Por Dorte Jansen

La raíz del proyecto es sumamente interesante: se trata de un documento real, el diario de una estudiante de psicología que hizo sus prácticas en el quinto piso de un hospital psiquiátrico. Este cuaderno de más de cien cuartillas llegó a las manos de Nora Coss quien lo convirtió con libertad absoluta en material dramático.

La decisión más importante tomada por la dramaturga de Sabinas (Coahuila) fue probablemente contarnos la historia desde “adentro”, es decir, desde el punto de vista de los locos o diagnosticados. De este modo, el público desarrolla más empatía por ellos e, incluso, en algunos momentos llega a formar parte del club.

Coss es una especialista en el uso de los lenguajes, cada personaje recibe rasgos distintivos y habla con un acento y vocabulario diferente. La autora quiere a sus personajes. Se mete en la cabeza de cada uno. Por esta virtud le fue fácil crear un personaje llamado Raúl, un diagnosticado con dones telepáticos. La narraturgia usada a lo largo de la obra se justifica, dado que estamos escuchando la mente de Raúl. El diagnosticado más lúcido del grupo en “realidad” no habla, pero dentro de la ficción escénica habla sin parar y nos llena las cabezas con sus pensamientos. El jugar con la no-visibilidad escénica y hacer visibles los procesos mentales de los protagonistas son unos de los grandes aciertos dramatúrgicos de Coss.

En la puesta en escena de Viviana Armas, la cuestión espacial no parece resuelta de manera convincente. Se usan unas sillas y unos cubos blancos sobre ruedas que se mueven al antojo y necesidad de la dirección sin que se estableciera realmente una convención teatral con valor simbólico. Pero la importancia del uso metafórico del espacio se advierte desde el título en el cual se anuncia una reflexión sobre el estar “adentro”.

Hay quienes entran al club (los diagnosticados) y quienes se quedan afuera (los doctores, las enfermeras y toda la gente “normal”). En el montaje la línea del adentro y del afuera se desdibuja, ya que el escenario queda como un espacio indefinido que puede ser todo: el cuarto de un internado o la sala de reunión de los diagnosticados. Además, un escenario convencional no favorece a una obra que quiere romper con los esquemas tradicionales. A lo mejor habría que pensar en otro dispositivo donde el público forma parte del escenario, donde actores y espectadores no se distinguen o sólo, levemente, crear un círculo con sillas. En el Foro Luces de Bohemia la distancia es grande, sin embargo, el texto pide cercanía y confusión.

La locura representa un tema atractivo para la escena porque permite al actor expresar diversos registros: ser bipolar, ser diferente o dis-locado, como en alemán “ver-rückt” (no estar en su lugar). El reparto masculino compuesto por Andrés de León (Raúl o el Compa), Gabriel Dean (Marco, el acosador) y Hernán Valencia (Jocelyn-Maclovio) tiene así la posibilidad de mostrar su versatilidad actoral, ya que ellos son oficialmente los del club. La actriz Joana Camacho en el papel de Alicia, la estudiante de doctorado en psicología, y Marco logran intercambiar algunas miradas ambiguas y prohibidas. Al actor Gabriel Dean le creo el juego de “puedo ser normal, pero es más divertido no serlo.” Fernanda Delgado interviene como personal médico, como trans-hermafrodit@ (lástima que este papel se haya quedado tan corto) y como una personificación del poder mental, de lo invisible (decisión de la directora). Las actuaciones en su totalidad convencen e incluso me parecen superiores a la dirección (poco imaginativa y demasiado ilustrativa). Habría que cuestionar qué tipo de acciones requieren realmente los pasajes narrados por Raúl para que las actuaciones no sean redundantes.

La obra de Nora Coss abre una discusión, despierta el interés en un campo para muchos desconocido. En el fondo de la puesta en escena se siente un conocimiento verdadero de los procesos terapéuticos, como el juego del dominó y la terapia de arte que es un pasatiempo fundamental para los internados. Los hospitales psiquiátricos son grandes escuelas de la vida y también son escenarios sumamente teatrales: quienes viven ahí son personas que no tienen miedo a ser diferentes, a nadar contra la corriente, a decir la verdad igual que los niños. Hay quienes saben escuchar el “loco interior” y otros lo apagan. La decisión sobre quiénes son los enfermos mentales es tomada por la sociedad la cual establece las normas. Los artistas muchas veces asumen el papel del loco, por eso la empatía entre ellos y los locos es real, padecen los mismos prejuicios. Se presenta como una paradoja: el loco —aunque esté encerrado en un hospital— suele ser más libre y sano que aquellos que pretenden ser “normales”. Es por eso que el público se identifica con los del Club de los diagnosticados de buena gana.

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“Club de los diagnosticados” de Nora Coss

Dirección: Viviana Armas

Actuaciones: Andrés de León, Gabriel Dean, Joana Camacho, Hernán Valencia, Fernanda Delgado  

Producción: Aline Ross

Foro Luces de Bohemia (Orizaba 193 col. Roma Norte)

Cada viernes de noviembre 8:00 P.M.