Por Fernando Alonso

El resultado es el mismo. Varía la historia, el lugar. Varía la hora, los nombres. Varían las especificidades del altercado. Las edades. Varían las ocupaciones. Pero el arrebato es el mismo. El secuestro, el mismo. La pérdida, la misma.

Detalles. Amanece la nota roja. Está su foto. El cabello negro y ondulado regado por el pavimento. El lúgubre morado de su cuerpo que le da a la historia de su cuerpo testimonio. La sangre como vino que se escapa de la jugosa uva. Sabrosa, irresistible, excesiva.

¿Quién es el responsable? ¿Quién de todos ellos? ¿Quién es el sospechoso? Y ese señalamiento nos tiene a mi, a ti, a todo el que vio. A todo el que habló y calló. Desgraciadamente, todo fue parte de la trágica escena.

Mi cuerpo es mío, pero ¿el decir eso basta? El resultado es el mismo. Restos, restos de lo diferente; al final de lo mismo. Sí, restos de lo que fue una mujer. ¿Mío?

Este cáliz de una alianza que no es nueva, que no es mía, pero que está sellada con mi sangre. Mi sangre que está siendo derramada por vosotros. Mi sangre que sé derramada.

Pero la historia dice otra cosa, siempre fue restos, restos de lo que creía ser o de lo que creía de ella y del hijo; de ella y el esposo; de ella y el padre; de ella y el tío;  de ella y la tía; de ella y la mamá; de ella y la amiga; de ella y la abuela; de ella y la escuela; de ella y la iglesia; de ella y su modo de vivir. Restos de las emociones que creyó muy suyos, como su cuerpo. Pero parece siempre haber un cerco, una contención, un sometimiento, una neutralización.

¿Por qué no basta que sea visto? La escena, el relato, el resultado, siempre el mismo. Y ¿por qué no basta? Es visible, pero la gente no ve. Expresan: “podría ser mi madre, podría ser mi hermana, podría ser yo”.

¿Por qué no hablas? Cuenta cómo te miro, cuenta sus palabras, cuenta la satisfacción, la insatisfacción. Recuerda cuántas veces te hizo sentir desechable, cuántas veces competiste por el trofeo. Es crucial para que entiendas la cacería.

Pobre de ella. Como sea, el infeliz ya está en la cárcel. A otra cosa. Por qué lo formula, cómo lo formula, y porque lo formula como lo formula.Pero hay una incidencia. Hay más violencia de este lado, hay más pérdida. Hay posibilidad de ser más lastimada, expuesta.

Estamos viendo, todos podemos verlo, es más, se ha vuelto un derecho, una obligación verlo. Asfixia, estrangulamiento, hacinamiento, lesiones en la cara, en todo el cuerpo, señales de fuerza, en los brazos, en las piernas. La veo golpeada. Investigo como vivía, qué le gustaba, todos sus lunares.

Un proceso lento, crimen pasional. Aminora el peso del asesinato, es casi legal, es casi aceptable. Sí, porque eran conyugues, a ella le gustaba esa vida. Jamás justificará la muerte. ¿Cuál fue el motivo? El único: ser mujer. El mismo: hermana, madre, vecina, maestra, hija, enamorada, amiga.

El nacimiento de las flores

Foto portada: Periodicoentretodos