pusieron en evidencia la facilidad con que algunas personas utilizan su poder dentro de la industria cinematográfica para aprovecharse de hombres y mujeres impunemente.

Harvey Weinstein, productor de películas como Gangs of New York, Malena o Pulp Fiction, fue acusado públicamente a principios de octubre por la actriz Angelina Jolie de haberla acosado sexualmente. Esta acusación animó a muchas más actrices a denunciar a Weinstein por agresiones de la misma índole logrando que la Policía de Nueva York iniciara una investigación en su contra por la violación de la actriz de origen español Paz de la Huerta. Violación que la misma actriz denunció después de que decenas de mujeres que habían sufrido sus abusos decidieran romper el silencio en torno a su conducta.

Kevin Spacey, por su parte, fue denunciado por el actor Antonthy Rapp de haber abusado de él cuando tenía 14 años y Spacey 26. Esta denuncia también animó a que más actores se rebelaran en contra de los abusos del histrión logrando que Scotland Yard abriera una investigación en su contra por el abuso de otro actor no identificado, y que incluso en México se levantara la voz en contra de las agresiones del actor recientemente despedido de Netflix.

Estos casos probablemente siga dando de qué hablar en los próximos días, en parte porque tanto Spacey como Weinstein pertenecen a un mundo muy frecuentado por los medios, por lo que creo que tenemos que hacer un par de reflexiones sobre lo que este asunto enseñarnos:

1.- Lo que hoy es indignante antes era “normal”

De acuerdo con una nota publicada por La Jornada las denuncias en contra de Weinstein datan desde 1984, y su conducta depredadora ya era ese entonces un secreto a voces. Sin embargo, tanto histriones como directores que sabían de sus abusos prefirieron seguir trabajando con él guardando silencio. En entrevista para The New York Times, por ejemplo, el director de cine Quentin Tarantino, quien colaboró con Weinstein en casi todas sus películas, reconoció que “sabía lo suficiente como para haber hecho más” lamentando no haber tenido la fuerza suficiente para dejar de trabajar con él.

El comportamiento de Spacey, por su parte, “era tan común que hasta se volvió un chiste local (de muy mal gusto)”, de acuerdo con el actor mexicano Roberto Cavazos, artista que coincidió con el ex protegonista de House of Cards en Londres en 2008 durante la puesta en escena de The 24 Hour Plays en el Teatro Old Vic, inmueble propiedad del actor estadounidense.

2.- Hay más personas como Weinstein y Spacey que difícilmente serán denunciados

Harvey Weinstein y Kevin Spacey tienen en común el hecho de haber cometido sus crímenes en países donde, a pesar de las deficiencias de sus sistemas de justicia, los infractores de la ley son investigados y obligados a rendir cuentas de sus acciones. Este no es el caso de México, donde más del noventa por ciento de los delitos cometidos no tienen castigo. El hecho de que dos hombres muy influyentes hayan agredido a tantas personas sintiéndose intocables tiene que hacernos pensar sobre cuántas personas como Weinstein o Spacey están actuando impunemente en nuestro país tanto en la industria cinematográfica como otros en ámbitos menos favorecidos por los grandes medios. ¿Cuántos Weinsteins o Spaceys estarán actuando a sus anchas en las escuelas, hospitales, fábricas o campos de nuestro país? Para darnos una idea, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, “el príncipe de la basura” acusado de operar una red de prostitución al interior de su partido, recientemente tomó protesta como miembro de la Comisión Política Permanente del PRI capitalino.

3.- Todos podemos ser cómplices de los próximos Weinstein y Spacey

Sí, todos podemos ser cómplices de personas como Harvey Weinstein y Kevin Spacey si seguimos perpetuando en nuestra manera de ser una cultura machista que nos haga pensar que este tipo de denuncias no son serias. Señalar con desdén que tanto las denunciantes de Weinstein como de Spacey “se lo estaban buscando” no nos hace violadores, pero sí parte del problema que ellos representan. Y en este punto tenemos que ser bastante críticos con nosotros mismos (empezando por un servidor, yo también he sido machista): ¿Cómo hubiéramos reaccionado si esta ola de denuncias se hubiese dado en Televisa, Tv Azteca o en cualquier otra televisora mexicana? ¿Cómo hubiéramos reaccionado si en vez de Anthony Rapp hubiera sido el actor mexicano Roberto Cavazos el primero en denunciar el comportamiento de Kevin Spacey? ¿Cuántas veces no hemos minimizado este tipo de comportamientos llegando incluso a admirar el cinismo de quienes los cometen? Todos podemos ser cómplices de los próximos Weinstein y Spacey, pero también podemos abrir las posibilidades de que cada vez haya menos personas así o que gocen de la impunidad que tienen actualmente. Es muy difícil, pero también perfectamente posible.