Wajdi Mouawad es un autor canadiense de origen libanés. De su obra, tengo la escasa fortuna de haber presenciado únicamente dos composiciones, ambas traídas a los escenarios por la valiosa difusión que realiza Teatro UNAM. Si bien de la primera, Alphonse, hay mucho qué decir por la maravillosa representación realizada en el FITU 2020, a estas líneas conviene traer a colación Un obús para el corazón, propuesta que se representa en el teatro Santa Catarina y que resulta virtuosa por el magnífico trabajo de comunicación entre directora y actor, el compromiso profundo con la comprensión de un texto que contiene bases sólidas para conjeturar sobre la construcción del ser humano en nuestros días y el excepcional trabajo de interpretación de Bernardo Gamboa.

En manos de Rebeca Trejo, el texto del libanés se vuelve una muestra ejemplar del trabajo profundo, refinado y comprometido con el propósito comunicativo de asuntos esenciales en el desarrollo existencial de todo ser humano y su relación con el universo. Su base, aunque simple, en la medida en la que un homo viator debe realizar un viaje obligado hacia los interiores de su pasado, da cuenta de una comprensión del mundo particularmente escindida, profundizando, por medio de pequeños elementos simbólicos en la caracterización del personaje, Wahabí, en la dramatización de la intensidad de la constante alienación y tensión consigo mismo y con la naturaleza de todo cuanto en el universo que habita lo ha quebrado desde su origen.

De manera igualmente ejemplar, Trejo se vale de su buen ojo para mostrar el vínculo que cualquier director debería establecer con sus actores. A estos mensajeros que, a quienes si Hermes glorifica, pertenece Bernardo Gamboa. Su contribución con la dramatización de un mensaje claro y matizado en extremo llega a tocar la profundidad de deseos, vacíos, tristezas y alegrías, lo mismo que a cautivar con la ejecución del personaje que interpreta. De este modo, el conflicto con la esencia humana y los actores que intervienen en la construcción del individuo desde su origen se presta como oro molido a la amplia experiencia que muestra Gamboa en la interpretación de seres que cautivan al espectador.

Wahab o Wahabí personaje principal de Un obús en el corazón de Wajdi Mouawad
Bernardo Gamboa Un obús en el corazón

Desde que reconozco su presencia escénica en A la deriva, Joc! con La Liga-Teatro Elástico, pasando por su desgarradora interpretación del pequeño ser cuya orfandad obliga a realizar los actos más crueles y desgarradores que a un individuo colocan al filo del abismo en Tártaro de Teatro sin Paredes, hasta llegar a Un obús en el corazón, a Bernardo Gamboa se le reconoce la disciplina, compromiso y entrega con las que interpreta personajes cuyo heroísmo, como el de Wahabí, radica en la búsqueda de identidad en universos dramáticos que colocan en crisis al espectador. Desde lo delicado a lo flemático, de lo enternecedor a lo iracundo, el espectador es conducido gracias a la interpretación actoral por aristas que atraviesan caminos de fantasía y de ilusión que proponen, en la voz de Gamboa, una carga de realismo amargo, cuestionable y de urgente reflexión.

Bernardo Gamboa Un obús en el corazón

Este es, quizás, el acierto a tres bandas de la representación del texto de Mouawad propuesta por Trejo y Gamboa. La conjunción de una directora cuya sensibilidad teatral convoca a un actor de alcances polifónicos, capaz de recular en un instante (ante el error textual) para secuenciar un discurso profundo, ágil y de características surrealistas que lleva al espectador por los caminos más vívidos de lo que en el teatro se puede mostrar. Y, en este caso, dilectísimo lector, perdóneme la brevedad, decir más sería echar a perder esta magnífica versión espectacular, que en el espacio de la ficción es una interminable pelea con uno mismo, un agasajo de motivos, temas y tópicos de la historia literaria y de la historia de la humanidad que comienza con el viaje de un pequeño héroe a partir de una llamada telefónica para llegar a ver morir a su madre y encontrarse consigo misma hasta los límites de la locura.    

  Fotos: AvE

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