Por Enrique Mendoza Ruiz / Ilustración Caro Martz

Ruth pensaba que podía confiar en su pareja. Ella lo había conocido mientras trabajaba como fotógrafa en Bahía de Kino, Sonora. Según cuenta, ese chico se dedicaba a la música, era alguien conocido en su comunidad y mantenía una “buena relación de trabajo como de amistad” con ella. Sin embargo, todo eso cambió la vez que él la obligó a hacer algo que no quería.

Una noche después de un festival, mientras tenían relaciones, el músico forzó a Ruth a tener una penetración anal que ella no deseaba. Ella le había dicho varias veces “no” mientras trataba de quitárselo de encima, pero todo fue en vano. Sin poder hacer nada comenzó a pensar en otras cosas desesperadamente. Tenía trabajo pendiente por entregar. A la otra semana tenía que presentar su tesis. Su mente se bloqueó de tal forma que ni siquiera recuerda en qué terminó este episodio. A la mañana siguiente, Ruth le reclamaría a su pareja un pleito laboral que habían tenido mientras se vestían como si nada hubiera pasado. Sin embargo, ya no tendrían más contacto desde ese día.

La ansiedad y los remordimientos llegaron después. Ruth, se “sentía más consciente de lo que había pasado”. Ella quería confrontar a su ahora ex pareja en presencia de la directora del festival, pero él evitaba cada intento por verse. “Le valió. Él no ha de creer que haya sido gran cosa lo que le hizo”, acusa Ruth, quien confiesa que se animaría a denunciarlo si supiera que más personas como ella han sido lastimadas por él. “Es difícil pasar al frente. Mi mayor preocupación es que a la hora de denunciar me quieran “comer viva”. En estos momentos yo no tengo la resiliencia emocional para llevar a cabo este proceso”, lamentó.

De acuerdo con la especialista de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México, Susana Roldán Matías, el hostigamiento sexual es una imposición de conductas no deseadas, verbales o físicas con fines sexuales que siempre tienen un tipo de retribución o reprimenda con el fin de que el hostigador consiga su propósito. En casos extremos, este tipo de conductas puede llegar a la violación o relaciones sexuales sin consentimiento.

En México, aunque el hostigamiento sexual está tipificado como delito desde 1991 por el Código Penal Federal, la variedad de formas que existe para cometer este tipo de agresiones muchas veces supera el ámbito legal. Para darnos una idea, hasta el 2016 tan sólo en 16 estados de la República el acoso sexual está tipificado como delito (el hostigamiento se distingue del acoso en que en el primero hay una relación de subordinación entre victimario y víctima, mientras que en el segundo no). Sin embargo, este problema va más lejos.

De acuerdo con la psicóloga Aida Gil, quien trabaja en el área de atención a víctimas de delitos sexuales en el transporte público de la Ciudad de México del Instituto de las Mujeres de esta misma entidad (Inmujeres CDMX), el acoso o el abuso total no puede ser entendido bien sin tomar en cuenta cómo los medios masivos de comunicación y la sociedad en general fomentan la cosificación de hombres y mujeres, siendo estas últimas las más afectadas de una cultura que, por una parte, permite la normalización de conductas machistas, y por otra, re victimiza a las personas que se atreven a denunciar este tipo de abusos.

Hablamos con ella para entender mejor las dimensiones de este problema y cómo puede ser combatido:

We´re.- ¿Por qué crees que se haya normalizado el acoso?

A.-Yo creo que es una situación por parte de la cultura en la que vivimos. Nosotros tenemos una cultura machista en la que se cosifica a la mujer. Es decir: Se le ve como una cosa, como un objeto más. De hecho, si tú te das cuenta, en los espectaculares, en los comerciales y a lo mejor en los anuncios se colocan a mujeres como un producto. Entonces, la mujer es vista como un producto de consumo. Un objeto. Ya no es una persona. Alguien a quien no tienes que pedirle permiso para tocar, u agredir.

We´re.- ¿Usar a alguien para su provecho?

A.- Así es.

We´re.-Parece que ningún lugar está a salvo, desde la familia hasta en el ámbito artístico parece que siempre se pueden presentar este tipo de situaciones. ¿Qué condiciones tiene un lugar para que este tipo de cosas sucedan?

