Por Enrique Mendoza Ruiz / Foto: Juan Urgell

El pasado 7 de septiembre Diana Manzo, corresponsal del periódico La Jornada en la ciudad de Juchitán, se disponía a dormir después de un largo día. Apenas había terminado de guardar sus cosas de trabajo cuando un sismo de 8.2 grados en escala de Richter sacudió el sur y centro del país. Al principio, ella y su esposo, también periodista, creían que era un sismo cualquiera, sin embargo, el movimiento del suelo y el ruido del “retumbo de la tierra” los obligaron a reaccionar rápidamente. Diana cogió a su hija pequeña y trató difícilmente de moverse a un lugar seguro, pero era casi imposible. “Estábamos atrapados”. A su alrededor, mientras la tierra se estremecía, ella y su familia escuchaban cómo los platos de su cocina se estrellaban contra el piso, a la vez que las calles se iban llenando de los confundidos murmullos de todas las personas que salían de sus casas. Minutos después se fue la luz. Pensaban que era el fin del mundo.

Una vez que el sismo terminó, y Diana comprobó que su familia se encontraba bien recibió una llamada de su jefe. Se reportó “bien y viva”, pero tanto ella como su esposo tenían que volver a reportear. Desde ese día el trabajo no pararía para ellos, como tampoco pararían los sismos para esta región de México, ya de por sí muy vulnerable ante los estragos de la naturaleza.

A tres meses de los sismos del pasado 7, 19 y 23 de septiembre – este último tuvo una intensidad de 6.4 grados en escala Richter-, las cosas están muy lejos de mejorar para los damnificados en todo el país. Hace un mes, damnificados del sismo del pasado 19 de septiembre marcharon desde el multifamiliar de Tlalpan hacia el Zócalo capitalino, en la Ciudad de México para demandar que el gobierno pague con recursos públicos la reconstrucción de sus viviendas y no los transforme en deudores a través de créditos, y en el Itsmo de Tehuantepec la situación de los afectados tampoco da muestras de cambiar para bien.

Por poner un ejemplo, de acuerdo con la agencia Itsmo Press, 95 por ciento de las aulas dañadas por el sismo del pasado 7 de septiembre no han sido reparadas a tres meses del desastre, haciendo que la mayoría de los estudiantes de esta región de Oaxaca tomen clases en condiciones poco favorables para su aprendizaje. Algunos debajo de árboles, techos de lámina o domos de metal un par de horas a la semana. Y la reconstrucción de sus escuelas apenas está empezando.

“Es la reconstrucción no sólo de pisos y casas, sino también de mentes”

De acuerdo con la periodista Diana Manzo, los sismos del pasado mes de septiembre no sólo cobraron vidas y afectaron casas e inmuebles, sino también dañaron profundamente la economía local dificultando la recuperación de la región, pues los apoyos impartidos por el gobierno no cubren los gastos necesarios para que decenas de familias puedan reconstruir sus hogares, fueron repartidos de forma sesgada y no han contemplado a trabajadores sin ingresos fijos. Y, por si fuera poco, la reconstrucción de escuelas y obras prometidas por el gobierno dista mucho de terminar.

Hablamos con ella para entender cómo ha cambiado la situación de los afectados por los sismos de septiembre a tres meses de haber ocurrido.

We´re Magazine.- ¿Conforme lo que usted ha visto, podemos decir la región del Istmo está en vías de volver a la normalidad después de los sismos?

