Un artículo de Mayra Rojo Citlalli

Una nunca sabe cuándo la inercia de la costumbre da de sí. Hace 32 años que vivimos con el no corro, no grito, no empujo y con tantos otros mitos de seguridad como ponerse debajo de un escritorio, en el arco de la puerta de casa o en el baño para luego comprobar que no estábamos preparados para el acontecimiento. Vivimos la repetición, esa que nunca es igual. Recordar viviendo el sismo del 85 y el “nuestro”, ya conocido con el trending topic #19Smx ¿Qué cimbró ese lejano 1985 y éste tan cercano y cifrado #19Smx?

El año del 85 sigue siendo particularmente una marca de lucha ciudadana con los damnificados y con el sindicato de las costureras. El sismo expuso la explotación de las trabajadoras y permitió la movilización y organización más allá de la institucionalidad. Barrios, sindicatos y la impronta de la lucha de las mujeres por condiciones laborales dignas, un trabajo que en el caso de las costureras se hacía extensivo a un oficio que salía de la casa misma. Pero, de alguna manera, creo que por desinformación o ignorancia nos parece que sólo es memoria nostálgica… ¿Cómo combatir la nostalgia? Ese sentimiento que no hace memoria sino que anquilosa el movimiento, lo vuelve inerte y lo edifica en monumento. ¿Cómo reactivar un documento? ¿Cómo releer un archivo para volverlo experiencia?

No pedimos un viaje a la luna (1986) es el título del documental sobre el movimiento y organización de las costureras después del sismo de 1985. El viaje a la luna de hace 32 años se intercambió por demandas de justicia y dignidad para las trabajadoras de la costura. Voces que se escucharon de esos campos de trabajo en muchas ocasiones para nosotros ignorados: “Y venga, y venga, y venga compañeras que aquí se está formando la unión de costureras”. La herencia de esa organización es el Sindicato 19 de Septiembre, pero está tan debilitado que, todavía hoy no logra garantizar las mínimas condiciones de derecho laboral porque “lo que empieza con fuerza se debilita porque se desune”, dice una de las costureras.

En la última década podemos mencionar huelgas de trabajadoras de la maquila en la Ciudad de México que han durado poco más de dos años sin ser resueltas, como el caso de Maquilas Cartagena iniciada el 26 de junio de 2013 que expuso violaciones a los derechos humanos, la falta de atención de las autoridades laborales y la impunidad empresarial (Redlatinasinfronteras, 2015). Frente a la falta de información sobre derechos laborales y otras opciones de organización se pierden oportunidades de negociación y trabajo digno.

Por otro lado, así como sucedió en 1985 de cara a la falta de justicia laboral surge la organización en cooperativas, sin embargo, tienden a desaparecer si no hay un vínculo y garantía de políticas locales del Gobierno, como fue la experiencia de los convenios en 2007 con cuatro cooperativas concentradoras de costura para la elaboración de uniformes escolares, las cuales se componían con un 90% de mujeres arriba de los 35 años que estaban desempleadas (La Jornada, 2007). Lamentablemente, la mayor parte de los los talleres ubicados en zonas periféricas de la Ciudad de México, como Iztapalapa e Iztacalco, nos muestra Conchita están abandonados porque el cambio de administración gubernamental no está interesado en la consolidación de prácticas de cooperativismo.

Otro ejemplo, es el Contrato Ley del Ramo de la Seda y Toda Clase de Fibras Artificiales y Sintéticas vigente del 9 de febrero de 2016 al 9 de febrero del 2018, donde se expresa que los trabajadores y trabajadoras de este ramo no tienen derecho al descanso con goce de salario, tampoco a días de aguinaldo o remuneración anual y vacaciones; no reciben el bono de ayuda para compra de despensa, ni el fondo de ahorro aun cuando se mencionan en el contrato.