A.- No son sólo las condiciones del lugar. Va más allá. Ningún lugar está exento de poder presentar una situación así. Sucede en el transporte público, en las calles, los escenarios, en los ensayos, en la casa. El ochenta por ciento de los casos del abuso sexual en México se dan con las familias, y una situación del lugar que tendría que tener ciertas características…yo creo que no. Pero si tuviéramos que hablar de que una persona tuviera que estar “enferma” para realizar este tipo de actos, ahí sí estaríamos cayendo en un error porque si una persona estuviera en una situación de enfermedad para hacer este tipo de acoso o abuso lo haría delante de policías o delante de alguien que pudiera arrestarlo o detenerlo. Sin embargo, lo hace de una manera precavida para que nadie se dé cuenta.

We´re.- Es decir, ¿cualquiera puede ser un acosador?

A.- Así es.

We´re.-Basta con que el hombre o la mujer cosifique a la persona que quiera aprovecharse.

A.- Así es. Por ejemplo, muchos hablaron de una cuestión que pasó con Maluma. La chica se subió al escenario y trató de besarlo. Eso es una situación de abuso y de acoso porque él no está consensuando la situación y, sin embargo, le dicen: “¡Ay, es un hombre gay! Es muy payaso con sus fans.” ¿Por qué tendría que acceder ante una cuestión que él no quiere?

We´re.- Las víctimas a menudo no quieren hablar por miedo a represalias o que les pase lo mismo que a Maluma, por ejemplo. Pero en el caso de las mujeres esto se agrava más por una situación de desigualdad que han padecido por años y años. ¿Qué se puede hacer para cambiar esta situación de miedo? ¿Qué se puede hacer para que más personas se animen a denunciar?

A.- Hay que empoderar a la víctima. ¿Qué se da cuando hay una situación de acoso o abuso sexual o violación? La persona pierde un tipo de control que la persona ya tenía. Un control sobre nuestro cuerpo, privacidad, espacio. Un control que si una persona lo invade lo perdemos. Entonces nos sentimos inseguros, nos sentimos miserables y perdemos nuestro propio control, y retomarlo es difícil. Hay que empoderar a la víctima para que hable, para que diga las cosas. Porque también este tipo de agresores intimidan o amenazan con matar a algún familiar, con matar a la misma persona, con contarle a la pareja de esta persona que ella fue la que se metió con él… Son amenazas, intimidaciones que provocan miedo porque provocan una pérdida de control de lo que está sucediendo y porque es una agresión externa a lo que nosotros estamos decidiendo.

We´re.- ¿Qué pueden hacer los hombres y las mujeres para entender mejor este problema? Tú dijiste empoderar pero, ¿qué se puede hacer además?

A.- Algo que se debería de hacer es empezar a hablar de equidad de género porque si no tocas este tema donde hay muchos puntos a tratar sobre acoso sexual o delitos sexuales no estamos entendiendo realmente por qué están sucediendo estas situaciones. Ir cosificando a una mujer o a un hombre porque los medios así lo colocan: como un símbolo sexual, nos enseñan que puedes tocarlx o que “tienes que aprovechar el momento” porque así es como la sociedad te lo pide. Entonces, más allá de normalizar este tipo de situaciones creo que hay que empezar a cuestionar si está bien ver al cuerpo humano cosificado. Por ejemplo, los desnudos en los medios que sexualizan a la persona como un objeto erótico más que artístico. ¿Qué hacen? Contribuyen a cosificar a las personas.

Creo que las cosas que se podrían hacer es: Una, cuestionarse los estereotipos establecidos. Si realmente es verdad que el cuerpo está sexualizado y que no puede verse de diferente forma y, dos, tenemos que crear estereotipos con respecto a lo que sí se puede y no se puede hacer con un ser humano. Nadie va por la calle con un letrero que diga: “Tócame, agrédeme o violame”.

De acuerdo con el medio digital Animal Político, el pasado 2016 cada 24 horas se denunciaron al menos 81 nuevos casos de violencia sexual en México. Esto quiere decir entre 3 y 4 violaciones o abusos sexuales por hora.

Esto podemos aprender de tipos como Weinstein y Spacey

*Los nombres de las víctimas de abuso se han cambiado para proteger la identidad de las agraviadas.

Fuentes: Cimacnoticias, Animal Político, Milenio.