Un artículo de Fernando Alonso

En el Estado de México centenas de mujeres toman una vez más la calle con el grito de basta. Esthefani Morales de 29 años, madre soltera y joven trabajadora fue encontrada muerta en Metepec, su muerte estremeció a todo México. Desapareció. No volvió. Pero ¿a la vista de todos? Fue la delincuencia, la interceptaron en  un lugar solitario. Tuvo una relación con una persona violenta, sus padres detallan que llegaba con moretones en los brazos.

Es que no era igual cuando estaba con nosotros, detrás de las cuatro paredes ella cohabitaba con una bestia. Pero la relación con la familia era cercana y normal. La línea de investigación es una situación sentimental. Ya no hay por qué o por quién llorar en silencio. Esta generación de mujeres, las más jóvenes lo saben,  lo gritan: “Que ninguna mujer se quede callada”, esa proclama poderosa una cartulina acompaña esa marcha feminista por el Estado de México.

El asesino y todos los de su género son acusados como sospechosos, son cómplices. El modelo de lo femenino con el que se manejan, con el que viven las mujeres está matando jóvenes, siempre mujeres. Ahora muchas de ellas rechazan ese modelo, toman distancia. Un síntoma de la violencia es el profundo apego hacia una pareja, mujeres que han normalizado la violencia y que asumen un rol, el miedo y la costumbre las hace resguardar esa vida.

No les pedimos que marchen si es que no quieren, pero sí les pedimos su testimonio, que nos digan de quién y por quién su vida depende.Hablamos de qué sentiste, todo comienza con un sentimiento. No aspirar a más, sentir que te lo mereces. ¿Quién recibe con  gusto un golpe? ¿A quién le gusta que le culpen y le hagan sentir vergüenza de sí? Muchos podrían argumentar al respecto, pero en un acto de violencia o sentimiento solamente varía la interpretación o la historia, pero detrás se anida el dolor, la desesperanza.

Los contingentes feministas no nacieron como muchas instituciones sociales por mero capricho o sustento gubernamental, sino por una demanda, una necesidad palpable y urgente. No solamente por luchas pasadas, por muchos casos anónimos en los que ningún medio dio voz. Mucha gente la tuvo más difícil, casi no conocieron sus casos, agarraron la foto de su hija y calle por calle, preguntaron gente por gente si la habían visto, cuentan quién es, cómo era, con quién se juntaba, qué hacía, cómo pensaba, se ponen en sus zapatos, ella no haría esto, no pudo ir para allá.

Así se va conformando un contingente, cuando te encuentras a otras que también buscaban lo que tú, cuando se reparten la búsqueda, cuando cada quién hace suya la otra lucha y con digna rabia se toman la mano mientras contemplan al inmenso monstruo de mil cabezas.

Que ninguna se quede callada. Que no se pierda ninguna voz: amas de casa, trabajadoras, empresarias, madres, amigas, esposas, hijas, ancianas, jóvenes, niñas, sexoservidoras, mujeres sui generis. Necesitamos su voz. Hoy más que nunca no estás sola, pero danos tu voz que puede ser el detonante para una que tu voz sea detonante en otra y esa otra en otra.

Historias cruzadas