Con motivo del 120 veinte aniversario del nacimiento de Sergei Eisenstein recordaremos por qué este artista de origen judío es considerado como uno de los más grandes cineastas de la historia. Veterano de la Revolución de Octubre, Eisenstein plasmó en sus obras los problemas que más aquejaban a los sectores más desfavorecidos de sociedad antes que dramas indivualistas, a la vez que sus innovaciones técnicas sobre el montaje audiovisual influenciaron hasta los más anticomunistas directores de Hollywood.

Director controvertido por haber trabajado tanto en la Unión Soviética como para Paramount Pictures, Sergei Eisenstein ha realizado célebres obras como El acorazado Potemkin (1925), una película muda que reproduce el motín que ejercieron los marineros del acorazado contra sus oficiales pertenecientes a la armada zarista y Octubre (1927), una película que recrea cómo fue la toma del Palacio de Invierno durante la Revolución Rusa de 1917.

La influencia de Eisenstein en el cine también consistió en entender el montaje audiovisual de las películas como una manera de transmitir mensajes y emociones más que como un método para enlazar escenas. Influenciado por los ideogramas japoneses en el que dos conceptos dan origen a un tercero, en las películas de Eisenstein dos elementos son combinados para que el espectador de lugar a un tercer elemento.

México, una de sus fuentes de inspiración

La relación entre Sergei Eisenstein y México puede deberse a distintas coincidencias que llevaron al cineasta a querer visitar este país. En los años veinte Sergei había diseñado la escenografía para la obra de teatro El Mexicano de Jack London, como también se hizo amigo del pintor Diego Rivera, quien en 1927 viajó a Moscú, animando más al cineasta a visitar México. A estos factores podemos agregar que en 1930 Eisenstein no pudo obtener seguir viviendo en Estados Unidos debido al clima anticomunista que desde entonces permeaba en el país norteamericano.

¡Qué viva México! (1930-1932) fue una película dirigida por Eisenstein que tuvo el patrocinio del escritor Upton Sinclair, productor que, tras un desencuentro con el cineasta ruso –Sinclair creía que la producción de la película se había convertido en un dispendio de dinero-, dejó a Sergei fuera del proyecto cortando los recursos dejando la película sin la edición final de su director original.

Con el material rodado se pudieron hacer composiciones como Thunder over Mexico (1933), Eisenstein in Mexico y Death Day (1934) o Time in the Sun (1956). Sin embargo, no fue sino hasta 1972 que Grigory Alexandrov, el asistente de dirección de Eisenstein durante su estancia en México, editó los 50 kilómetros de cinta que el cineasta de origen judío había rodado durante sus 14 meses de estancia en México para hacer la versión que Eisenstein quería hacer desde un principio.

¡Que viva México! Es un montaje que consta de cinco capítulos en los que pueden apreciarse las influencias de fotógrafos como Manuel Álvarez Bravo, Agustín Jiménez, el grabador José Guadalupe Posadas (véase el final, “Epílogo”), así como las influencias de los muralistas Diego Rivera, viejo conocido de Eisenstein, y José Clemente Orozco.

En dichos capítulos -“Prólogo”, “Sandunga”, “Fiesta”, “Maguey”, “Soldadera” y “Epílogo”- ocurren distintas historias que a través de un lenguaje predominantemente visual muestran un México que convive entre la violencia de la revolución y su herencia indígena. Te compartimos la película completa:

Con información de El País, Letras Libres y Cine Mexicano del Tecnológico de Monterrey. Foto de portada: Inkult Magazine

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