Diana Manzo.- No, aún no. Fíjate que alrededor de 500 casas aún no han sido demolidas en Juchitán. Entonces, las familias que han vivido ahí no han podido reconstruirlas. Hay un grupo algo grande que sí empezó a reconstruir, a cimentar de nuevo, pero hay muchos más que no. ¿Por qué? Porque la mano de obra disparó sus precios. Los albañiles están cobrando muy caro. Los materiales también aumentaron sus precios, y no hay. Lo más lamentable es que no hay, porque cómo hubo una gran demanda han escaseado. Por otro lado, también son muchas personas que no han recibido folio porque a ellas les afectó el sismo del 23 de septiembre. Entonces, estas familias ni siquiera han recibido ningún tipo de apoyo y no pueden empezar a reconstruir sus casas porque no tienen recursos económicos. Y hay como mil personas cuyas casas si fueron censadas y recibieron folio, pero que no les ha llegado su tarjeta de apoyo del Fondem. Existen todavía estas variantes, y en la región del Itsmo se hablaba todavía de Santo Domingo Ingenio, un municipio donde Rosario Robles fue a inaugurar unas casas ya terminadas, pero es un municipio de 42 que existen, y tampoco han terminado todas las casas, sólo unas cuantas, y porque las hicieron algunas fundaciones. Hay otras personas que decidieron solicitar créditos que dio el gobierno para la reconstrucción a baja tasa de interés, pero como solicitaron créditos y las empresas inmobiliarias las están construyendo ya entregaron algunas casas, porque hay un préstamo de por medio. Y en Unión Hidalgo llegó la fundación de Xochílt Gálvez. Ahí ella ya entregó la primera casa de diez que van a entregar. Pero es sólo una y el resto de las familias ni siquiera han empezado el proceso de reconstrucción y van a tener que esperar hasta el próximo año.

Realmente la reconstrucción es lenta. Hay albergues donde todavía hay personas, y las familias van a pasar año nuevo, porque no tienes otro espacio dónde ir. Otras se han arriesgado a estar bajo lona o en esas casas que han donado las comunidades china, judía o canadiense. Podemos decir que la reconstrucción ha avanzado un 30 por ciento. Aunado a esto podemos decir que la reconstrucción de las escuelas iba a comenzar el pasado 19 de diciembre. Se hizo un balance de cuántas escuelas faltan, pero apenas están empezando, y es un proceso bastante largo para empezar a reconstruir las escuelas.

Y también en el ámbito económico muchos artesanos se quedaron sin trabajo. Ahí el único apoyo que ha dado el gobierno ha sido a través de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, pues han entregado hornos de comixcal en zonas donde se elaboran tortillas de maíz. El problema es que en esos pueblos no sólo se hacen tortillas de maíz. Hay personas que bordan, hacen huaraches, que tejen a mata, que son comerciantes de antojitos… y a esas personas se les excluyó. No se les dio ningún tipo de apoyo. Algunas organizaciones les han donado bastidores, hilos, pero en sí, no ha habido una reconstrucción total. Esto apenas es el inicio. Muchos dicen: “Sí, el Itsmo ya regresó a la normalidad. Ya comenzaron las fiestas.” En efecto, han comenzado las fiestas, pero como una especie de ayuda colectiva porque en esas fiestas contratamos a las que tejen, a los que hacen botanas, a los que hacen cuetes… todo eso va construyendo, pero no porque haya participado en ellas el gobierno. La única ayuda que hemos recibido de ellos ha sido el recurso para construir los hornos de pan y tortillas. Y eso no ha todos les tocó. El resto de la comunidad se levantó a partir de sus ahorros y préstamos.”

We´re Magazine.- ¿Ustedes han percibido que el apoyo de la sociedad civil ha bajado?

Diana Manzo.- Sí. El apoyo de la sociedad civil ya no es como el de antes, pero todavía continúa. Hay un colectivo donde vienen Natalia Toledo, Mardonio Carballo y Damián Flores. Ellos aún reciben los apoyos y hay personas que están todavía contribuyendo con ellos dando colchas, catres, hornos para ayudar a la reconstrucción económica. No es como antes que la gente ayudaba casi de una manera desmedida, pero todavía continúa. La ayuda no se ha extinguido en su totalidad.

We´re Magazine.- ¿Usted llamaría a que la gente siguiera enviando apoyos a Oaxaca, sobre todo a la región del Itsmo?

Diana Manzo.- Sí. Sobre todo que ayuden a los artesanos o a las personas que no tienen un salario fijo. Yo creo que estas personas sí merecen un apoyo porque es necesario que reactiven la economía. Al vender y comprar ellas y ellos van teniendo un ingreso. Les ayudara a ahorrar para poder levantar sus viviendas, porque muchas de esas personas recibieron tan sólo $15,000 pesos de daño parcial, y ¿cómo van a poder reconstruir sus casas con ese dinero si sus casas están pulverizadas?

Tan sólo en Juchitán, 14 mil personas perdieron sus hogares tras los sismos del mes de septiembre. Con ellos, son 50 mil personas quienes se quedaron sin casa en la región del Itsmo de Tehuantepec.

Fuentes: Animal Político, La Jornada e Itsmo Press

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