Los salarios de estas trabajadoras también son extremadamente bajos. Un Salario Mínimo de $169.57 pesos, es decir que semanalmente ganan $1,186.99 pesos; con variantes de tarifa de acuerdo a la especialización del departamento, los salarios más altos corresponden a labores como mecánica que es de $300.60 pesos y de modernización en el rubro de preparación de hilados e hilados, el más alto es de $252.82 pesos; puestos regularmente ejercidos por hombres. Para su valoración ha de considerarse la actual devaluación del peso en relación al dólar —actualmente un dólar equivale a $19.40 pesos (18 diciembre 2017)— y con ello el incremento de los alimentos, las rentas de casas-habitación y el acceso a la educación, además de las precarias condiciones de seguridad social generalizada en el país. Aun cuando estas condiciones no son las óptimas en materia de dignidad laboral, la escena de trabajadoras y trabajadores textiles empeora porque no existe la regulación de horarios y salarios de facto dada la existencia de 300 mil empleos informales (INEGI).

Una vez más el sismo del 19 de septiembre, como un deja vú, deja al descubierto la inconmensurable miseria y explotación en la que se encuentran las y los trabajadores de la industria textil y del vestido en la Ciudad de México. Con el derrumbe de la fábrica en la Colonia Obrera, en las calles de Chimalpopoca y Bolívar, que albergaba tres empresas del ramo se volvieron a poner los ojos en esta industria y en las condiciones en las que laboran y se organizan los y las trabajadoras, el Sindicato 19 de Septiembre especifica que los salarios eran entre $650 a $700 pesos por semana (R.Flores, Sinembargo, 2017), menores a la cantidad estipulada en el Contrato de Ley.

La industria textil vive la ilegalidad, malas prácticas comerciales con China y Vietnam, ineficaz regulación aduanal y negociación de nuevos tratados de libre comercio. Debido a ello a partir del primero de enero del 2014 entraron en régimen medidas para fortalecer la productividad y competitividad (Expansión, 2014).

Sin resolver las condiciones mínimas necesarias ya se enfrentan al nuevo reto que implicaría aceptar las condiciones de la renegociación del TLCAN, que propone el incentivo a la libertad del comercio electrónico como parte de las iniciativas de Donald Trump. Lo cual implica ampliar los beneficios fiscales en la adquisición de productos por paquetería o vía comercio electrónico. Facilitar y dejar libre de impuestos a dichas mercancías con valor hasta de 800 dólares (Expansión, 2017). Esto genera mecanismos para facilitar la entrada de productos textiles como tela y ropa, además de insumos, tanto de Estados Unidos como de Asia. Lo cual apunta al incremento de la inestabilidad de la industria textil en nuestro país y con ello la permanencia de la explotación, maltrato, malos sueldos, “despidos injustificados, horas extra sin pago, violencia y hostigamiento sexual, brecha salarial por género, discriminación, centros de trabajo inseguros y/o antihigiénicos” (La Jornada, 2017) de la clase trabajadora de este sector.

Cada vez más la dignidad laboral se aleja del día a día en la Ciudad de Mexico, si consideramos que la mayor parte de la población nos encontramos en condiciones de precariedad generalizada debido a una cultura educativa capitalista por competencias, la cual ha aumentado la competitividad y con ello mermado la organización colectiva. Ha aumentado la cultura de los emprendedores y con ello una cultura del riesgo, producto de las crecientes reformas en materia de Salud, Educación y Energía; lo cual garantiza la anulación de la  seguridad social, ya hemos perdido la posibilidad de seguro médico, ahorro para el retiro o pensiones, así como el desarrollo hacia la independencia económica nacional y personal.

Hace 32 años con el sismo de 1985, las voces de las trabajadoras textiles revelaron un secreto a voces. “Un sismo […] vino a sacudirnos a nosotras, a abrirnos los ojos para valorar qué es el trabajo, un salario […] Nadie valora su vida tal cual es, seguimos creyendo que al percibir un salario es suficiente lo que nos están pagando, sin tener conciencia clara de que es nuestra vida la que vamos dejando ahí, nuestra juventud, nuestra fuerza, nuestra salud misma se va quedando y acumulando en las riquezas del patrón, y que nosotros lo que vamos obteniendo es hambre, miseria, vejez y enfermedades…” (No pedimos un viaje a la luna, 1986).

Y ahí, frente al desencanto se sigue tejiendo la imaginación del deseo de tiempos mejores, de tiempos donde una pueda elegir.

*Título retomado del Semanario Gallo Ilustrado, 1223, Domingo 1 de diciembre de 1985.

Foto de portada: Sexta Fila

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