Por Fernando Alonso Foto de portada: Enrique Mendoza

Información. Notas que salen cada minuto. Salen tan rápido, y yo voy caminando. Sólo me doy a la tarea de leer palabras clave. Ese es el método valorativo. Regresiones, conmoraciones, productos para adelgazar y mucho exceso. A menudo recibo mucha información. Información muy variada, pero lo olvido. Olvido narrarme yo, a mí mismo. Y es que no se me ha ocurrido que el control puede empezar por dudar sobre cosas que no sé. Qué dilema. Los temas crecen, parecen no ir ningún lado. El gobierno con sus bombas de humo. Es que sí, todas son bombas, esparcen humo, pero ¿Cuál es mi campo de acción?

Empiezan los asesinatos, la incertidumbre colectiva, artistas y gobernantes, un contrato exitoso. El problema aquí es que no hay pruebas. Y miro la televisión. Hay un programa tan excesivo, muchas drogas, sexo en cada escena y una vida tan fácil. Muchos comerciales, partidos políticos, reality shows, controversias de todo tipo. Cuánta voluminosidad, y mi cuerpo es el lugar de las detonaciones.

Debería ir más allá de la nota. Vivir y dejar de esperar por las actualizaciones de estado. Me duele la cabeza, ¿Es tiempo de ver una serie? Cuánta atrocidad. Los silencios no mienten. Cuántos deseos y, sobre todo, cuánta violencia. ¿Cuánto he podido hacer aquí en esta cama?

Y no puedo dejar de asociarlo a ese cúmulo de cuerpos que va por la calle. La cruzan, maquinan los movimientos. Sí, los escucho, hasta podría asegurar que los veo, pero no puedo reconocerlos. Los veo en un suspenso, más allá, o ¿seré yo? Lo cierto es que me gusta más el espacio de las palabras. Mundos en red. Pero siempre se me acaba la pila y me encuentro con la oscuridad del cuarto.

Hay tantas ideas, pero no encuentro las mías, y de verdad que me urgen. Y, ¿todos deben saber mi opinión? Alguien comenta: ¿A quién le importa? A mí debería. Sí, ese es mi campo de acción. Y me empiezo a narrar la historia, pero qué absurdo, no viene una historia, vienen imágenes. Yo hago la historia, yo soy la repetición, la incidencia, la lógica.

Por ahora y para siempre yo soy el mundo. En mí también hay profundas, alarmantes cifras de hambre, ambientes bélicos, guerras frías, masacres y mil teorías. Tantos éxodos, desplazamientos de ideas originarias y migrantes que caminan por los desiertos.

Podemos hablar de la representatividad, podemos hablar de política, es necesario, pero no es necesaria la culpa, propia o colectiva. La idea de la lucha y del poder han dado la muerte, una profunda falta de conciencia. Nadie gobierna.

Decido que este es el comienzo del tiempo. En mí no hay tiempo y miro de frente toda esta vida, más allá de la pantalla, yo soy el encuentro. Ahora soy y siento todo eso que me imagino. Me apropio de la palabra poder.

El resultado es el mismo