El vino de los grandiosos poetas persas,

perforaba como espada la conciencia,

de los devotos creyentes musulmanes,

y hay algo de cierto en sus sospechas.

 

El vino, los licores, la locura,

desvirtúan la mente, la mirada,

tuercen la visión de verdades claras,

invitando al bebedor a vida oscura.

 

Pero algo falta en la ecuación,

una intimidad densa, una pasión,

una certeza obvia y repotenciada,

ante la ebria visión del Creador.

 

II

Hafez lamentó una noche

en que pasó por el viejo porche

donde solía beber con un amigo,

y la cerámica rota en vez de vino

era recipiente de lodo amargo.

 

Cuántas discusiones del supremo Santo

no tuvieron al haber bebido,

habiéndose adentrado en los rincones,

de creencia fiera y doctrinaria,

precisamente por haber bebido.

 

III

U Omar Jayyám en su fatal delirio,

imaginando ser la encarnación de la vasija,

no queriendo con violencia pisar la tierra fija,

ni maltratar el recipiente de vino en barro,

por su nostálgica y piadosa veneración,

a los antepasados.

 

¿Era acaso él un materialista?

¿O un místico de la vida muerta?

Me niego a creerlo porque un hombre,

que resuelve ecuaciones a cuatro grados,

como Platón está consciente de la existencia

de verdades que trascienden el cuerpo humano.

 

IV

De Ferdowsi sólo diré,

que en medio del trueno de los caballos,

del choque de las lanzas y la lluvia de los dardos,

iban legendarios héroes zoroastrianos,

tras la aureola de oro del rey,

vino en sus venas y en los dorados vasos.

 

Y en Rumi es inevitable comprender,

que el vino del amor es ebria sobriedad,

que la fe aprendida en la escuela,

no es el amor que nos lleva a dar vueltas,

sobre el centro de la vida que es Dios,

y así él dio vueltas y vueltas,

para así beber sin alcohol.

 

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Einstein 1

Fotografía: Fotografía Islam Oriente