Por Fernando Alonso

“¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!” -.Divina Comedia, Dante Alghieri,Canto III

Es hora, nos está cayendo el veinte, lentamente vienen a nosotros los paraísos de violencia y crudeza en el que viven los otros estados. Cada vez más levantones, desapariciones, civiles armados y las fuerzas armadas cautivas, a punto de actuar, pero no sabemos con qué fin.

“Por mí se va a la ciudad doliente” “por mí se va con la perdida gente. Estas palabras de color oscuro.”

Los familiares de los 43 y de muchos desaparecidos y víctimas saben que al término de este sexenio, sus casos pasarán a ser historia. Es más, en este momento su lucha está siendo eclipsada por toda la euforia ciudadana que se ha concentrado en  los procesos electorales.

Funcionarios de todos niveles y de todas instituciones se acuclillan, están punto de dar el chapulinazo, a ver qué tan alto brincan, a ver cómo le hacen, caiga quien caiga, para llegar al otro nivel.

“Allí suspiros, llantos y grandes gritos/ resonaban en el aire sin estrellas” “Lenguas diversas/ horribles lenguarajos/ palabras de dolor / acentos de ira /altivas y roncas voces, con puñadas” ¿Y cuál es esta gente tan por el dolor vencida?”

México hierve a fuego lento, borbotea caliente, casi está hirviendo parejo. Estamos frente al desplome, la fragmentación de grandes partidos, grandes intereses, representantes que no son votados ni por su propio partido.

“Mezcladas están con aquel malvado coro/ de los Angeles que ni fueron rebeldes/ a Dios, ni fieles, sino sólo para sí fueron.”

¿Cuáles son los buenos? ¿Cuáles son los malos? No los hay. La democracia requiere demócratas y los demócratas tienen que estar convencidos de una sola cosa: que la forma de hacer poder es exclusiva y únicamente a través de la ley.

La burocracia es el freno, la única oposición. Cada acción debe estar impecablemente clara, como lo mandata la constitución y su respaldado, autoridades competentes y de renombre. La unidad no es igualdad, la unidad sólo se da en comparación de lo fragmentado, de lo excluido.

“Sangre les regaba el rostro/ matizada de lágrimas, que a sus pies/ fastidiosas lombrices recogían.” “Blasfemaban de Dios y de sus padres/ de la humana especie, del dónde y el cuándo y de la semilla/ de su simiente y de su nacimiento.”

Juzgamos al Ejército, pero entre ellos y la ciudadanía no hay beneficio por la Ley de seguridad de interior. El grupo a salvo es otra élite que se salvaguarda del caos, pone a pelearse en los  procesos electorales. Los que reciben las órdenes también son carne de cañón, no sólo de críticas de la ciudadanía, sino de sus mandos de grupos que descocemos que infieren en sus deliberaciones.

“Y ansían cruzar el río/ porque tanto los acucia la justicia/ que se les torna el temor deseo.”

Hoy hay un gran reclamo, un eco que recorre todas las paredes de la ciudad. Centenares de personas, organizaciones, prestigiados intelectuales que son impotentes a una puerta cerrada.

¿Te has fijado? No somos los únicos. Hierve en todas partes del mundo, imposiciones, resistencia, conflictos, guerras frías, día con día. Estamos frente al umbral, este momento es una bocanada de aire fresco.

Las manijas del reloj se han detenido, se ha congelado el tiempo y días han perdido su sentido de normalidad. Algo se trabó, ¿Dónde está el nudo? El segundero se vuelve hacia atrás, el minutero se desquicia hacia adelante y las horas no pasan, se han detenido completamente.

“En ese entonces, el oscuro campo/ tembló tan fuertemente, que del espanto/ el recuerdo de sudor me baña todavía.” “La tierra lacrimosa lanzó un viento/ que centelló en relámpagos bermejos /derrotando todos mis sentidos/ y caí como aquel que cae dormido.”

Imagen de portada: Giovanni da Modena, The Inferno

Que ninguna se quede callada