Un artículo de Carlos Delgadillo / Imagen de portada: El Mayo Sapiens

En 2012 el “¡No más PRI!” era un grito de protesta legítimo que expresaba el descontento de la juventud. Hoy el “¡No más PRI!” es un eslogan utilizado por partidos y grupos que quieren estar donde está el PRI. Esto se llama deformación y oportunismo.

– El éxito del PRI se basa en que es el partido con mayor estructura corporativa a nivel nacional, construida durante el siglo XX. Sabe manejar centrales obreras y campesinas, sabe lucrar con la pobreza, sabe de charrismo, caudillismo y caciquismo. Además, desde los 80 edificó una oligarquía, abriendo la economía y creando una nueva capa de millonarios. Se trata de un partido mestizo, que da oportunidades a los jodidos de escalar en la estructura del Estado.

– El éxito del PAN es el de las capas medias y altas descontentas con la parte populista y estatista del PRI, pero no con su parte neoliberal. Quieren la economía liberalizada, sin corporativismos, charrismos ni caciquismos. Son elitistas, no sólo económicamente, sino también en la “moral” católica y conservadora. Es un partido de criollos, más de perfil empresarial. Aquí están los apellidos que ya tenían abolengo desde antes del siglo XX.

– El éxito del PRD fue que representó una oposición a la apertura que emprendió el PRI. Fue un sector del priismo que no estuvo de acuerdo con el giro neoliberal. Es un partido mestizo, neocorporativo, neocharro y neocaciquil. Se atrincheró en la capital, pero nunca llegó al poder. Terminó aliándose con el PRI y el PAN en 2012 y ahora con el PAN contra el PRI. Es cada vez más un partido satélite y parasitario.

– El éxito de Morena fue recoger las causas abandonadas por el PRD y que se remontan al PRI estatista y proteccionista. Es el partido no neoliberal que buscaría fortalecer al Estado, pero sin corrupción. Buscaría ser como el viejo PRI, pero sin corruptos. Su líder mestizo es el principal protagonista, tiene el perfil de líder carismático. Puede competir contra el aparato del PRI y contra el dinero del PAN por su conexión con la masa, que lo sigue sin reservas y desinteresadamente.

– MC, PT, PANAL y el Verde son la pedacera orbitando alrededor de estas opciones.

Por otro lado, un espécimen curioso es el priista liberal, se dice opuesto a la demagogia, el populismo y el estatismo, pero está en el partido que ha sido la matriz de ésas y peores prácticas, como el corporativismo, el clientelismo, el patrimonialismo y variadas formas de corrupción.

Si alguien va a ser liberal, el último partido en el que debe estar es el PRI. Vean a Meade: el doctor en economía por la Universidad de Yale le habla de democracia y justicia a cientos de acarreados a sus actos de campaña. Toda una quimera es el PRI. Su casta de tecnócratas ha aplicado aquí la “apertura” utilizando electoralmente todas las viejas estructuras estatistas todas las mañas.

Por eso son graciosos los priistas que ponen el grito en el cielo contra AMLO que porque México será como Venezuela (¿?). Si lo que tiene México de Venezuela aquí y ahora, en el sentido de estructuras demagógicas y autoritarias, se lo debemos precisamente al PRI y su régimen de 8 décadas.

Los priistas dicen que si gana AMLO México será como Venezuela, si se refieren a un dominio unipartidista, con presidencialismo cerrado, estatismo, demagogia, democracia simulada, corporativismo y autoritarismo, eso ya lo tuvimos, justamente con el PRI, durante décadas.

Y ahora tenemos un modelo oligárquico, implementado por el PRI (en alianza con el PAN), que ha generado niveles tremendos de desigualdad y pobreza. Y el PRI ha seguido con sus mismas prácticas por lo bajo: en un nivel habla de apertura y modernidad y tiene sus economistas y tecnócratas, pero en la base sigue aplicando las viejas recetas del clientelismo, el caudillismo, el acarreo y las redes de corrupción que lucran con la pobreza y que no tienen absolutamente nada que ver con la democracia.

En este momento lo que le interesa al PRI es derribar a Anaya, para que Meade aglutine la oposición a AMLO. El PAN tiene una estrategia muy clara: enfocarse en la corrupción, que todo mundo asocia con el PRI, y ganarse a los indecisos que no votarían por López Obrador, los sectores conservadores, moderados, de centro.

Meade es un tipo fofo, nada agraciado, con una fea sonrisa. No habría problema si tuviera carisma, discurso, si proyectara liderazgo, fuerza, presencia. Pero no es así. No transmite, no impacta, no comunica. Quisieron hacer de un académico un político, y están pagando el precio.

A AMLO difícilmente le van a restar, ya es conocido. Eso del socialismo, el peligro para México y Venezuela es propaganda de hace 12 años. Y en la boca de un priista huele a puro engaño. Menos aún le restarán las críticas desde la izquierda. La única forma de detenerlo es que uno de sus adversarios deje fuera al otro y sume en bloque a todos los anti-Amlo.

Entre la negligencia y el olvido: la lucha del pueblo Tohono O’odham