El ángel rebosa de luz ultravioleta,

deslumbra con sus ondas los ojos de mi alma,

son ondas violetas las plumas de sus alas,

sus ojos de fuego me infunden el terror

que encendió el primer rigor de los ascetas.

 

Simeón el Estilita escaló su gran cabaña,

cuyo techo era la bóveda del cielo.

Y Antón Abad halló en la abandonada ceca,

de los enamorados derrotados por Octavio,

revestido de una solitaria palmera,

a un vetusto y proverbial ermitaño.

 

Cierro la vista, aparto la mirada,

pero la imagen es plateada e insistente.

Sobre mi córnea derecha está tallada,

sobre la izquierda es de acero ardiente.

Es de fuego, de grito, de lava,

y me veo y veo a mi lado a Isaías,

conmigo horrorizado en el gran Templo,

sin saber que somos vistos por Jacob,

que en su piedra está soñando la Morada.

 

Aquí puedes encontrar más poemas de Luis Roncayolo.

Vino Persa

Imagen de portada: Jackson Pollock, Convergence (1952).